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Sábado, 14 de julio de 2001 - 16:35 GMT
China en el centro del mundo
![]() Pekín celebró a lo grande la designación para ser la sede olímpica en 2008.
Escribe Raúl Fain Binda
Desde el punto de vista chino, los juegos olímpicos de 2008 en Pekín son ineluctables y perfectos, como la armonía del cosmos. El año 2008 marcará la culminación de una antigua ofensiva para que todos reconozcan lo que los chinos creen desde el principio: que su posición en el centro del mundo es el orden natural de las cosas. Los chinos de hoy son muy parecidos a los de hace muchísimos años, nos dicen los sinólogos. A esta afirmación se le puede reprochar su trivialidad: justamente por eso son chinos; con los ingleses o los alemanes ocurre lo mismo.
Los "demonios extranjeros" más difíciles de tratar resultaron ser las potencias occidentales que en el siglo XIX humillaron al Reino o País Central (Chung-kuo, el nombre tradicional de China). La emperatriz viuda Tzu Hsi despachó entonces emisarios con la misión de informar sobre las razones de la superioridad militar y capacidad de organización de Inglaterra y Francia. En un célebre despacho, el embajador chino en Londres aconsejó la introducción del fútbol, una novedosa actividad física peculiar de los ingleses, "con una bola de cuero", muy útil por sus evidentes connotaciones militares y consolidación del espíritu colectivo. Este consejo fue desempolvado muchos años después y ampliado hasta abarcar todos los deportes occidentales. La adjudicación de las olimpíadas de 2008 significa el éxito final de aquella campaña de esclarecimiento iniciada por la formidable Tzu Hsi (la mujer más cruel de la historia, según nos dicen). En términos históricos, cada emperador, cada mandamás chino se ha propuesto un objetivo para marcar su época. Y así como Tzu Hsi quiso incorporar los trucos occidentales, Mao Tse Tung hizo la revolución, Deng Xiaoping renovó la economía y recuperó Hong Kong, y ahora Jiang Zemin consigue los Juegos Olímpicos. Tras el oro
¿Esto les parece disparatado? No, para nada. En los juegos de Sydney, por ejemplo, China se ubicó en tercer lugar, con 59 medallas, no muchas menos que Estados Unidos (97) y Rusia (88). Debemos tener en cuenta que China participó en esos juegos con una mano atada a la espalda: en la práctica renunció a la preparación de sus atletas en numerosas disciplinas de atletismo y natación, debido a las acusaciones de dopaje institucional. El resto del mundo no había atribuido a otra cosa la abrumadora superioridad de fondistas y nadadores chinos en los mundiales de 1993 y 1995: acapararon entonces, con marcas asombrosas hasta el ridículo, los tres o cuatro primeros lugares en varias especialidades en las que su país no tenía una tradición digna de ser mencionada. En la Olimpíadas fue diferente. Aparte de Liping Wang, ganadora de la marcha de 20km, ningún otro fondista, velocista o nadador chino ganó en Sydney 2000 una sola medalla.
Este tránsito en un par de años, de un dominio abrumador en las disciplinas de fondo (femenino) y natación, a una sequía casi total de medallas, sugiere el abandono de un programa global de preparación de los atletas. Es lógico suponer que en estos siete años que restan hasta los juegos de Pekín, los entrenadores chinos encontrarán la fórmula para preparar a sus campeones sin que tropiecen con los hombres del frasquito a las puertas de los urinales. Una cuestión de táctica China ha utilizado en las últimas dos décadas diversas tácticas para obtener su objetivo olímpico. La primera, en 1984, consistió en hacer sentir su condición de gran potencia: sin su participación, la primera en la historia olímpica, los juegos de Los Angeles hubiesen sido un fracaso, debido al boicot del bloque soviético. Luego adoptó parcialmente y con resultados desastrosos el enfoque "pragmático" de Alemania Oriental, el mismo que echó por la borda antes de Sydney 2000. (Muchos observadores occidentales creen que todavía no ha sido totalmente expurgado.) Y finalmente, hace algunos meses, proclamó a los cuatro vientos que los Juegos Olímpicos eran la máxima prioridad de la política exterior del gobierno. Para un buen entendedor, esto significaba la posibilidad de represalias comerciales contra países incapaces de ver los méritos de la presentación china. No hay ninguna evidencia que confirme los insistentes rumores de que China habría prometido financiar proyectos de infraestructura a cambio de votos en el Comité Olímpico Internacional. De haberla, sería una nueva manifestación del genio chino para asimilar y dominar a los extranjeros: Sun Tzu, en su célebre "El Arte de la Guerra", aconseja conocer y adoptar las tácticas del adversario: "si te conoces a ti mismo y también a tu enemigo, serás invencible". |
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