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Sábado, 08 de junio de 2002 - 18:29 GMT
Por la tirria que se tienen
![]() ¿En qué se asemejan Simeone y Beckham?
Escribe Raúl Fain Binda
Argentina-equipo jugó como Argentina-país, o sea muy por debajo de sus posibilidades. Inglaterra jugó en la curva ascendente de su cuadro esquizoide (júbilo y ditirambos los días impares, depresión y reproches los pares: su anterior hazaña fue el 1 de setiembre 2001, Inglaterra 5 Alemania 1; su anterior tropiezo el 2 de junio 2002, 1 a 1 con Suecia).
La guerra, dirán ustedes, la razón es la guerra. Sí, hasta cierto punto, pero ingleses y argentinos se estaban arrancando la cresta desde mucho antes del choque en Malvinas. En algo nos parecemos A nosotros se nos ocurre que el asunto que tanto encocora a ambos pueblos es su marcada semejanza, no su diferencia. Mucha gente ha llamado la atención sobre las similitudes entre ciertos rasgos de carácter de ambos pueblos. Argentinos e ingleses comparten la angustia de una prolongada decadencia dentro de sus respectivos ámbitos: Argentina, que a principios del siglo XX contemplaba su destino de futura gran potencia, comienza el XXI como todos sabemos, mientras que en el mismo lapso Inglaterra se despeñó desde sus alturas de gran potencia. Las razones de cada caso son muy diferentes, claro. Un contraste notable es que los argentinos no hayan podido forjar su grandeza mientras que los ingleses no pudieron conservar la suya. O sea que unos estuvieron en la cumbre y otros no.
Estas y otras razones explican la inseguridad de argentinos e ingleses, uno de tantos rasgos compartidos (la arrogancia que muchos atribuyen a ambos pueblos es una de las máscaras clásicas de la inseguridad). Como para un tango También la melancolía, común a los aficionados de ambos países cuando se dan cuenta de que deberían tener mucha más gloria de la que tienen, ya que por una combinación de miopía y mala suerte tanto Inglaterra como Argentina perdieron la oportunidad de ganar títulos mundiales justamente cuando eran más fuertes. La Asociación Inglesa de Fútbol cometió un grave error en 1928, cuando se retiró de la FIFA y por consiguiente no pudo (no quiso) participar en los campeonatos mundiales de 1930 en Uruguay, '34 en Italia y '38 en Francia. Su aislamiento le hizo perder un momento crucial del desarrollo técnico del fútbol, impulsado especialmente por uruguayos y argentinos.
Dejando de lado al inaudito Maradona, los mejores jugadores argentinos de las últimas décadas han sido meros artesanos en comparación con aquella camada que precedió y acompañó a Di Stefano. Y el diván también La paranoia y la depresión son otros de los rasgos compartidos por ingleses y argentinos. Ambos pueblos, por lo menos en el fútbol, tienen la certidumbre de que los demás "la tienen" contra ellos y que se deben batir solos, sin amigos ni escuderos.
El "Times" de Londres, por ejemplo, se toma hoy el asunto a la chacota: en un editorial recuerda que hace unos días, después de Suecia 1 Inglaterra 1, había criticado ferozmente al equipo nacional, diciendo que la obligación de contemplarlo era una "tortura", y que el próximo partido con Argentina requeriría el "masoquismo colectivo" de los aficionados. "Bien, quisimos decir exactamente lo contrario. No es cierto que Seaman sea un anciano decrépito, ni Rio Ferdinand un río brasileño (...) Así como las acciones bursátiles sólo pueden subir, únicamente Inglaterra tiene el talento y la determinación para ganar la Copa del Mundo", concluye el Times. ¡Y esto en un editorial! Pasión, sí; panza, no Todo esto, combinado, hace que Argentina e Inglaterra estén constantemente buscando héroes y villanos en propios y extraños. En esto, los ingleses ganan de lejos. En Argentina admiran a Beckham y adoran a Owen. En Inglaterra, más allá de cierto respeto por Batistuta, no quieren a ningún argentino; Simeone es el demonio, que en el mundial de 1998 "provocó" al pobre Beckham y lo hizo echar, con tanto cálculo (pareciera) como Maradona convirtió su "gol de la mano de Dios".
Este blanqueo de personalidades y reputaciones, este caprichoso sube y baja de los humores, es una de las cosas que hacen tan atractivo al fútbol. Todos deberíamos agradecer y bendecir a ingleses y argentinos por darnos uno de los grandes espectáculos del deporte internacional. Sin rivalidad no hay pasión. Sin pasión... el fútbol pasa a ser cosa de oficinistas, apenas bueno para bajar la panza. |
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