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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 13 de octubre de 2001 - 17:13 GMT
Dr Maradona and Mr Hyde
México 86
Cuando Dios mete la mano...
Escribe Raúl Fain Binda.

Con la ayuda de médicos cubanos, preparadores colombianos y promotores argentinos, el genio (o Leviatán si ustedes quieren) del fútbol mundial presentará el 10 de noviembre una nueva versión de sí mismo con la camiseta del seleccionado argentino, en un "partido de despedida".

Como en tantas cosas que atañen a Maradona, la ocasión será gloriosa y al mismo tiempo extravagante: memorable, porque es un merecido homenaje al gran protagonista del fútbol argentino; chocante, porque el retiro de la camiseta número 10 es un descenso a la oscuridad de los fanáticos.

Diego en 1979
1979: Con poemas en los pies
Con el mismo espíritu, habría que retirar el violín de Menuhin y los brasileños deberían quemar en la hoguera al pobre infeliz que quiera vestirse de Pelé.

¿Qué mayor homenaje a un prócer que llevar con respeto algo que le haya pertenecido?

Los militares argentinos reciben "el sable de San Martín" al graduarse de subtenientes y se sienten privilegiados. ¿Qué mejor estímulo para un joven talentoso que la posibilidad de ponerse "la número 10" de Maradona?

Para quedar bien con él pisotean las esperanzas de las próximas generaciones. El verdadero responsable de esta salvajada es el homenajeado, que la tolera.

Lo que ocurre es que existen muchos Maradonas, y no todos son sabios.

En 1980, por primera y última vez, conversé con Maradona. O al menos con una de las numerosas personas que coexisten en el mismo cuerpo. A veces creo que los tirones y las exigencias de esa muchedumbre interna son las verdaderas causas del cansancio de Diego Armando Maradona.

Diego
El 10 y la 10 se despiden el 10 de noviembre.
No fue una entrevista. Un fotógrafo veterano había gestionado una breve aparición del gran hombre en su hotel de Londres, en beneficio de un grupo de colegas que no había podido fotografiarlo en el aeropuerto, a la llegada de la selección argentina. Los cronistas prometimos no inmiscuirnos.

"Háblale", me pidió un fotógrafo, para hacer más natural su postura.

Yo había prometido no hablar de fútbol. Necesitaba otro tema, y elegí el destino:

-El partido se juega el martes 13, ¿sos supersticioso? -Dios les da el martes 13 a todos; para ellos también es martes 13. -No, para los ingleses el día de la mala suerte es el viernes 13. Para ellos un martes 13 es un día como cualquiera.

Maradona me miró sin responder, con un aire de "caramba con estos gringos".

Inglaterra venció a Argentina 3 a 1 ese martes 13 en Wembley.

Diego
Diego versión 1992 en Sevilla.
("Dios no juega a los dados con el Universo", dijo Albert Einstein. "No sólo juega a los dados sino que a veces los tira donde no se pueden ver", replica ahora Stephen Hawking. "Y a veces mete una mano", podría agregar el Maradona de México 86).

El Maradona de 1980 en el Royal Garden Hotel tenía el aire inocente de los 20 años y parecía incapaz de las cosas terribles que después atribuyeron a los otros Maradonas.

Entonces yo acababa de llegar a Inglaterra y estaba explorando Londres. A pocos metros del hotel, en el Palacio de Kensington, había visto la colección de muñecas de la reina Victoria: varias de ellas tenían la misma expresión plácida, inocente, del chico de Villa Fiorito.

Desde entonces hemos visto muchos Maradonas, uno de ellos un genio futbolístico incomparable, pero yo prefiero a aquel chico con mirada de muñeco del Royal Garden Hotel, que en su ingenuidad no creía a Dios capaz de jugar a los dados con el Universo.

El título de esta columna alude al relato del escocés Robert L. Stevenson, El extraño caso del doctor Jeckyll y el señor Hyde. El médico, conciente de la dualidad del alma humana, inventa una droga que le permite transmutarse en otro individuo, Hyde, que concentra los impulsos perversos de la personalidad original, purificando así al buen Jeckyll. El experimento termina en desastre, por supuesto.

Diego
Otro Maradona, en 2001.
La comparación no es enteramente válida, porque Mr Hyde era realmente malvado, mientras que ningún Maradona parece de esa persuasión. Sus críticos podrán llamar a alguno de ellos alocado, imprudente, boca sucia, insolente, desagradecido, muchas cosas, pero nunca malvado.

El Maradona actual es uno de los más negativos del vasto catálogo de esa personalidad multifacética. Su reciente autobiografía sólo refleja a un hombre sombrío, rencoroso, con apenas algunas chispas de aquella brasa que ardió con tanta generosidad en los años 1970 y 1980.

Nos dicen que las sombras y el rencor se corresponden con el estado de ánimo de los hinchas de Maradona como grupo social.

Perdón, pero yo también soy hincha de Maradona, aunque a él le pese.

Pero hay que ver de qué Maradona estamos hablando. A mí no me gusta el Maradona actual, con mensaje de justiciero y actitudes de oligarca. El que me gusta es el Maradona con poemas en los pies y la mirada límpida de los 20 años. A ese, que nos da esperanza, queremos ver o imaginar el 10 de noviembre.

Que otros se queden con el resto de la muchedumbre.


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