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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 04 de agosto de 2001 - 18:21 GMT
Una largada en falso
Maurice Greene.
Maurice Greene, el superhombre de los 100 metros, está en contra de cualquier sanción por la largada en falso.

Escribe Raúl Fain Binda

Las cosas serían mucho más fáciles de entender si todos renunciáramos a creer que los muchachos de antes no usaban gomina.

Tomemos el atletismo, que viene a cuento por el Campeonato Mundial que se está desarrollando en Edmonton.

Todos estamos escandalizados con el dopaje, los excesos del patrocinio comercial de los atletas, la dictadura de la televisión en la programación de los torneos, los pagos por debajo del mostrador, las zancadillas en carrera y el puñal en la espalda del señor que se lleva la pelota.

Creemos que estas cosas son hijas del presente y añoramos los madrigales de la época del barón de Coubertin y los griegos de Pericles, que supuestamente sólo criaban campeones íntegros e incorruptibles, aunque bastante lentos.

Marion Jones
La atleta Marion Jones también se opone a la medida.
Pues no, no es así. El barón concibió los principios del olimpismo moderno cuando el deporte era cosa exclusiva de señorones, pero aun así percibió la necesidad de un código de comportamiento para contener los abusos. (En esto, "contener" es la palabra clave).

Los antiguos griegos cometían a su manera todas las tropelías enumeradas más arriba. Conocían muy bien los hongos estimulantes, los tóxicos, los hechizos, el vino con retsina, los incentivos más o menos encubiertos de su ciudad-Estado (o los pagos de otra, para rendir menos) y el apaleo, mal de ojo o purga de los rivales más peligrosos.

Hasta se podría detectar en las olimpiadas antiguas la primera maniobra para "poner los intereses de la (tele)visión por encima de los deportivos": en el siglo VI antes de Cristo, ciertos influyentes del templo de Zeus sugirieron realizar algunas pruebas particularmente agotadoras al caer el sol, para que los atletas sufrieran menos la canícula de agosto... pero se prefirió presentarlas en pleno día para que el público pudiese ver a los atletas en acción. Qué horror.

La manifestación más reciente de esa manipulación del deporte en beneficio de la (tele)visión es una decisión del consejo de la Federación Internacional de Atletismo Amateur: recomendó al (habitualmente complaciente) Congreso que a partir de 2003 sólo se permita una partida en falso en las pruebas de hasta 400 metros.

La segunda partida en falso será castigada con la descalificación del culpable. No se dice nada de la tercera; me temo que encarcelen al pobre diablo.


Lo que no está en claro es si absolutamente todo lo que quiere una empresa comercial en defensa de su negocio es perjudicial para la actividad deportiva.

La primera propuesta, desechada, prohibía toda partida en falso. Los críticos dicen que esa severidad tenía al menos la virtud de la coherencia, mientras que la recomendación de permitir una sola largada en falso incurre en el pecado más grave del catálogo: condona a un transgresor y condena a los otros.

Maurice Greene, el superhombre de los 100 metros, dijo a BBC Deportes que "esa primera largada en falso será utilizada por los pícaros para poner nerviosos a los atletas más serios".

Tanto Greene como la fenomenal Marion Jones se oponen a ambas propuestas y denuncian la imposición de las normas por las estaciones de televisión, que quieren reducir los tiempos de tolerancia para la consumación de cada prueba.

No cabe duda de que las televisoras quieren el cambio. En esto todos estamos de acuerdo. Lo que no está en claro es si absolutamente todo lo que quiere una empresa comercial en defensa de su negocio es perjudicial para la actividad deportiva.

Michael Johnson, el plusmarquista mundial de los 400 metros, uno de los atletas más formidables de la historia, tiene una percepción bastante griega del fenómeno deportivo. Y bastante americana, por qué no.

En declaraciones a BBC Deportes, Johnson nos dijo que estaba de acuerdo con la decisión de permitir una sola partida en falso:

Michael Johnson.
El formidable Michael Johnson es más pragmático y está de acuerdo.
"Algo había que hacer, porque las partidas en falso eran utilizadas para hacerles perder la concentración a los atletas más serios. Los que se oponen seguramente tienen patrocinadores, que sólo podrán auspiciarlos si sacan provecho del dinero. Si no aparecen en televisión, no habrá espectáculo y no habrá dinero para nadie. Tienen que aprender que esto es un negocio, un deporte profesional."

(En inglés, la palabra "business", utilizada por Johnson, quiere decir "negocio" pero también "actividad seria, importante", que no admite dilaciones ni tonterías).

En esto, como en otros problemas de cualquier ámbito, creemos ver la gradual degeneración de una institución cuyo origen imaginamos puro y casto.

Lo cierto es que la idea del deporte como espectáculo, que tiene sus raíces en aquella decisión de no correr o luchar a oscuras, también contiene la noción de negocio.

Sin dinero no hay deporte profesional. Por si hiciera falta darle la razón a Perogrullo, que lo digan los argentinos, que se han quedado sin fútbol porque no hay dinero para pagarlo.


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