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Escribe: Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 27 de julio de 2002 - 15:35 GMT
Rivaldo, Riquelme y los Simpson
El técnico del Barça Louis Van Gaal
En la salida del Barça de Rivaldo, la prensa presentó a Van Gaal como un ogro.
Escribe Raúl Fain Binda

Riquelme llega y Rivaldo se va... Este movimiento pendular, el arribo y la partida, tiene un aire a cosa inexorable, como las mareas o las erupciones.

Un gran club de fútbol aborrece el vacío: cuando una figura inspiradora se marcha, tiene que llegar otra. Sin ir más lejos, Rivaldo llegó al Barcelona para llenar el vacío dejado por Ronaldo, y Ronaldo llegó para cubrir el espacio de Romario, y éste...

Los Simpsons
Van Gaal-Homero Simpson agarró por el cogote a Bart-Rivaldo y lo sacudió a la vista de todos.

Estas transiciones suelen ser traumáticas, pero en ninguna parte como en Barcelona.

En el Barça todo es drama, todo el tiempo. La vida en el club parece una repetición perpetua, ab aeterno, de un solo instante de los Simpsons, ese en el que Homero acogota a su hijo Bart.

El club se enorgullece con razón de haber tenido en sus filas a muchos de los mejores jugadores de todos los tiempos, pero lo cierto es que la mayoría se marchó entre empujones y forcejeos.

No hablamos de Di Stefano, que pasó fugazmente por el Barça, sin tiempo para chocar con nadie. Hablamos de Luis Suárez, que luego triunfó en el Inter, hablamos de Maradona, de Schuster, de Neeskens, Sotil, Cruyff, Zubizarreta, Laudrup, Romario, Figo, Guardiola, Ronaldo y tantos otros. Y ahora Rivaldo...

La partida de Rivaldo, que convenía a todos, estuvo más o menos bien manejada hasta que Louis Van Gaal trató de explicar las verdaderas razones de la ruptura.


El reemplazante de Rivaldo, en la imaginación popular al menos, es Riquelme, un personaje tan escurridizo, ambiguo y difícil como su predecesor

Fastidiado porque la prensa lo presentaba como un ogro, Van Gaal recordó los abusos de confianza perpetrados por Rivaldo, su falta de compromiso con el club que le pagaba como a un rey... la lista de ofensas es interminable.

Lo cierto es que Rivaldo recorre a paso lento su camino de jugador. Es tan bueno, tan capaz de decidir los partidos importantes, que nadie puede entender por qué no tiene más títulos al nivel de clubes.

Su actitud es tan cínica, tan calculadora, que parece justificar cualquier reacción, cualquier reproche.

Cualquiera, pero no el de Van Gaal, un holandés que a diferencia de Johan Cruyff se pierde en los meandros del alma catalana.

Van Gaal no habla catalán y su español es atroz. En el debate, su estilo es agresivo, despectivo, soberbio. Y una cosa es un soberbio que nos envuelve con palabras bien elegidas y otra muy diferente un arrogante que apenas se hace entender en un idioma "extranjero", que eso es el castellano para los catalanes.

El holandés ofreció datos ciertos, irrefutables: Rivaldo estaba manipulando a los hinchas, a los dirigentes, al periodismo, a los contadores. Y encima ahora pedía vacaciones extendidas, a pesar de que apenas había jugado la temporada pasada.

Juan Román Riquelme
¿Protagonizará Riquelme otro culebrón en la historia del Barsa?

Todo cierto, pero innecesario. Rivaldo y el Barcelona ya se habían puesto de acuerdo en una salida honorable, que por supuesto faltaba a la verdad, pero he aquí que Van Gaal-Homero Simpson agarra por el cogote a Bart-Rivaldo y lo sacude a la vista de todos.

Rivaldo estuvo a la altura de las circunstancias: replicó agraviando a Van Gaal, descalificándolo como persona y como profesional; "me da lástima", dijo, como de un perro lastimado.

Una novela al mejor estilo del Barça, innecesaria y perjudicial para la imagen del club.

El reemplazante de Rivaldo, en la imaginación popular al menos, es Riquelme, un personaje tan escurridizo, ambiguo y difícil como su predecesor.

Si a Rivaldo le acusan de no esforzarse, qué se puede decir de Riquelme, que sólo juega cuando quiere y mira entrenarse a los demás sentado sobre una pelota.


(Riquelme) es el típico jugador que decide las cosas por motivos muy personales y a un ritmo diferente del resto de los mortales

El brasileño y el argentino comparten la condición de intruso, de extraño, de forastero, de ese personaje que no encaja en las expectativas del dueño de la pelota.

Riquelme llega a Barcelona y la prensa confunde su silenciosa timidez de marginado con la sabiduría de un varón estoico que no debe probar nada.

El argentino es el típico jugador que decide las cosas por motivos muy personales y a un ritmo diferente del resto de los mortales.

En Boca Juniors Riquelme se lució bajo la conducción de un entrenador que le daba rienda suelta mientras espoleaba al resto de la plantilla. En el Barsa y con Van Gaal, esto es muy difícil.

Rivaldo y Riquelme son productos tardíos, como ciertos melones fuera de temporada.

Pertenecen a la época en que los deportistas se daban cuando les venía bien a ellos, dejándose llevar por la chispa interior. Ahora, en cambio, deben bailar al ritmo que les dictan otros, sostenidos por contratos y corsés legales.

Cada vez es más difícil ser independiente, feliz y rico...

Pobre gente, sólo tiene sus millones para consolarse.


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