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Escribe: Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 22 de junio de 2002 - 19:16 GMT
La abdicación de Beckham
David Beckham y Roberto Carlos
"Beckham intercambió camisetas con Roberto Carlos y luego buscó a Ronaldo para pedirle la suya"
Escribe Raúl Fain Binda

Como cualquier partido de fútbol, Brasil 2 - Inglaterra 1 admite diferentes interpretaciones, según los amores y prejuicios de cada uno... pero seguramente una explicación será mejor que las otras.

Los invito a buscar conmigo la mejor descripción del partido que acaso haya sido la clave de este Mundial.

Descripción A: Inglaterra se entregó sin luchar ante un Brasil superior pero vulnerable.

Beckham salta para evitar la entrada de Roque Junior
Beckham evitó una entrada brasileña, en una jugada que terminó en gol para Brasil.
¿Es esta la mejor representación de lo ocurrido el viernes? Tal vez suene demasiado general. A ver esta otra...

B: Fracasaron los personajes más importantes del equipo inglés; el Gran Arquero regaló un gol de biógrafo, el Gran Capitán desapareció del campo de batalla y el Gran Entrenador no supo cómo atacar a un adversario reducido a 10 hombres.

Muchos admiradores del fútbol brasileño preferirán la versión C: La superioridad del equipo de Felipao es tan grande que rindió impotente a su rival más peligroso en este Mundial. El pentacampeonato está asegurado.

Versión D: Sin mucho esfuerzo, un discreto equipo brasileño le dio una lección a una Inglaterra defensiva y timorata, que ha adoptado el catenaccio que siempre criticó a los italianos.

Interpretación E: Bastaron dos genialidades de Ronaldinho para apagar el fuego inglés. De haber seguido en la cancha, Brasil ganaba por tres o cuatro goles de diferencia.

Bloqueo mental

A mí me gusta más la explicación F: Inglaterra se rinde ante Brasil porque tiene un bloqueo mental con ese país.

Lo sabe muy bien el alter ego de Sven Goran Eriksson, el psicólogo deportivo Willi Railo (ver "Una lección de psicología", en la serie anterior de La Vida es Juego).


(El psicólogo deportivo Willi Railo) relata el caso de un jugador (del Manchester United) que se podía imaginar venciendo a todos "mano a mano"... menos a Ronaldo: la mera idea de enfrentar al brasileño lo descomponía

En el libro que Railo escribió con Eriksson (el título en sueco es El Juego Interno), el psicólogo relata el caso de un jugador (del Manchester United) que se podía imaginar venciendo a todos "mano a mano"... menos a Ronaldo: la mera idea de enfrentar al brasileño lo descomponía, le daba nausea.

En otra referencia al mismo bloqueo, Railo cuenta que un "importante" jugador italiano tenía problemas con su juego... que resultaron enfocados en el AC Milan. "Fulano había admirado al Milan de pequeño, y ahora, de grande, su subconsciente no podía asimilar la idea de batir al Milan", escribe Railo.

Ambas citas, entrelazadas, sugieren que los ingleses, durante su prolongada ausencia del primer plano, aprendieron a amar a los brasileños y ahora no son capaces de enfrentarlos.

Ganarles equivaldría a traicionarlos.

Templar la admiración

Conviene señalar que Inglaterra-Brasil, que suena como un clásico histórico, en realidad no se daba en alta competición desde 1970.

Durante estos 32 años, los ingleses cultivaron su bloqueo: ahora, cada vez que piensan en Rivaldo y Ronaldo se babean de emoción y no son capaces de pelear.

David Beckham y Roberto Carlos
Beckham: demasiado respeto hacia los brasileños.
La rivalidad siempre tiene un elemento de admiración, pero si no se templa en el enfrentamiento, el que admira se queda en mero devoto.

Muy diferente es la reacción de Inglaterra ante el otro gigante sudamericano: cuando los ingleses enfrentan a la Argentina, lo hacen con determinación, con garra y, por encima de todo, con la esperanza o la convicción de poder ganar.

Cuando Beckham piensa en Simeone le hierve la sangre; cuando piensa en Roberto Carlos le entran los temblores y le pide la camiseta...

Y esto no es un exceso retórico: tras una actuación lamentable (tan pobre como la de Juan Sebastián Verón en Argentina-Inglaterra) Beckham intercambió camisetas con Roberto Carlos y luego buscó a Ronaldo para pedirle la suya. Si en el camino se le cruzaba Pelé, hubiera caído de rodillas ante el Dios moreno.

Un torneo serio

Un Mundial no es un torneo de club social. En una competición de esta importancia, la caballerosidad con el adversario está muy bien si uno se ha batido con el cuchillo entre los dientes.

Los jugadores ingleses quedaron tan bien con los brasileños como mal con su público, que esperaba más combatividad.

El asunto se veía venir. Beckham y sus compañeros fueron a ver el partido previo de los brasileños y aplaudieron sus jugadas como colegiales de vacaciones.

Después del partido del viernes, algunos jugadores ingleses justificaron la derrota diciendo que "fue ante los brasileños", como si eso lavara el dolor.

David Beckham y Roberto Carlos
"Cuando Beckham piensa en Simeone le hierve la sangre; cuando piensa en Roberto Carlos le entran los temblores"
No hace falta ser Willi Railo para ver el desgarramiento en la fibra moral de esta gente. La derrota les debería doler el doble justamente porque fue ante los brasileños.

Cada uno tiene la estatura de sus enemigos, no de sus ídolos.

Eriksson, asesorado por Railo, supo desde el principio por donde pasaba el punto de fractura: insistió en todos los idiomas que "a Brasil hay que jugarle igual que a la Argentina". Con el mismo vigor y determinación.

No lo escucharon, como diría Railo, "porque el subconsciente del equipo no puede tolerar la idea de ganarle a Brasil".

Sometimiento ante el gigante

A los argentinos una derrota ante Brasil (y también ante Inglaterra) les duele más que ante Bolivia o Suiza, por la sencilla razón de que en esos enfrentamientos clásicos arriesgan mucho más que el prestigio.

Este obsecuente equipo inglés ha condenado al fútbol de su país a una nueva etapa de sometimiento ante el gigante. Esto es malo para el fútbol internacional.

"No se puede negar que Brasil es superior", dirán de ahora en adelante, sin ver que esta resignación vale para Luxemburgo o San Marino, no para el país de Stanley Matthews.

Matthews fue el último jugador inglés que atemorizó a un brasileño, a Nilton Santos (abuelo futbolístico de Roberto Carlos).

Lamentablemente ya no está con nosotros.


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