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Escribe: Raúl Fain Binda.
  Miscelánea
Sábado, 05 de abril de 2003 - 16:20 GMT
La joven realidad
Wayne Rooney en un pasaje del partido frente a Turquía.
Rooney (izquierda) brilló en el triunfo ante Turquía.
Escribe Raúl Fain Binda, columnista deportivo de BBC Mundo

Está bien, no hay que exagerar, seguramente es prematuro o irresponsable decir que Wayne Rooney puede ser para el fútbol inglés lo que Pelé o Maradona fueron para el brasileño y el argentino.

(Conviene señalar que cuando los dos monstruos sudamericanos aparecieron en el primer plano, muy jóvenes, los veteranos se negaron a admitir que estaban a la altura de los ídolos del pasado).

De lo que no cabe duda es que el adolescente del Everton FC es el jugador inglés más excitante desde... bueno, desde Paul Gascoigne.

Igual que Gascoigne, Rooney, de 17 años, tiene inteligencia futbolística y es capaz de gambetear, encarar, disparar y pasar la pelota con imaginación y precisión, al pie y al vacío.

Por encima de todo, tiene algo invalorable, la marca de los ungidos: cuando recibe la pelota, la tribuna se enciende, se excita, porque intuye que algo importante puede pasar.

La apuesta de Eriksson

Sven Goran Eriksson, acorralado por las acusaciones de antiguo, de pecho frío, se tiró a la piscina con una audacia que tomó a todos por sorpresa: colocó a Rooney como titular junto a Michael Owen en el equipo que ganó 2 a 0 a Turquía, el miércoles pasado.

Wayne Rooney
El entrenador del Everton insiste en proteger al "muchachito".
Owen, de quien tantas maravillas se hablan, fue bien controlado por la defensa turca, pero Rooney originó las acciones más peligrosas del ataque inglés.

Cuando un joven de 17 años, en su primera salida como titular en el equipo nacional, tiene una actuación tan buena, con tanta madurez, uno se pregunta por qué el muchacho sigue siendo un suplente en su propio club, donde los cracks no abundan precisamente.

Y aquí llegamos al punto que separa las aguas entre América Latina y Europa, o por lo menos Inglaterra.

Si Rooney fuera brasileño, argentino o guatemalteco, sería el primero en la lista de cualquier seleccionador o entrenador de club, a nadie se le ocurriría dejarlo en el banquillo "hasta que madure", como si fuera un tomate.

En Inglaterra, en cambio, lo tratan como a un mocoso de pantalones cortos.

Por favor, un chico con cara de niño y piernitas de alfeñique, como Javier Saviola, debutó en River Plate a los 16 años y desde el principio reclamó un puesto en el primer equipo. La única "protección especial" que le dio su entrenador fue encender una vela a la Virgen antes de cada partido.

Moyes, el protector

Rooney, en cambio, tiene piernas y brazos de estibador y un rostro de verdugo. La tarea de proteger a Wayne Rooney se nos ocurre inútil; uno lo mira y lo primero que se le ocurre es pedir protección "de" él, no "para" él.


Si Rooney fuera brasileño, argentino o guatemalteco, sería el primero en la lista de cualquier seleccionador o entrenador de club, a nadie se le ocurriría dejarlo en el banquillo 'hasta que madure', como si fuera un tomate

David Moyes, el entrenador del Everton, sólo coloca a Rooney en los últimos minutos de los partidos, como si fuera una joya de la abuela que hay que mostrar al terminar la fiesta, ante unos pocos amigos.

Ahora, tras expresar su descontento porque Eriksson hizo jugar a su chico desamparado todo el partido, Moyes ha hecho saber que se enojará mucho si el seleccionador lo incluye en los partidos amistosos que se avecinan.

"Hay que protegerlo", dice cada vez que abre la boca.

En su conferencia de prensa de ayer, Moyes dio a entender que sentará a Rooney en el banquillo el domingo, en el partido ante el Newcastle. Todo para "protegerlo".

Es tan ridículo como invocar la necesidad de proteger a un chico de los helados de vainilla.

Fama y adulación

Moyes dice que su intención es preservar a Rooney de los terribles efectos de la fama y de la adulación, pero esta pretensión es absurda.

Paul Gascoigne con el uniforme del Newcastle
Rooney hace recordar el talento de Paul Gascoigne.

Nos dicen que la fama "prematura" y la adulación causaron la caída del más genial de los futbolistas británicos, el gran George Best.

Tonterías. Ahora resulta que el fútbol y los peligros del fútbol convirtieron a Best en borrachín y mujeriego. Quieren hacernos creer que si se hubiera quedado en Belfast o si Matt Busby lo hubiese "protegido" en Manchester, habría sido un modelo de sobriedad y fidelidad a una sola compañera.

La adulación prematura no tiene nada que ver. Saviola se merece el premio Juan XXIII al hijo modelo y al profesional responsable, a pesar de que lo están adulando desde que tenía 16 años.

Lo más asombroso es que el periodismo, en vez de burlarse de Moyes, acepta sus razones.

Pero por favor, que nadie piensa en llevar a Rooney a la guerra de Irak. Lo que la gente quiere es que juegue al fútbol, un deporte inventado para los chicos como él.

El ejemplo de Menotti

César Luis Menotti, seleccionador del equipo argentino en el mundial del '78, cometió el error más grande de su vida cuando descartó a Maradona del plantel definitivo que ganó el título.

Si Maradona necesitaba protección, la que le dio Menotti debió convertirlo en un ciudadano modelo. Y miren cómo resultó.

Con la labia que tiene, Menotti sigue diciendo que tenía razón y que volvería a hacer lo mismo. No le crean: si hoy fuera seleccionador del equipo inglés, daría a Rooney toda su confianza y lo colocaría el primero en su lista definitiva.

Por supuesto que a talento semejante el hombre es preferible al chico, pero si la diferencia es tan pronunciada como en el caso de Rooney, vale la pena apostar por el genio.


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