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Domingo, 06 de enero de 2002 - 12:19 GMT
Dejen salir a las mujeres
![]() Carolina Doménech da la mano al arquero del Atlético de Madrid, Germán 'Mono' Burgos.
Escribe Raúl Fain Binda. Carolina Doménech y Ellen MacArthur acapararon buena parte de la información deportiva en la primera semana del año. La española Doménech es árbitro de fútbol y el 2 de enero dirigió el amistoso Real Madrid-Atlético de Madrid, en el estadio Santiago Bernabeu, ante 50.000 espectadores.
Doménech es una vendedora de artefactos eléctricos elevada al estrellato por ser la primera mujer que haya arbitrado en el Santiago Bernabeu. Ahora cabe esperar que lo haga en un partido oficial. MacArthur es una navegante hecha y derecha, que compite en pie de igualdad con los hombres más endurecidos: sus hazañas la han convertido en uno de los personajes más conocidos del yachting. Ya ven la diferencia entre estas mujeres: Carolina es un símbolo de lo que puede venir, de lo que debe ser, mientras que Ellen es un dato concreto de la realidad. El deporte femenino se mece entre estos puntos de referencia. Lo mismo ocurre con el periodismo deportivo practicado por mujeres. En ambos casos hay realidades rotundas como una casa, que proclaman a los cuatro vientos la simetría entre el rendimiento profesional de los hombres y de las mujeres. El periodismo deportivo británico ofrece numerosas columnas de opinión firmadas por mujeres: la página de rugby (acaso el más machista de los deportes) del Times de Londres está dirigida por una mujer, una de sus columnistas más festejadas. En España, en cambio, el país hispanohablante más liberal, la abrumadora mayoría de las profesionales ejerce la crónica, el aporte de la mera información para la digestión del organismo periodístico.
Cuando se haga evidente que las españolas consumen más información deportiva, las empresas no podrán negar espacio a las comentaristas: es lo que ha ocurrido en todas las otras secciones periodísticas desde la caída de Franco. Y eso abre paso a la cuestión de fondo: la competencia de las mujeres. ¿Entienden o no entienden de deporte las mujeres? Si nadie se hace ya una pregunta similar en relación con la política, la medicina o las ciencias ocultas, ¿por qué en ciertos círculos se sigue cuestionando la capacidad de las mujeres para practicar o comentar el deporte? Pues porque se reconoce que el punto de vista femenino transformará la práctica y la percepción del fenómeno deportivo. Esta transformación está en una fase primitiva, pero en algunos países ya es evidente. Si de la prensa inglesa sólo tomamos en cuenta el Times, el único diario que leí en las últimas dos semanas (de visita en los páramos de Yorkshire, con una imprescindible escala en la casa de las hermanas Bronte, en Haworth), el panorama deportivo tiene un tinte crecientemente femenino.
La edición de hoy contiene una extensa entrevista (firmada por un hombre) con Nicola Gautier, una de las heptatletas olímpicas británicas que en los juegos de invierno del mes que viene en Salt Lake City también participará en el equipo de bobsleigh. Esta versatilidad, muy rara ya entre los hombres, es una de las características más estimulantes del deporte femenino. La mayoría de los críticos masculinos ya han dejado de lado las referencias a la fragilidad física de las mujeres como argumento de marginación. Esto es evidente en el tratamiento respetuoso que dan a personajes como Ellen MacArthur, una mujer pequeñísima pero suficientemente fuerte, al parecer, para acometer todas las maniobras en alta mar (como lo prueba el hecho de que su hazaña más formidable fue la vuelta al mundo en solitario: no tuvo ningún hombre "para los trabajos pesados"). Algunas mujeres, todavía a la defensiva, siguen utilizando recursos de "guerra de los sexos", como la columnista que al explicar los misterios del "snowboard", el 31 de diciembre, daba crédito al argumento de que las mujeres, por ser más pequeñas y flexibles, son mejores que los "hombres que sólo aplican la fuerza bruta en sus maniobras".
En realidad, el debate es otro, muy diferente. El deporte sólo tiene sentido si se lo practica dentro de un marco social. Un gimnasta que se ejercita sin referencia a los demás es un monje o un chiflado. Durante mucho tiempo, el marco social del deporte, de la mayoría de los deportes, fue masculino. El desarrollo de la sociedad nos lleva ahora a la paulatina integración del punto de vista femenino. El deporte que salga de esta conjunción será necesariamente diferente. En esto, la imagen dará forma al objeto reflejado. Llegará un día en que una periodista comentará con naturalidad un partido de fútbol (masculino) arbitrado por una mujer, sin hablar de "acontecimiento histórico" ni provocar reacciones de rechazo en los lectores o de celos profesionales entre sus colegas varones. El fútbol será entonces menos violento, dentro y fuera de la cancha. Y la vida será más entretenida, porque habrá diversidad. Las conversaciones de fútbol entre varones suelen ser unánimes y por eso mismo terriblemente aburridas. Ya es hora de abrir las puertas de los gineceos. |
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