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Escribe: Raúl Fain Binda.
  Miscelánea
Sábado, 07 de junio de 2003 - 15:19 GMT
La venda de los ojos
Martin Verkek en Roland Garros
El holandés Verkek y el rostro de la alegría por una victoria que ni él se la esperaba.
Escribe Raúl Fain Binda, columnista deportivo de BBC Mundo

El abierto de tenis de Francia nos ofreció dos rostros nuevos, dos personas que no conocíamos: Martin Verkerk y Serena Williams.

Nos referimos al Verkerk que gana y a la Williams que pierde, por supuesto, porque el Verkerk que pierde y la Williams que gana son requeteconocidos.

El holandés era hasta hace unos días uno de los perdedores más insignificantes del tenis internacional. Mucho vino, demasiadas mujeres y noches enteras de canto le impedían concentrarse en el tenis.

Serena Williams
Lágrimas y sudor en un rostro desconocido de la hembra alfa.
Hasta pensó en retirarse tras perder en la primera ronda de dos torneos anteriores de Grand Slam, Estados Unidos (ante Andy Roddick) y Australia (Mark Philippoussis). Creyó que era un perdedor nato y por eso lloró al alcanzar la final de Roland Garros.

Serena Williams es la hembra alfa, la ganadora más impresionante del tenis internacional. Le bastaba con mostrarse en la cancha y sus adversarias se echaban a temblar.

Ha ganado últimamente tantos torneos de Grand Slam que ya no recuerda la época en que solía perderlos. Creyó que era una triunfadora nata y por eso lloró cuando no pudo alcanzar la final de Roland Garros.

Los grandes desconocidos

En algo nos parecemos, ellos y nosotros, porque en el fondo Verkerk y Williams tampoco se conocen a sí mismos. Todas las mañanas, al levantarse, se miran en el espejo y ven un rostro vagamente familiar.

Los campeones deportivos se dejan arrastrar por la corriente, se creen la imagen que la gente tiene de ellos.

Los espectadores, los televidentes, los cronistas, todos nos formamos una idea casi siempre equivocada de la personalidad de los deportistas.

Vemos el bosque y perdemos de vista el árbol.
Ronaldo
Ronaldo es mucho más que la imagen de un gordito bonachón.

Nos creemos que Ronaldo es un gordito bonachón; pasamos por alto su inflexible voluntad, su ambición, las presiones de los intereses que se cobijan bajo su vasta sombra y llevaron a sus representantes a la cárcel por lavado de dinero.

Damos por cierto que Pelé es un pan de Dios, que va de país en país pontificando sobre fútbol de puro bueno que es, sin tomar nota de su formidable olfato para los negocios, sus agachadas ante el poder, su oportunismo y esa untuosidad de deportista modelo.

El caso del Tigre

Nadie conoce a Tiger Woods, uno de los personajes más reconocibles del mundo.

Sobre su golf se han escrito miles de artículos y decenas de libros, pero nadie sabe cómo es el hombre.

Un autor, Tom Callahan, de desesperado que estaba por enterarse de algo, viajó a Vietnam para entrevistar a Vuong Dang Phong, el soldado de quien Earl Woods tomó el apodo para bautizar a su hijo, el futuro campeón.

Descubrió que había muerto en 1976, probablemente de hambre. Volvió a Estados Unidos con la información y la familia Woods le abrió las puertas de par en par... pero nunca pudo vislumbrar el alma de Tiger Eldrick Woods.

Tiger Woods
¿Cuál es el verdadero rostro del Tigre?
De Tiger vemos su piel, pero hasta en esto nos equivocamos. Creemos que es negro, y si nos esforzamos un poco suponemos que es negro como su padre y tailandés como su madre.

En realidad no sabemos nada; lo cierto es que las venas de Earl Woods arrastran la mitad de sangre negra, un cuarto de indio americano y un cuarto de chino, mientras que las de Kultida, madre de Tiger, llevan la mitad de tailandesa, un cuarto de china y un cuarto de blanca.

Tiger Woods es tan misterioso por dentro como lo es por fuera. Muchos cronistas, desesperados, se preguntan si es callado o simplemente no tiene nada para decir.

Otros deportistas, que tampoco tienen nada que decir, se fabrican una personalidad para disfrutar de su fama.

Serena y Martin

Serena Williams ha llevado puesta todo este tiempo una máscara de seguridad, de arrogancia, de convicción... y ahora nos enteramos de que es una insegura que sólo quiere que la quieran.

Es cierto que la tribuna de París fue cruel con ella, un poco porque ha vencido demasiado, otro poco porque es estadounidense y otro poco porque es negra, pero en el Serengueti la hembra alfa no se rinde cuando no la quieren: no, qué va, muestra las uñas y se lanza de nuevo a la pelea.

Martin Verkerk
Verkerk se sacó la venda y nos mostró su rostro.
Serena, en cambio, se rindió. Es posible que ella haya estado tan sorprendida como nosotros ante esta abdicación de responsabilidad.

Con Verkerk nos ha pasado algo parecido. Cuando todos, incluso él mismo, creían que no tenía salvación como deportista, modificó su juego, se entrenó, apretó los dientes y salió a ganar.

El hallazgo que más nos conmueve, el que más nos gusta o nos duele, es el descubrimiento de las cosas que no creemos tener. A Verkerk le pasó con la voluntad y el talento, a Serena con la inseguridad y la auto-compasión.

A Tiger Woods todavía no le ha tocado el momento de la verdad. O si le ha tocado, nadie se ha enterado.


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