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Escribe : Raúl Fain Binda
  Miscelánea
Sábado, 28 de julio de 2001 - 16:05 GMT
Una plegaria por el enemigo
Real Madrid-Barcelona
El Barcelona y el Real Madrid se necesitan para justificar su existencia.

Escribe Raúl Fain Binda

Florentino Pérez compra a Figo para ganar la presidencia del Real Madrid... y para fastidiar al Barcelona.

En Barcelona, Joan Gaspart le promete a Rivaldo una fortuna demencial para evitar que se vaya... al Real Madrid.

Florentino compra a Zidane pensando en dar el golpe de gracia al Barcelona, mientras que Gaspart compra a Saviola con la misma y saludable intención de humillar al Madrid durante diez años.

Zidane y el Real Madrid
El Real compró la ficha de Zidane con la cabeza en Barcelona.
Todo lo que han hecho y harán estos mellizos opuestos tiene la misma motivación, porque tanto en la capital de España como en la Ciudad Condal la prosperidad política y deportiva en el ámbito del fútbol sólo se entiende a partir de la desgracia del rival.

En España, el primer postulado de la lógica futbolística sostiene lo siguiente:

"Así como la electricidad contiene una carga positiva y otra negativa, la noción de un club llamado Barcelona carece de sentido sin su contacto con la idea opuesta de un club llamado Real Madrid; del mismo modo, el Madrid no se puede comprender sin su interacción con el Barcelona".

Vaya con el descubrimiento, dirán algunos: después de todo, lo mismo vale para Boca-River en Argentina, Peñarol-Nacional en Uruguay, Milán-Inter o Lazio-Roma en Italia...

Se equivocan. En España, la diferencia que al mismo tiempo une y separa a ambos rivales es mucho más profunda que en aquellos casos y no se limita a un desagrado visceral: está consagrada por el derramamiento de sangre y la persecución política.

En Argentina, Uruguay e Italia, los clubes mencionados son de la misma ciudad y su rivalidad es un episodio más o menos irritante de la economía doméstica; sugiere tantas diferencias como semejanzas. Son como primos enemistados: uno fue a la universidad, el otro se quedó atendiendo el almacén familiar.

Saviola en Barcelona
Javier Saviola, el arma más nueva del Barcelona en su intento por humillar al Madrid.
En España son enemigos, y basta. Pertenecen a ciudades diferentes, países diferentes. Su único punto en común es el acto reflejo de llevarse la mano a la cartuchera.

(El futuro de Cataluña como parte de España o país independiente me tiene sin cuidado. Me limito a reconocer el hecho objetivo de que los catalanes se sienten un pueblo diferente, con el mismo derecho que los escoceses en Gran Bretaña.)

La historia moderna del Real Madrid está marcada por la experiencia de su gran presidente Santiago Bernabéu, que dirigió el club desde 1943 hasta su muerte en 1978. Y no es por casualidad que Bernabéu tiene una importancia similar en la historia del Barcelona, ya verán.

Durante la guerra civil, con Madrid todavía en poder de los republicanos, un "compañero" de Bernabéu en la comisión directiva lo denunció como fascista: para salvar el pellejo debió asilarse en la embajada de Francia.

Luego combatió con las fuerzas franquistas que ocuparon Cataluña: "Yo participé en la reconquista de una Cataluña independiente para la mayor gloria de España", dijo en cierta ocasión, con un código político que ahora no tiene sentido pero que en su época sugería la "independencia" del yugo comunista y el consiguiente sometimiento al poder central franquista.

Bernabéu, con el apoyo político de los ministros de Franco y el capital de los empresarios favorecidos por el régimen, construyó un estadio gigantesco en Chamartín. Un dato para que vean la conexión: el estadio fue levantado... adivinen por quién... pues por la misma empresa que construyó el Valle de los Caídos.

Luis Figo
Luis Figo (izq.) vistió las dos camisetas, inmersas en una eterna rivalidad.
Ese estadio, inaugurado en 1947, simbolizó la grandeza a la que aspiraba el Real y la hegemonía de la ciudad de Madrid. Los catalanes tardaron diez años en responder: en 1957 inauguraron su gigantesco Camp Nou, pero debieron aguardar hasta la muerte de Franco, en 1975, para rebautizar al club con su nombre catalán original: Fútbol Club Barcelona, en vez del castellano Club de Fútbol Barcelona.

Los catalanes también atribuyeron a las conexiones políticas de Bernabéu las maniobras salomónicas de la Federación, que dieron al Real Madrid y al Barcelona la propiedad en común de un tal Alfredo Di Stéfano, que ambos clubes creían haber contratado por separado.

El Barcelona cedió el bebé a su rival, pero por orgullo en vez de amor a la criatura, como la madre en el caso bíblico. Esa actitud le costó al club la grandeza que dejó a su mortal enemigo. Con Di Stéfano y Kubala juntos, el "equipo del Siglo XX" de la FIFA hablaría catalán en vez de castellano.

Es por todo esto, y mucho más, que cada vez que un periodista se aburre en una conferencia de prensa, en Madrid o Barcelona, siempre tiene el recurso de mentar al enemigo para que algo sabroso emerja del caldero.

El asunto es bastante fatigoso para madridistas y barcelonistas, pero una bendición para el resto de los aficionados de todo el mundo. Sin el espectáculo de esta rivalidad, el panorama futbolístico español sería de lo más tedioso.

Y si lo pensamos bien, los hinchas de Madrid y Barcelona deberían rogar al cielo por la prosperidad del adversario. Después de todo, ¿para qué sirve ganar campeonatos si nuestro enemigo mortal es tan débil que nunca podrá hacer lo mismo?

Para que la felicidad deportiva sea completa, nuestro enemigo debe ser tan fuerte o más fuerte que nosotros.

Sólo así disfrutaremos al ganarle.


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