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Sábado, 07 de septiembre de 2002 - 14:10 GMT
La lección de Lilliput
Ilustración del libro de Jonathan Swift
Los liliputenses pudieron, al final, con el gigante Gulliver.
Escribe Raúl Fain Binda.

La victoria de Argentina ante Estados Unidos (87-80) en el campeonato mundial de baloncesto, el miércoles 4, será recordada por siempre como una de las hazañas más importantes de la historia deportiva.

Los grandes momentos del deporte, los que dividen aguas, pertenecen a una de tres categorías: la victoria deslumbrante de un campeón impar, el éxito consagratorio de un contendiente subestimado y el fracaso ignominioso de un arrogante.

Si nos quedamos en el baloncesto, un ejemplo de lo primero sería la campaña de los extraterrestres del Dream Team de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Magic Johnson en el Dream Team del 92
Ha pasado mucho tiempo del Dream Team de Barcelona '92.
La singularidad, la trascendencia del resultado del miércoles en Indianápolis, consiste en que el mismo instante deportivo reúne los otros dos elementos, las otras dos categorías: el advenedizo que triunfa y el poderoso que se humilla.

Es un punto de inflexión que cierra un capítulo y abre otro nuevo.

Hasta hace algunas semanas la derrota de un equipo integrado por grandes jugadores de la NBA era "imposible". Sólo podía ocurrir, admitían algunos, si la plantilla sufría un brote de botulismo y todos, al mismo tiempo, rompían con sus novias y recibían la visita del inspector de impuestos.

Desde el punto de vista burocrático, la posterior derrota de Estados Unidos ante Yugoslavia en cuartos de final sería más importante, porque lo eliminó de la pugna por las medallas, pero en el plano histórico nadie pone en duda la precedencia de la hazaña argentina.

Argentina 87 - EE.UU. 80
Por un día, la pelota cambió de manos.
Argentina le quebró el espinazo moral al Dream Team, el Equipo de Ensueño, dejándolo expuesto a la embestida de Yugoslavia, que buscaba la rehabilitación tras un par de derrotas.

Los comentaristas no tardaron en reaccionar, claro, y así como hace unos días creían que una caída era imposible, ahora dicen que la humillación se veía venir.

Randy Kim nos ofrece en la página oficial de la NBA cinco razones que explican lo sucedido:

  • La plantilla de Estados Unidos no tiene continuidad internacional. Sus integrantes no juegan en equipo, su talento es individual, el resultado nunca es igual a la suma de las partes.

  • La condición atlética de los jugadores de la NBA ya no basta para superar a los rivales bien preparados, cuya técnica ha progresado muchísimo en los últimos años: "Equipos como Argentina y Yugoslavia son muy dotados, hay que jugar como una unidad para batirlos".

  • Los jugadores de Estados Unidos deben habituarse a las nuevas normas internacionales: "Los argentinos palmeaban la pelota que daba vueltas en su aro; a nuestros jugadores no se les ocurría hacerlo".

  • El resto del mundo ya no está tan retrasado en talento: "Jugadores como el argentino Ginobili, el yugoslavo Stojakovic, el alemán Nowitzki y el español Gasol son tan talentosos como algunos de los mejores de la NBA".

  • La competición internacional importa mucho más en el resto del mundo: "En Estados Unidos el baloncesto gira alrededor de las finales de la NBA y el torneo NCAA, mientras que en Sudamérica y Europa las olimpiadas y los mundiales son prioritarios".

    Todo esto es válido, por supuesto, pero lo más importante es la sexta explicación, que Kim calla pero nosotros encontramos en todos los comentarios de Europa y América Latina: el peso muerto de la arrogancia.

    George Karl, técnico del equipo estadounidense
    "Nos han alcanzado" declaró Karl tras la segunda derrota.
    Luca Chiabotti, de la Gazzetta dello Sport, por ejemplo, dice que "se hizo justicia, porque hasta ahora los argentinos han sido el mejor equipo del mundial, mientras que Estados Unidos ha sido uno de los peores, en relación con su potencialidad".

    Y el comentarista italiano agrega: "Los más fuertes en los papeles, pero mal preparados y poco envueltos emotivamente, han sido batidos por quienes ponen el alma cada segundo que pasan en el campo. Una lección de deporte."

    El español Enric Corbella, de Marca, también destaca la arrogancia que lleva a Estados Unidos a "menospreciar al resto de los equipos".

    En Estados Unidos alegan que los mejores jugadores de la NBA no estaban disponibles, que el equipo comenzó el mundial con apenas diez días de preparación y dos partidos amistosos, que si realmente quisieran...

    Pero ese es justamente el punto: si ellos quisieran... pero no quieren; por eso caen los poderosos.

    Nadie pone en duda que Estados Unidos tiene el mejor baloncesto del mundo y que puede ganar cualquier torneo que se proponga. Nadie dice que los jugadores yugoslavos y argentinos sean mejores.

    Lo importante, lo revolucionario, es que el gigante ha caído, que lo han derribado los atletas de Lilliput. Esto es bueno para todos, incluso para Gulliver.


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