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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 22 de septiembre de 2001 - 15:42 GMT
Líder, mago, se busca
Carlos Bianchi, director técnico de Boca Juniors
Carlos Bianchi y sus trofeos.
Escribe Raúl Fain Binda

Carlos Bianchi, el entrenador más exitoso en la historia de Boca Juniors, dejará su puesto el 31 de diciembre. En Buenos Aires dicen que lo reemplazará el uruguayo Oscar Tabárez, el gran conductor xeneize de los años '90.

Dino Zoff, el viejo gruñón del fútbol italiano, fue reemplazado al frente del Lazio romano por el afable Alberto Zaccheroni, despedido hace algún tiempo por Silvio Berlusconi, el patrón del Milan.

Román Riquelme, jugador de Boca Juniors
Riquelme, el motor del equipo xeneize.
(Si ustedes leen Milán, con acento prosódico agudo, como la ciudad, quiere decir que después de varios años de esfuerzos no he podido convencer a mis editores de que el nombre del club se escribe y se pronuncia con acento grave, Milan; se trata de la pronunciación italiana del nombre inglés del club, Milan, sin tilde. Los ingleses, para fastidiar, pronuncian el nombre como los españoles, Milán, pero a los italianos les cuesta mucho cargar el acento en la última sílaba de una palabra.)

En época de crisis buscamos o inventamos un líder. Ningún ámbito escapa a la necesidad de llenar el vacío dejado por los fracasados o los inútiles.

O por los exitosos que se retiran. Es el caso de Alex Ferguson, el dictador escocés del Manchester United, que se jubila al cierre de esta temporada. Para reemplazarlo suenan el alemán Ottmar Hitzfeld (del Bayern Munich), el francés Arsene Wenger (del Arsenal) y el italiano Fabio Capello (del Roma).

Con esto de los entrenadores ocurren cosas desconcertantes. Es natural que el héroe de hoy sea el fracasado de mañana, pero en fútbol también se da al revés: el fracasado de hoy puede ser el héroe de mañana.


En época de crisis buscamos o inventamos un líder. Ningún ámbito escapa a la necesidad de llenar el vacío dejado por los fracasados o los inútiles

En la puerta giratoria del Juventus, por ejemplo, Marcelo Lippi sale por un lado y entra por el otro, dejando en la calle al pobre Carlo Ancellotti, "un buen técnico para salir segundo", en la generosa opinión del patriarca Gianni Agnelli.

(En Milán ya están ensayando la misma frase para lapidar a Héctor Cúper si no sale campeón de algo con el Inter.)

No sería raro que el pobre Ancellotti termine salvando al Real Madrid o al Barcelona, actualmente en manos de técnicos "de la casa", Vicente del Bosque y Carles Rexach.

Los presidentes de clubes de fútbol suelen tener delirios de grandeza. Se ven a sí mismos como mariscales, con una visión global del campo de batalla y la situación política. El problema es que suelen meter la pata al elegir sus generales.

Según este enfoque, un entrenador o director técnico sería el equivalente futbolístico de un general de brigada, con visión del campo de batalla y al mismo tiempo suficientemente cercano en la cadena de mando para conocer a la tropa y ganarse su respeto.

En realidad, un entrenador es un trabajador más o menos honesto que para triunfar debe recurrir casi siempre a la prestidigitación y la venta de ilusiones.

Carlo Ancellotti
Carlo Ancellotti, "un buen técnico para salir segundo".
Se dirá que lo realmente importante es su conocimiento técnico del fútbol, su visión estratégica del juego, su capacidad para imaginar los movimientos tácticos en la cancha... Sí, sí, todo esto es vital, pero también es sabido por cualquier buen profesional.

El fútbol no es muy complicado. Un entrenador de segunda división puede saber básicamente lo mismo que el más exitoso de los superhombres de Milán o Madrid.

Lo más importante que necesita un nuevo entrenador es un plan de paz. Los vestuarios de un equipo perdedor (de no serlo, ¿para qué traer un nuevo técnico?) son bosques de pensamientos sombríos, de resentimiento o resignación.

Casi siempre hay un caudillo con su camarilla de amigotes que desafían a la autoridad. El problema se agiganta si el caudillo es un crack.

El típico equipo perdedor tiene mentalidad de equipo perdedor y muchas veces responde al perfil del club.

Willi Railo, el psicólogo deportivo de moda (por su conexión con Sven Goran Eriksson, el entrenador del seleccionado inglés de fútbol y antes del Lazio), dice que la gran prioridad inicial es identificar y extirpar las ideas y prejuicios negativos, del tipo "los árbitros la tienen con nosotros", "vayamos paso a paso", "no carguemos de demasiada responsabilidad a los muchachos" o "el año que viene los vamos a reventar".


Es natural que el héroe de hoy sea el fracasado de mañana, pero en fútbol también se da al revés: el fracasado de hoy puede ser el héroe de mañana

La escoba nueva debe introducir en el grupo ideas positivas y simples: "Hoy mismo, ya, cuanto antes", "jugamos de visitantes pero atacamos igual", "el cambio es bueno", "la responsabilidad es excitante", "este año ganamos la liga", "aunque hayamos perdido mantendremos nuestros objetivos", y especialmente "nosotros, nosotros, nosotros".

Esta unidad del grupo frente a sus enemigos deportivos desaparece gradualmente con el desgaste del entrenador y la interacción de tensiones con otros sectores del club. El caso de Boca Juniors es típico.

Bianchi hizo maravillas en el 2000 con un plantel modesto arracimado alrededor de Riquelme, un crack excepcional pero enfrentado con los dirigentes e intolerante con los compañeros que no le rinden pleitesía.

En la última temporada, con un plantel diezmado, Riquelme lesionado y una batalla campal con la dirigencia, Bianchi logró la hazaña de ganar nuevamente la Copa Libertadores. Finalmente, desbordado por una triple crisis, económica, de confianza y juego, las riendas se le fueron de las manos.

Si yo fuese presidente del club Roma, llamaría a Carlos Bianchi, el mismo técnico que despedí por inútil hace unos años.


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