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Escribe: Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 03 de mayo de 2003 - 16:52 GMT
El hooligan y el soplón
Hooligans.
Según un sociólogo alemán la violencia de los hooligans es "un grito de socorro".
Escribe Raúl Fain Binda, columnista deportivo de BBC Mundo

Los lectores habituales de esta página saben que mi servicio de correo electrónico padece de una contaminación de lo más caprichosa, un "virus periodisticus", que me permite recibir correspondencia no solicitada. Normalmente la arrojo al canasto, pero a veces no resisto la tentación de darla a conocer. Hoy recibí este mensaje de un hooligan inglés a un barrabrava argentino.

Qué tal, Pelado. Te acordarás de mí, soy Robert, nos conocimos en la Convención Internacional de Ultras, Hooligans y Barrabravas.

Yo soy el que ganó la competición de beber cerveza y comer huevos duros. Juntos les dimos una paliza a esos ultras del Real Madrid, que nos tenían hartos hablando de la décima Copa de Europa.

Policía arrestando a un hooligan.
La policía recibe entrenamientos para enfrentarse a los hooligans.
Sabes, estoy indignado porque la Asociación Inglesa de Fútbol ha rechazado las entradas para los hinchas ingleses en el próximo partido con Turquía en Estambul.

Estoy pensando en ir de todas maneras y comprar los boletos en el mercado negro.

Cuando pasan estas cosas envidio tu libertad de acción, tu impunidad, cómo tienes a los jugadores en el bolsillo y los dirigentes te dan entradas para revender. Hasta he escuchado que exiges a los comisarios tu participación en el dinero que reciben de los clubes para "protección policial". Eres un genio, Pelado.

Por aquí nosotros estamos de nuevo en la cresta de la ola. A los turcos les dimos el otro día un recibimiento tan caliente que salieron llorando, con toda esa fama de bravos que tienen. Ellos mataron a dos hinchas del Leeds hace un tiempo. Ya verán.

Y que los alemanes se arremanguen, porque estamos preparando una campaña para el Mundial del 2006 que los va a dejar tiritando de miedo. A Japón y Corea no fuimos porque resultaba muy caro, pero en Alemania vamos a estar todos, con una consigna: "¿Dónde está ese Hitler tan bravo de ustedes?" Ya van a ver.

El soplón

El otro día me visitó un intelectual, un sociólogo. Mira, yo he hablado con tantos policías que no me molesta hablar también con un soplón. Ahora les ha dado por investigar esto de los "estereotipos" en el fútbol.

Recién ahora se han dado cuenta de que no todos los hooligans somos como nos pinta la propaganda, esos skinheads con botas pesadas para patear a los caídos, con tatuajes de calaveras y esas cosas.

Esto se debe a la pereza de los periodistas, que cuando deben ilustrar el tema de los hooligans buscan la imagen más "típica", la de un bruto que espante a la buena gente.

Hooligans.
Muchas personas resultan heridas.
Bueno, yo no soy un skinhead. En realidad cada visita a la peluquería me cuesta una fortuna y todas las semanas me compro una chaqueta de marca, o zapatos italianos. El otro día me compré un sweater que me costó 600 dólares.

La gente cree que todos los hooligans somos tipos ordinarios, mal educados, desocupados o criminales, del escalón más bajo de la sociedad, crapulosos y sucios.

Vamos, eso nunca fue así, ni siquiera en los años '80. Es cierto que antes no se prestaba atención a la apariencia, pero ahora vestirse bien es un imperativo si quieres sortear los controles policiales y de los clubes. Un hooligan desarrapado no va a ningún lado.

El soplón me dijo que en los registros de la policía de West Yorkshire están representados todos los sectores de la sociedad: hasta tienen al gerente general de una importante compañía. Tú recordarás que yo soy inspector de impuestos.

Las motivaciones

El soplón quería saber sobre nuestra motivación. ¿Somos racistas y fascistas, como los "Ultras" del Real Madrid y los Boixos Nois del Barcelona?.

Pues sí, muchos de nosotros somos las dos cosas al mismo tiempo, otros somos simplemente racistas. Se puede ser racista y democrático, tú sabes.

La mayoría de nosotros somos blancos, de modo que algo hay de cierto en eso, pero yo tengo muchos amigos negros.

El soplón anotó algo con una sonrisita y me preguntó si tenía una fijación con la segunda guerra mundial y la victoria sobre Alemania.

Para nada, le dije, lo que ocurre es que me divierte recordarles que los hemos vencido en dos guerras.

No te ofendas, pero a los argentinos también los vencimos en las Falklands. ¿Te acuerdas, no?.

Me preguntó si bebía excesivamente también en reuniones sociales o si lo hacía con más empeño cuando iba al fútbol con mis amigos.

Bueno, reconozco que hay un elemento de aventura y hermandad cuando salimos juntos, en particular al extranjero.

La fuga

Me preguntó sobre la teoría del "intento de fuga". Andan diciendo por allí que el fútbol nos ofrece a los hooligans un canal para descargar nuestros sentimientos negativos.

Qué quiere decir con eso de negativo y de fuga, le pregunté. Y me soltó un discurso, diciendo que los individuos pueden escapar de una realidad sórdida a través de una actividad que lo una a gente similar, y que juntos habitamos un mundo de fantasía en el que perder y ganar descarga las pasiones, el odio, todas las emociones reprimidas.

Hasta se entusiasmó y comparó nuestras peleas en la calle con el acto del amor: "Para ustedes la violencia es como el sexo". Se salvó por un pelo de que le abriera la cabeza.

Socorro y tribus

También mencionó que un sociólogo alemán (¡cuándo no!) opina que nuestra violencia "es un grito de socorro", que somos como adolescentes que desafían la autoridad paterna.

Yo le dije que todas esas teorías también eran estereotipos, pero el soplón no había terminado. Me dijo que a su juicio los hooligans éramos como una tribu, que nuestra violencia tenía códigos rituales.

Al parecer, la violencia de los hooligans no es insensata. Es por eso que nuestras numerosas peleas no terminan con muertos y heridos graves, salvo en casos excepcionales.

Yo le contesté que tú te ibas a reír mucho cuando te contara, porque me he enterado de tu última aventura, que dejó varios muertos. Bravo, Pelado.

Le di al soplón tu dirección. Aprovecha, porque paga la consulta.


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