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Escribe: Raúl Fain Binda.
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Sábado, 24 de mayo de 2003 - 22:53 GMT
Ella no pasó el corte
Annika Sorenstam llora al quedar fuera del torno de golf de Fort Worth, texas
¿Por qué llora la "superdotada" del golf si después de todo no fue un fracaso, sólo un mal día?
Escribe Raúl Fain Binda, columnista deportivo de BBC Mundo

Hay gente que dice que al hombre ya no le quedan desafíos, que en un mundo de dinero y drogas, sí señor, el deporte sólo tiene sentido si el deportista compite consigo mismo.

La mujer, en cambio, tiene por delante el desafío de enfrentar al hombre si así lo desea... y los reglamentos lo permiten.

La golfista sueca Annika Sorenstam no pudo superar el corte clasificatorio de la segunda jornada y quedó eliminada del torneo Bank of America Colonial de Fort Worth, Texas, una competición del circuito masculino de la Asociación de Golfistas Profesionales de Estados Unidos.

Annika Sorenstam
Tres golpes cambiaron toda la historia para Annika.
Tres golpes de diferencia entre la primera vuelta de 71 y la segunda de 74 no son muchos, pero la "superdotada" se transformó de repente en la "fracasada". Qué ridículo.

Ahora resulta que si un hombre no supera el corte en un torneo masculino es natural, no pasa nada, pero si a una mujer le pasa lo mismo todos dicen que ha fracasado.

Si el torneo hubiera sido de mujeres y Annika no pasaba el corte, se habría hablado de "un mal día", no de fracaso.

Es la guerra

Lo llamativo es que muchas mujeres piensan así. Creen que competir con los hombres sólo tiene sentido en la victoria.

Esto no es deporte, por supuesto. Es una batalla más de la tediosa guerra de los sexos.

En realidad, Annika Sorenstam fue prisionera de dos prejuicios complementarios, el de los hombres y el de las mujeres.

Tiger Woods
Tiger Woods: "Prudencia, prudencia, muchachas".
Tiger Woods, al enterarse de las intenciones de la golfista sueca, dijo que le parecía bien, pero recomendó prudencia, porque "si no le sale bien lo van a interpretar como un fracaso de todas las mujeres".

Estas y otras advertencias fueron interpretadas por algunas mujeres como formas encubiertas del prejuicio masculino, que por un lado daba aliento y por el otro lo quitaba.

Se equivocan, claro, porque la verdadera discriminación tiene otros rostros. El de Vijay Singh, por ejemplo, que ridiculizó el proyecto de Annika en forma muy ofensiva, o el de los dirigentes de clubes que no admiten a mujeres como socias.

Como en el boxeo

La división de los deportes en sexos no es discriminatoria, o no debería serlo.

La razón principal es igualar las posibilidades de los participantes, claro, pero algunas mujeres son mejores, más certeras, más rápidas o más fuertes que muchos hombres, de modo que surge la inquietud: ¿por qué no se introduce un sistema que permita a esas mujeres competir con hombres?

Torneo de boxeo femenino en Alemania
La división por sexos no debería ser discriminatoria.
A fin de cuentas, en el boxeo, por ejemplo, que está dividido en categorías por peso, un mediano muy bueno puede convertirse en campeón mundial de todos los pesos, pero un "pesado" natural no puede descender de categoría para desafiar a un mediano.

En el golf existe el germen de esta lógica, porque las mujeres (equivalente del púgil mediano) pueden teóricamente competir con los hombres (el púgil pesado) pero no al revés: el reglamento del circuito femenino excluye explícitamente la participación de hombres.

Esta exclusión no escandaliza a nadie, porque de otro modo los torneos femeninos estarían expuestos a las incursiones de varones de talento corto y billetera flaca.

Pero la Asociación de Golfistas Profesionales se dispone a borrar esta diferencia: en su reunión de julio próximo considerará y casi seguramente aprobará una prohibición explícita de la participación de las mujeres en torneos masculinos.

Fuerza y sutileza

Como es sabido, en los torneos femeninos se parte de tees más cercanos al hoyo, pero dado que Annika Sorenstam estaba participando en un torneo masculino, utilizó los tees más lejanos, como todos sus rivales.

Annika Sorenstam completa un drive
Sus drives fueron impresionantes; falló en sus puts.
Lo curioso es que el "fracaso", el supuesto fracaso, no se debió a este factor. Annika es una mujer muy fuerte y sus drives son más poderosos que los de muchos hombres. No, la sueca flaqueó en el putting, normalmente uno de los puntos fuertes de su juego.

O sea que fue el mundo al revés. En los drives, que requieren fuerza, Annika no perdió terreno; en los puts, que requieren sutileza, delicadeza, cálculo, su juego se desmoronó.

Cuando una golfista de la categoría de Sorenstam comienza a fallar puts que normalmente embocaría con los ojos cerrados, todos se dan cuenta que se bate en dos frentes, contra sus rivales y contra sí misma.

Se había concentrado tanto en la necesidad de compensar por la fuerza de los hombres que perdió de vista el toque femenino.

Annika Sorenstam no fracasó, por supuesto. Simplemente, no pasó el corte.

¿Y qué hay con eso?


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