Como si fuera una metáfora de los millones de minas explosivas ocultas en los campos y selvas de Camboya, no hay señales que indiquen cómo llegar al museo de las minas de Angkor.
Un monje budista descansa en las cercanías de uno de los templos de Angkor. Foto: Manuel Toledo
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Se trata, sin embargo, de una metáfora no intencional, por lo menos por parte del fundador del museo, Aki Ra, un ex niño soldado, quien ahora tiene 30 años de edad.
A Aki Ra lo obligaron a quitar las señales hacia el grupo de chozas donde vive con su esposa, su bebé y diez niños adoptados.
El motivo: el constante flujo de jóvenes turistas que los visita después de explorar los templos de Angkor, las principales joyas arquitectónicas del sudeste asiático.
Los niños que viven con Aki Ra, todos víctimas de explosiones de minas, van a una escuela cercana y aprenden inglés con cuatro o cinco voluntarios extranjeros que visitaron el museo y decidieron quedarse para ayudar.
"Muchos otros niños quieren vivir conmigo, pero no tengo suficiente dinero", le dijo Aki Ra a BBC Mundo.
La historia de Aki Ra
Cuando Aki Ra tenía cinco años, sus padres fueron ejecutados por el Khmer Rouge.
Desde esa edad, lo "educaron" en el arte de colocar minas y fabricar bombas.
A pesar de la falta de señales, los turistas siguen visitando el museo.
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"Me dieron mi primer fusil, un AK 47, cuando tenía diez años. El arma era más o menos de mi tamaño", dice.
Cuando su aldea cayó en manos del ejército vietnamita, a mediados de los 80, lo obligaron a pasarse de bando y luchar contra sus ex camaradas del Khmer Rouge.
Aki Ra también colocó minas para los vietnamitas y, cuando estos se fueron, para el Ejército Nacional de Camboya, que seguía luchando contra el Khmer Rouge.
Sensibilización pública
Gracias a su experiencia, a principios de los 90 Aki Ra se convirtió en un candidato ideal para ayudar a las fuerzas de paz de Naciones Unidas a desactivar las minas en el área de los templos de Angkor.
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CAMBOYA: CASI UNA MINA POR PERSONA
Población: 11,5 millones
Número estimado de minas: 10 millones
Número de víctimas al año: 850
Número de víctimas en agosto de 2003: 47
Actividades más peligrosas: desmonte del terreno para la siembra y vivienda
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"La ONU nos explicó lo importante que era sensibilizar a la población local sobre el problema de las minas y por eso se me ocurrió crear este museo", me dijo.
"Con mi salario de la ONU, le compré este terreno al ejército. Entonces nadie vivía en esta zona porque estaba llena de minas''.
"Desactivé las minas del área -como Ud. ve, ahora aquí hay una aldea- y comencé a llenar mi museo con los diversos tipos de minas que encontraba y desarmaba".
"También tenía muchas otras armas, desde fusiles AK 47 hasta lanzacohetes".
Museos en guerra
Al entonces gobernador de la provincia de Siem Reap le gustaba lo que Aki Ra estaba tratando de hacer y le otorgaron un permiso para mantener el museo.
Según Aki Ra, sus problemas comenzaron cuando un nuevo gobierno local llegó al poder y se percataron de que, después de visitar los templos, muchos turistas seguían las señales hacia el museo de las minas.
Diez niños viven con Aki Ra y su familia.
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"De pronto comenzaron a decir que la imagen de Camboya que yo le daba a los extranjeros era mala y que yo tenía armas peligrosas".
"Confiscaron casi todo y me encarcelaron".
"Sin embargo, obviamente les gustaron mis ideas peligrosas porque, al poco tiempo, un jefe militar local con muchos vínculos en el gobierno inauguró su propio Museo de la Guerra, donde cobran US$3.00 a los extranjeros por entrar''.
"Muchas de mis armas están ahora allá".
Según dice Nick Ray, autor de la última edición de la guía a Camboya de Lonely Planet, "claramente el pueblo de Siem Reap no era lo bastante grande para tener dos museos de la guerra y Aki Ra perdió la guerra civil".
¿Un final feliz?
Sin embargo, parece que lo que Aki Ra perdió fue sólo una batalla.
Mientras yo jugaba fútbol cerca del campo minado del museo con Poiy, un niño de 15 años que perdió una pierna al pisar una mina, otro visitante no esperado llegó con una cartera llena de documentos y muy buenas noticias para Aki Ra.
Richard Fitoussi (izq.) y Aki Ra esperan ampliar el museo.
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El visitante, Richard Fitoussi, un joven fotorreportero canadiense, me dijo luego que cuando conoció a Aki Ra le impresionó tanto lo que estaba haciendo que decidió ayudarlo, contra viento y marea, a mantener el museo.
Fitoussi se dio cuenta de que probablemente la única vía para enfrentar a la burocracia local era establecer una ONG para apoyar al museo y encontrar un juez honesto en la capital, Phnom Pehn, que los ayudara.
Además de hacer ambas cosas, Fitoussi logró obtener una donación de US$85.000 del director de cine de Hollywood Tom Shadyac.
Aki Ra y Richard Fitoussi esperan conseguir más dinero para el proyecto, pero están convencidos de que establecerán el Museo Camboyano de las Minas en Siem Reap en un futuro muy cercano.