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Sábado, 08 de febrero de 2003 - 19:26 GMT
De vacas, burros y sabios
![]() Bielsa mira de frente... hacia la cancha.
Escribe Raúl Fain Binda
La verdad, como la marea, tiene flujos y reflujos. Los periodistas hondureños, al interrogar el otro día a Marcelo Bielsa, entrenador del seleccionado argentino, quisieron saber por qué el gran hombre no los miraba directamente a los ojos cuando contestaba sus preguntas. Bielsa continuó hablando, sin mirarlos. El periodista argentino Jorge Mario Trasmonte escribió al día siguiente (Olé, 3 de febrero) que los hondureños estaban equivocados al sentirse discriminados: al parecer Bielsa "desprecia profundamente" a casi todos los periodistas, sin distinción de nacionalidad.
No conocemos personalmente a Bielsa. Es posible que él aparte los ojos desde la escuela primaria, cuando debía concentrarse para repetir la lección aprendida de memoria; se trata de una característica común a los tímidos, los outsiders, los inadaptados, los forasteros o "extranjeros" del existencialismo. El abismo entre Bielsa y los periodistas repite los precipicios que existen entre los críticos y los actores, o músicos, o cualquier otro profesional cuya obra deba ser juzgada en público. Verdad flexible Algunos entrenadores, como algunos artistas, sólo admiten la opinión de expertos que sepan tanto como ellos. (La famosa feminista australiana Germaine Greer se negó hace unos años a ser entrevistada por hombres en relación con un libro suyo sobre la menopausia: "No quiero perder mi tiempo", les decía, como Bielsa a los periodistas lerdos.)
Luis Felipe Scolari era un burro y después fue un sabio, porque su equipo brasileño siguió una trayectoria diametralmente opuesta a la argentina. Louis Van Gaal, inspirador de Bielsa, una lumbrera muy respetada cuando dirigía al formidable Ajax, se convirtió en un necio por sus fracasos al frente del seleccionado holandés y en su segundo paso por el Barcelona. Un caso más ambiguo, más desconcertante, es el de Francisco Maturana, uno de esos profetas con dos iglesias: la de quienes piensan que es el mejor técnico colombiano de la historia, y la de quienes lo consideran un charlatán con un par de aciertos y mil desastres. Antigua enemistad En los cuatro casos las percepciones no reflejan la verdadera capacidad de las personas, porque tanto Bielsa como Scolari, Van Gaal y también Maturana conocen e ignoran ahora más o menos las mismas cosas que hace unos años.
La mirada directa a los ojos no implica necesariamente respeto. Javier Clemente, el ex seleccionador de España, ahora en el Espanyol de Barcelona, desprecia abiertamente a la mayoría de los periodistas y se los hace saber mirándolos bien de frente. Brian Clough, el legendario entrenador del Nottingham Forest, era tan pagado de sí mismo que un día un periodista no aguantó más y le espetó: -Pero es que tú te crees el hijo de Dios sobre la tierra... Y Clough contestó, sin inmutarse: -Yo no me creo el hijo de Dios. Mi hijo es el hijo de Dios sobre la tierra. El poderoso Alex Alex Ferguson se cree tan superior que ya no se molesta en humillar a los periodistas mediocres: sólo gasta su pólvora en los cronistas más respetables, que se la tragan porque Alex es Alex y Manchester United es Manchester United.
Estrictamente hablando, la misión de un periodista deportivo no consiste en conocer a fondo la técnica del deporte que lo ocupa en ese momento, sino en comunicar el fenómeno deportivo, ajustándose en lo posible a la verdad y en la forma más amena posible. El periodista sabe que está ordeñando, el técnico supone que está dando leche. El problema, desde el punto de vista de los entrenadores, es que el periodista no se limita a su papel de mero ordeñador y de la noche a la mañana se convierte en una vaca Charolais que habla y habla sobre asuntos lácteos que ni siquiera comprende. No importa que muchos periodistas estén capacitados para hacerlo, lo que nos da fastidio es la cháchara de los ignorantes, parecen decir los técnicos. Otro punto de vista Los periodistas, a su vez, detectan a muchos charlatanes en la profesión de entrenadores, porque el oficio requiere mucho más que conocer el mecanismo del relevo defensivo cuando el lateral izquierdo pasa al ataque. Los entrenadores también deben saber comunicar su proyecto, tanto a los jugadores como al público en general, pero en la práctica suelen ser tan ignorantes en la comunicación como los periodistas en las cuestiones técnicas... o lácteas. Somos tal para cual, periodistas y entrenadores.
![]() Ordeñadores y ordeñados: tal para cual.
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