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Sábado, 14 de septiembre de 2002 - 16:16 GMT
El bosque de los prejuicios
El jinete Mick Kinane y Alex Ferguson celebran la victoria de Roca de Gribraltar en Ascot.
El técnico del Manchester United (derecha) también tiene éxito en los caballos.
Escribe Raúl Fain Binda.

Alex Ferguson, el propietario de caballos de carrera, tiene debilidad por los animales fogosos, incansables, que nunca se dan por vencidos. Posee un potrillo, Roca de Gibraltar, que se mantiene invicto y cada vez que se tiende en galope hace temblar a sus rivales.

Ese mismo Alex Ferguson, también entrenador del Manchester United, tiene debilidad por los futbolistas fogosos, incansables, que nunca se dan por vencidos. Posee un jugador, Roy Keane, que cuando sale a la cancha hace temblar...


Algunos colegas del periodismo inglés, irritados ante los excesos de Keane y Ferguson, imaginan ahora una conspiración, una conjunción de la ambición escocesa y la rebeldía irlandesa, en perjuicio de la tranquilidad inglesa

No, un momento; por este camino caeremos en el burdo estereotipo que algunos ingleses atribuyen a los irlandeses, gente de pocas luces, dicen, impulsiva, irracional, de un país con muchos genios pero ningún talento.

La prudencia es particularmente recomendable porque en este artículo nos estamos refiriendo a un escocés y un irlandés, o sea gente perfectamente normal y pacífica hasta que alguien menciona en su presencia a los ingleses.

El pueblo inglés, según un prejuicio muy extendido en Francia, vive en una isla y es gobernado por escoceses.

Líderes y rebeldes

Los escoceses son líderes naturales, especialmente de instituciones inglesas (los dos políticos más poderosos del país, el primer ministro Tony Blair y el ministro de Economía Gordon Brown, son escoceses, como también lo es el líder del Partido Liberal), de modo que resulta normal que el escocés Ferguson conduzca al Manchester United.

(La familia de Blair es inglesa, pero él nació en Edimburgo, Escocia).
Roy Keane
Keane es el tipo de jugador que le gusta al técnico Ferguson.

Los irlandeses son rebeldes naturales, en particular si la potestad es inglesa, de modo que resulta normal que el irlandés Roy Keane sea capitán del Manchester United y esté permanentemente enfrentado a las autoridades del fútbol inglés.

También debemos evitar como a la peste el estereotipo del "inglés típico, siempre aburrido y normalmente violento" (esta es una frase de Oscar Wilde... un irlandés, claro).

Y aquí hemos llegado al punto donde convergen todos los prejuicios de todos los orígenes: la violencia, que es siempre ajena.

Roy Keane no se considera a sí mismo un hombre violento: cree que es la única persona sensata y responsable en una muchedumbre de oportunistas y chambones, de flojos y pícaros.

Cuando a Keane se le cruza algo por la cabeza, lo dice y se acabó. Como cuando insultó a Mick McCarty, el técnico del seleccionado irlandés, en forma tan desbocada que ni siquiera la intervención del primer ministro pudo impedir su despido de la delegación, antes del mundial.

(A ojos del integrista Keane, uno de los pecados de McCarty fue su condición de "irlandés falso", de inglés con antepasados irlandeses.)

Y cuando a Keane se le cruza otra cosa por la cabeza, lo escribe y se acabó. Como cuando admitió en su reciente autobiografía que había actuado en forma deliberada al patear brutalmente a su antiguo enemigo Alf Inge Haaland.

Conspiraciones

Los enemigos de Keane saben que no perdona. Hace unos días fue expulsado de la cancha por agredir a otro irlandés, el "traidor" Jason McAteer.


A veces, desde nuestro puesto de observación, toda esta gente tan diferente, los ingleses, los irlandeses, los escoceses, los galeses, también nos parecen una sola cosa. Pero nosotros no somos británicos

Alex Ferguson siempre justifica a su capitán. Es muy difícil repudiar a un hombre que con su mera presencia intimida a los adversarios y estimula (o aterroriza) a los compañeros, que aporta transpiración, talento, agallas, goles.

El entrenador, que en el extranjero tiene una imagen de hombre campechano, en realidad es un hombre de carácter volcánico, intolerante, tan impulsivo como su capitán.

Algunos colegas del periodismo inglés, irritados ante los excesos de Keane y Ferguson, imaginan ahora una conspiración, una conjunción de la ambición escocesa y la rebeldía irlandesa, en perjuicio de la tranquilidad inglesa.

¿Existe, como creen muchos, una identidad común de los habitantes de las Islas Británicas? Fíjense que esta denominación es más globalizadora aún que la del Reino Unido, porque también incluye a la República de Irlanda, la patria de Keane.

A veces, desde nuestro puesto de observación, toda esta gente tan diferente, los ingleses, los irlandeses, los escoceses, los galeses, también nos parecen una sola cosa. Pero nosotros no somos británicos.

Ellos, que sí son británicos, se creen y se ven totalmente diferentes, aunque sus prejuicios, sus contrastes, sean elementos del mismo vasto cuadro.

Real o imaginado

No hay nada más poderoso y concreto que lo imaginado. En particular si estamos hablando de irlandeses: según un viejo prejuicio, "los irlandeses creen en lo que no pueden ver y desconfían de todo lo que ven".

Roy Keane ve la tarjeta roja por darle un codazo a Jason McAteer
Keane ha sido expulsado 10 veces en su carrera.

Keane, el gran vencedor, no cree en la victoria que está delante de sus ojos. En mi cuaderno he anotado una declaración suya de hace algún tiempo:

"Sí, podemos ganar cosas, pero eso no me parece gran cosa, no me emociona mucho. A mí lo que realmente me importa es perder. Me duele demasiado, perder."

Fíjense, un campeón que comienza por valorar la derrota. Es un sabio, este irlandés. Violento, pero sabio.

Pero no importa: las autoridades inglesas le van a aplicar una extensa suspensión por el desliz de su autobiografía, en el que admite algo que si lo hubiera hecho en la calle le hubiera costado un tiempo en la cárcel.

Keane ha aprovechado para hacerse operar la cadera, que le molestaba desde hace un tiempo. Su recuperación coincidirá con el tiempo de suspensión.

¿Esta picardía no se le habrá ocurrido acaso al escocés Ferguson?


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