Miles de personas en Holanda revolvieron sus cestos de residuos en busca de una carta de publicidad enviada por una joyería de ese país, que podía contener un diamante.
Boer envió 200 diamantes más pequeños que éste a sus clientes.
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La búsqueda del tesoro en la basura comenzó después de que el dueño de una joyería revelara que 200 de los 4.000 sobres promocionales que envió a sus clientes, tenían diamantes reales.
El joyero Johan de Boer invirtió US$60.000 para celebrar el décimo aniversario de su tienda de joyas, de la localidad holandesa de Apledoorn.
La promoción aniversario consistió en enviar sobres a 4.000 clientes, de los cuales 200 tenían diamantes y el resto circornias, una piedra mucho más barata que se asemeja al diamante.
Pero el esfuerzo de Boer fue casi en vano. La mayoría de sus clientes creyeron que se trataba de publicidad engañosa y arrojaron las cartas con las piedras a la caneca.
Residuos muy caros
Las bolsas de residuos de muchos de los clientes de la joyería de Boer se convirtieron en unas de las más cotizadas, cuando tomó conocimiento público el tipo de correspondencia que se había desechado.
Las cartas promocionales pedían a los clientes que llevaran las piedras recibidas a la joyería y que si se trataba de un diamante, podrían conservarlo.
Pero Boer se llevó una gran sorpresa cuando sólo 35 de los 4.000 clientes respondieron a la convocatoria.
El joyero se comunicó, entonces, con algunos de sus clientes y comprobó que la mayoría había pensado que se trataba de una publicidad engañosa y había arrojado el correo a la basura.
Boer dijo a un periódico holandés que había obrado de un modo muy ingenuo y que se arrepentía de haber montado la campaña.
Seguramente, muchos de sus clientes también se arrepintieron de lanzar los sobres al cesto.