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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 26 de enero de 2002 - 17:24 GMT
La juerga de cada día
Patrick Kluivert
Nadie dio nombres pero todos recordaron rumores anteriores que mencionaban a jugadores holandeses.
Escribe Raúl Fain Binda.

Agotada al parecer la indignación popular ante las juergas de ciertos futbolistas ingleses, les toca el turno a las bacanales de holandeses y españoles.

Barcelona y Madrid, polos opuestos del carácter español, están de nuevo en guerra, debido a que medios de comunicación madrileños informaron de una fiesta "con mujeres" que cinco futbolistas del Barça organizaron en una o dos habitaciones del Hotel Hesperia, de Madrid, la noche anterior al partido con el Rayo Vallecano.

Los señalados eran "dos holandeses y tres españoles" del equipo, que al día siguiente perdió en forma lastimosa ante el Rayo, el último de la tabla de posiciones.

La conexión holandesa en este supuesto tráfico de orgías tiene un antecedente muy fresco: el diario danés Berlingske Tidende denunció hace poco que varios internacionales holandeses participaron en una "fiesta erótica" en un hotel de Copenhague, la noche anterior al amistoso Dinamarca-Holanda del 10 de noviembre.

Los señalados con nombre y apellido fueron Patrick Kluivert (Barcelona), Edgar Davids (Juventus) y Frank De Boer (Barcelona).

Después de algunas idas y venidas, la bailarina que denunció la fiesta se retractó parcialmente, diciendo que sólo había compartido unos tragos con los jugadores.

Rayo 2 - Barcelona 1
La derrota ante el Rayo significó el fin de una seguidilla de victorias del Barcelona.
El escándalo tuvo muchos colores, porque se dio en un marco de calamidades: Holanda (uno de los tres o cuatro mejores equipos del mundo) no pudo clasificarse para el mundial y tres jugadores dieron "positivo" por consumo de nandrolona.

No hace mucho, Kluivert dio positivo en un control de alcoholemia cerca de una zona de bares nocturnos en Barcelona.

Y ahora esto del Hotel Hesperia de Madrid.

Los dirigentes y los jugadores niegan la versión "de medios madrileños" (no hay nada más pérfido para un catalán), con tres argumentos que suenan convincentes.

Primero, el hotel envió una carta al club, certificando que ningún jugador pagó en metálico ni tarjeta de crédito por ningún servicio (la versión hablaba de una cuenta bastante abultada).

Segundo, que una de las habitaciones mencionadas como escenario de la supuesta bacanal estaba ocupada por un conocido aficionado del Barça, quien alegó que había viajado con su esposa.

Tercero, que otra habitación mencionada era contigua a la ocupada por el vicepresidente del club, Ángel Fernández, cuyo oído es tan bueno como el de cualquier hijo de vecino.

Esta argumentación pierde solidez por una admisión paralela: que esa noche algunos jugadores departieron 20 minutos, después de las 11 de la noche, con "unas señoras que les pidieron autógrafos, invitaciones para el partido y souvenires".

Carles Rexach, técnico del Barcelona
Rexach ha negado sanciones y no quiere escuchar hablar más del tema.
Tomen nota de la palabra "señoras", con la que se quiere dar mayor respetabilidad a las visitantes nocturnas. En un mundo de hipócritas, una "señora" es más honorable que una "señorita" y mucho más que una "mujer" a secas.

La defensa del Barça se debilitó aun más cuando trascendió que el lunes, al día siguiente del partido, cuando la denuncia todavía no había emergido, el entrenador Carles Rexach amenazó al plantel con dar a conocer la conducta irregular de ciertos jugadores.

Uno de los vicepresidentes del club, Joan Castells, admitió en forma sugestiva que "de pasar, ha pasado algo y algunos jugadores estaban fuera de horario y ocupados de otros temas, aunque fuera el firmar autógrafos, aunque no pasara a asuntos mayores".

En Barcelona también se menciona la posibilidad de que la información sobre la fiesta en Madrid se haya originado en confidencias de otros jugadores, que se sienten perjudicados por la actitud irresponsable de sus alegres compañeros.

Bueno, basta, ustedes ya tienen todos los elementos de juicio. Lo que queda por averiguar es la razón de tanto escándalo, el porqué de tanto estruendo y furia. Después de todo, la reunión en el Hesperia no fue un aquelarre, con machos cabríos y brujas.


A esta altura del partido, el exceso de alcohol, el desorden sexual y la falta de sueño convierten a un campeón en un jugador del montón. Y un atleta de medio pelo no puede pretender una fortuna

Los excesos de triste memoria en el fútbol inglés ofenden cualquier moralidad, porque se caracterizan por actos de violencia física y verbal contra personas y propiedades.

A primera vista, el hecho de reunirse con algunas "señoras" en una habitación de hotel sólo debería ofender a la compañera ausente o al entrenador burlado.

En realidad, el interés se justifica porque estos señores que aspiran a una vida privada proyectan una imagen pública ejemplar, de sobriedad, de solidaridad con los enfermos y los niños. Por eso, cuando les asoma la hilacha, la gente protesta.

A esta altura del partido, el exceso de alcohol, el desorden sexual y la falta de sueño convierten a un campeón en un jugador del montón. Y un atleta de medio pelo no puede pretender una fortuna.

En otras actividades es diferente.

Un escultor puede tener orgías todas las noches sin desmedro de su capacidad creativa, si puede evitar el temblor en las manos.

Las juergas le vienen muy bien a un escritor, porque extienden su conocimiento del alma humana.

A un albañil, una bacanal de vez en cuando le devuelve la sonrisa.

A un atleta, en cambio, los excesos le caen como una piedra en el hígado. Y entonces trampea: su rendimiento baja, pero su agente exige más dinero.

Fíjense ustedes que lo ocurrido en Copenhague y Madrid emerge y se convierte en escándalo en el marco del bajo rendimiento de los protagonistas.

Si olfatean con cuidado, podrán ustedes detectar el tufillo de la hipocresía.


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