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Viernes, 3 de octubre de 2003 - 17:42 GMT
Julio Medem, la piel contra la piedra
Rafael Estefanía
Rafael Estefanía
BBC Mundo

Julio Medem.
Julio Medem.

Julio Medem es uno de los directores más originales del cine español. "La ardilla roja", "Vacas", "Los amantes del círculo Polar" y "Lucía y el sexo" son algunos ejemplos del trabajo de este fabricante de metáforas.

En su nueva película documental "La pelota vasca: la piel contra la piedra" Julio Medem deja a un lado la ficción e indaga y se implica de lleno en busca de una salida para esa herida abierta que es el conflicto vasco.

Rafael Estefanía, de la BBC, conversó en San Sebastián con el ahora controvertido cineasta español.


Tu película "La pelota vasca: la piel contra la piedra" no ha dejado indiferente a nadie, críticas feroces contrastan con apoyos incondicionales, ¿cómo la definirías tú?

Para mi es un documental sobre el conflicto vasco, y por conflicto vasco me refiero a la catástrofe moral, a la tragedia que sufrimos todos por la violencia y luego al problema político, la guerra política entre los gobiernos español y vasco.

Mi idea era dar voz a muchas personas que desde todo el ámbito de lo vasco pudieran opinar y crear una polifonía que expresara todo lo que hay aquí, el dolor, el sufrimiento y también las ideas.

Es curioso como el gobierno español y la prensa, que hoy en día en España, está en su mayoría al servicio del gobierno, se apuntó a condenar la película y ponerme bajo sospecha llegándome a acusar de instigador del terrorismo, cuando mi primera intención era la de la no violencia y el diálogo.

En el montaje he hecho una puesta en escena simulada en la que cuando uno ve la película se crea la impresión que si todas estas personas, que son 70, se escucharan pues se llegarían a entender.

Entonces la película configura el lugar alternativo al pensamiento único que dicta cómo hay que definir los problemas sociales y políticos y se sitúa entonces justo al otro lado, en el lado de la no disciplina ideológica, y el aceptar como buenas las diferencias y las opiniones diversas.

Un proyecto que desde el principio encuentra escollos

Cuando planteé la idea hubo dos grupos que justamente son los que practican la técnica de confusión social y reduccionismo, que se negaron a hacer la película. Me refiero por un lado a algunos intelectuales del Partido Popular y por otro a la cúpula de ETA.

A mi me hubiese gustado que estuvieran todos, pero no están, no están los extremos digamos. A partir de aquí yo estoy en mi derecho de seguir adelante e intentar hacer de las ausencias un contenido expresivo que muestre lo difícil que es el diálogo cuando desde el principio ya hay dos partes que se niegan a sentarse a la misma mesa.

En tu película se mezclan entrevistas con imágenes de archivo, música e imágenes muy líricas del País Vasco; una mezcla de forma y contenido que ha calado en el público tanto como molestado a los círculos del gobierno.

Es curioso como el gobierno español y la prensa, que hoy en día en España, está en su mayoría al servicio del gobierno, se apuntó a condenar la película y ponerme bajo sospecha llegándome a acusar de instigador del terrorismo, cuando mi primera intención era la de la no violencia y el diálogo.

Ahora mismo en la prensa de la derecha española estoy acusado de cómplice del terrorismo. Eso es lo que tiene el pensamiento único; las cosas son blancas o negras, o estás conmigo o contra mí y el simple hecho de intentar dar voz a mucha gente te convierte ya en un tendencioso.

Tu eres un creador que siempre ha hecho películas de ficción; cuando te planteas este documental, ¿responde a una inquietud personal, un afán de decir, esto está pasando, nadie lo cuenta, lo voy a contar yo?

Sí, yo estaba escribiendo, después de" Lucía y el sexo", un guión de ficción para contar el tema vasco porque me seguía preocupando y me ha preocupado desde que era niño. En "Vacas"hice una película mas metafórica y políticamente mas protegida pero las claves eran las mismas, buscar una salida.

Mi idea era dar voz a muchas personas que desde todo el ámbito de lo vasco pudieran opinar y crear una polifonía que expresara todo lo que hay aquí, el dolor, el sufrimiento y también las ideas.

Escribiendo el personaje de Aitor conseguí crear un vasco que después de haber pasado por una experiencia brutal en su vida estando totalmente justificada la venganza y el odio, le da la vuelta a su conciencia y se convierte en un tipo incapaz de odiar y además a ál le satisface muchísimo esto e intenta transmitir este no odio.

Entonces yo estando en Madrid durante las elecciones del País Vasco oyendo todo lo que se decía del tema vasco y contra el nacionalismo, las calumnias, la manipulación de la información, el intento de confundir nacionalismo con terrorismo, a pesar de que yo no soy nacionalista y nunca lo he sido, pues me sentí muy dolido y me plantee que ya que tenía voz y se me conocía por mis trabajos de ficción y estaba libre de sospecha pues voy contra algo que me parecía muy preocupante. Dejandome llevar también por el personaje de Aitor y con mucho coraje conseguí ser ingenuo y no pensar en lo que me podía pasar después.

¿Tu crees que la solución del conflicto pasaría por poner a esas personas más las que faltan en una gran mesa a dialogar?

Sí, ¡segurísimo! Pasa por ahí, ese el paso número uno; sentarse y escuchar con la convicción de que algo de lo que dice el otro es cierto. Lo triste es que el diálogo ahora está bloqueado y el tema vasco se esta utilizando de forma muy rentable en el resto de esta España, de nuevos aires Franquistas como baza política para ganar votos y el dolor de las víctimas se está utilizando también su fragilidad, su vulnerabilidad. Pero sí el diálogo es la solución y también el respeto.

¿El mismo día que presentaste tu película, nació tu hija, recuerdas una semana tan intensa en tu vida?

¡No desde luego que no! Después de dos días espantosos aguantando todo lo que me estaba cayendo encima, el domingo presenté la película y yo, claro, no he recibido nunca una ovación tan larga, tan emocionada con toda la gente de pie y en ese momento tan necesaria.

Esa misma noche a las dos y diez nació Ana y ¡uff! yo estaba mareado de la emoción, la matrona me dijo que me sentara porque me vio en un estado pero entonces nada me importó y de pronto fui muy feliz, me subí ahí, a la felicidad y lo fui.



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