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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 25 de agosto de 2001 - 17:20 GMT
El futbolista que no ladra
Ronaldo a la salida del hospital
Ronaldo, hasta entre doctores intenta no perder su sonrisa.
Escribe Raúl Fain Binda

Ya están en marcha los campeonatos de fútbol de España e Italia.

Aparte de Cassano, del Roma, no hay muchas figuras autóctonas nuevas. Casi todas las novedades son de jugadores extranjeros con otra camiseta.

Los comentaristas afilan sus lápices para ensalzar o hundir a Zidane en el Madrid, Saviola en el Barcelona o Salas en el Juventus.

Las opiniones sobre estos futbolistas en actividad serán muy variadas, pero en algo coincidirán (coincidiremos) todos: en elevar a los altares a Ronaldo, un jugador que no juega.

En una de sus aventuras, Sherlock Holmes señala la paradoja del perro que llama la atención porque no ladra.

Último partido de Ronaldo con el Inter
Para Scolari, el jugador está gordo.
Ese estruendo del silencio es más fácil de entender que el misterio de la fama y vigencia de un futbolista que no juega al fútbol, el equivalente deportivo de aquel can afónico.

Muchos diarios europeos se aferraban en los últimos días a la esperanza de que Héctor Cúper, el nuevo entrenador del Inter, introdujera a Ronaldo en el segundo tiempo del partido con el Perugia, o que lo presentara como titular en el segundo o tercer partido del campeonato.

Hace unos días todos hablamos de "la reaparición" de Ronaldo, en un amistoso con un equipo nigeriano, cuyos jugadores trataron al brasileño como si fuese de cristal. Cúper lo retiró a los 35 minutos de juego. No a los 42, fíjense, sino a los 35.

Los ronaldistas no escuchan la opinión profesional de los médicos ni de los técnicos.

El profesor Franco Combi, jefe de médicos del Inter, declaró hace unos días a la Gazzetta dello Sport que "resulta obvio que su estado físico no es ideal todavía: para eso habrá que esperar algunos meses". Algunos meses, fíjense.


La reaparición de Ronaldo es un espejismo, algo que vemos muy cercano pero que está del otro lado de la colina

El profesor dejó caer este juicio para refutar la opinión de Scolari, el técnico del seleccionado brasileño, que había calificado a Ronaldo de "gordo". Los ronaldistas querían que Scolari lo convocase para el crucial partido con Argentina.

En vez de decir que "Ronaldo está bien y reaparecerá dentro de poco tiempo", Combi sólo arriesgó que "el entrenamiento progresivo ha permitido alcanzar ciertos parámetros, entre ellos una importante disminución del peso".

En otras palabras, la reaparición de Ronaldo es un espejismo, algo que vemos muy cercano pero que está del otro lado de la colina.

¿Por qué queremos tanto a Ronaldo?

No se debe simplemente a que sea un buen futbolista.

Supongamos que a Rivaldo lo atropella un tren y se queda un año sin jugar: al poco tiempo apenas hablaríamos de él, a pesar de que para muchos es tan bueno o mejor que su compatriota.

Tampoco es una mera promoción comercial. Es cierto que la empresa estadounidense que invirtió en él tantos millones sostiene su imagen contra viento y marea, pero hasta organizaciones independientes, que no necesitan incentivos, tiemblan de emoción ante la posibilidad del retorno de Ronaldo, que siempre es "inminente".

Tiene que haber algo diferente.

Ronaldo, el verdadero Ronaldo, no juega desde antes de Francia 1998.

Durante el mundial fue una sombra y desde entonces ha sufrido una calamidad tras otra.

Esto condiciona su capacidad de recuperación, porque para un atleta del siglo 21, una duda íntima sobre su capacidad física es un motivo concreto de incapacidad.

Ronaldo tiene más de una duda: nadie, acaso ni siquiera él, sabe qué pasó con su equilibrio neurológico aquel día de la final.

Javier Saviola
Saviola - Barcelona, un amor marcado por la tragedia.
¿Es disparatado suponer que se pueda repetir? Esta pregunta, aunque sea inconsciente, debe torturar al brasileño, en igual medida que la posibilidad de que su rodilla lo traicione por tercera vez.

En realidad, preguntarse si el Ronaldo futbolista tiene un futuro a la altura de su pasado es cosa de apostadores y oráculos. De ser más sensatos, nos limitaríamos a repetir aquella pregunta:

¿Por qué queremos tanto a Ronaldo?

Yo creo que Ronaldo despierta el instinto maternal de la hinchada universal. Lo vemos como un inocente desventurado en un mundo de pícaros afortunados.

En el reino de la fantasía, Ronaldo es el joven rey del fútbol, que justamente el día de su coronación cae fulminado y desde entonces permanece en trance, a la espera de vaya uno a saber qué llamado misterioso.

Cuando la desgracia toca a los jóvenes, talentosos y puros (aunque esto último sea una mera percepción), desborda la generosidad de la hinchada.

Vean ustedes el caso de Javier Saviola.

Dagoberto Escorcia, corresponsal de BBC Deportes en Barcelona, nos dice que nunca ha visto un amor tan intenso y repentino como el de la hinchada por Saviola, cuyo padre falleció de cáncer pocos días después de la incorporación del argentino al plantel.

Pero Saviola es todavía una promesa, mientras que en el caso de Ronaldo ya es posible advertir algunos elementos del mito gardeliano: el héroe que cae joven, en circunstancias dramáticas, misteriosas, y que de una u otra forma no cesa de volver.


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