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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 11 de agosto de 2001 - 15:33 GMT
Las pequeñas grandes potencias

El fútbol es una obra común entre los ingleses y los escoceses.

Escribe Raúl Fain Binda

Anoche, a una hora indecente, uno de los canales digitales de la televisión británica pasó un programa español sobre el gran Ferenc Puskas, capitán y símbolo del equipo húngaro de comienzos de los '50, acaso el mejor seleccionado de la historia del fútbol, junto con Brasil modelo '70.

Al mismo tiempo, la incesante máquina que inventa o transmite noticias (una duda que yo tengo, no hagan caso) comunicaba, entre otras muchísimas cosas, que:

  • Álvaro Recoba, el del pasaporte, podrá jugar en el seleccionado uruguayo y en los partidos internacionales de su club, el Inter.

  • Los holandeses Davids y De Boer, los de la nandrolona, podrán jugar el miércoles en el amistoso entre su país e Inglaterra.

  • El director ejecutivo del Celtic insiste en que "tarde o temprano" su club y el Rangers, los dos gigantes escoceses, participarán en la Premier League inglesa.


Ferenc Puskas, capitán y símbolo del equipo húngaro de comienzos de los '50.
La máquina expelió muchas otras noticias, horrendas algunas, pero a mí se me quedaron esas cosas inocuas, porque son un homenaje de la escurridiza realidad a cuatro hitos permanentes: las pequeñas grandes potencias del fútbol internacional, Escocia, Uruguay, Hungría y Holanda.

Después de ver el programa sobre Puskas, busqué y pasé el primer vídeo que compré en mi vida: la final 1960 de la Liga de Campeones Europeos, Real Madrid 7 - Eintracht Frankfurt 3. Fue la quinta copa europea para el Madrid, con cuatro goles del húngaro y tres de Di Stefano.

Puskas tenía entonces 33 años y estaba gordo como una vedette jubilada, pero conservaba encendida la llama de la escuela magiar. Con eso bastaba.

Gran diferencia

La grandeza de Uruguay precedió a la de Hungría. La gran diferencia entre ambos es que los charrúas siguen produciendo buenos jugadores, mientras que el manantial húngaro se ha secado.

Así como Uruguay fue la primera potencia del fútbol latinoamericano, habituada a ganarle los títulos importantes a Argentina y Brasil, Escocia fue en una época un constante dolor de cabeza para los ingleses.


Sean Connery, el escocés por excelencia.
¡Esperen! No se vayan, en nombre de Sean Connery. No hagan click todavía. Les aseguro que el tema de Escocia puede ser interesante. Hay un montón de escoceses con el sex appeal de la fama. ¡Si hasta el Pato Donald es escocés! Su apellido es McDuck y su estirpe escocesa fue imaginada por Walt Disney cuando concibió a su Tío Rico, cuyo nombre en inglés es Scrooge McDuck. (Esto forma parte de la leyenda negra del escocés avaro, en la que ya nadie cree).

¿El Pato Donald les parece poco serio? Pues acaso les venga bien el economista Adam Smith, porque ya no vienen mucho más serios que él. En el medio les puede servir Arthur Conan Doyle, el creador del más inglés de los personajes, Sherlock Holmes.

Estos circunloquios pretenden sugerir que buena parte del brillo "inglés" de las cosas es obra de los escoceses. Y en el fútbol ocurre lo mismo.

Los escoceses y el fútbol

El fútbol no es un invento exclusivo de los ingleses. Es una obra común entre los ingleses y los escoceses. A la iniciativa de los escoceses se debió, entre otras cosas, la reforma de la ley del off side, cuya primera versión era exactamente igual que en el rugby: ningún atacante podía estar por delante de la pelota.


El Pato Donald también es escocés, y su Tío Rico, el más escocés de toda la familia.
Al permitirse la ubicación de atacantes por delante de la pelota, se facilitó el juego de pases. Los escoceses lo desarrollaron primero que los ingleses y por esa razón dominaron a sus vecinos a fines del siglo 19 y también en la década de los años 20.

(Antes de la primera reforma, en 1867, un atacante solitario encaraba con la pelota a los defensores y los gambeteaba por las suyas; sus compañeros lo seguían como viejas en procesión, para recoger los rebotes o enfrentar al adversario que se quedaba con la pelota).

En ambas ocasiones esa superioridad se diluyó por el éxodo de los mejores jugadores escoceses a los clubes ingleses, que les pagaban mejor. El profesionalismo es una criatura escocesa.

El profesionalismo y la convivencia debilitante con una liga más rica, la inglesa, fueron las causas históricas de la decadencia del fútbol escocés. Y la historia se puede repetir, porque si el Celtic y el Rangers se incorporan a la Premier League inglesa, como pretenden, las futuras crónicas de la liga escocesa sólo aparecerán en el boletín de la Sociedad de Sepultureros.


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