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Lunes, 09 de julio de 2001 - 17:59 GMT
Ivanisevic, historia conmovedora
![]() Ivanisevic: al suelo a llorar luego de ganar Wimbledon en un emocionante partido.
Escribe el enviado especial de la BBC a Wimbledon, Roberto Nappo.
No podía concluir de otra forma. Tuvo que intervenir incluso la naturaleza, con su lluvia providencial para sacarlo de apuros en su partido contra el británico Tim Henman. Y luego para que el cierre de este episodio, que quedará muy vivo en el recuerdo de los aficionados al tenis, tuviera lugar en uno de los excepcionales "lunes populares". Porque realmente el marco en el que el croata Goran Ivanisevic derrotó en cinco sets al australiano Patrick Rafter, fue extraordinario. Hubo de todo, entre la mayoría australiana y los ruidosos aficionados croatas que colmaban el estadio central con capacidad para 14.000 espectadores. Primero impresionaba el colorido. Luego el ir descubriendo la cantidad de banderas, gorras, camisetas, caras pintadas, pelucas, enormes canguros de juguete y hasta un perro real que llamaba la atención por la forma en que parecía seguir el juego, ubicado junto a su dueño en una de las plateas laterales. ¿La reencarnación de un tenista, tal vez? Duelos de las hinchadas Ya antes del inicio del encuentro, en una atmósfera que superó con creces la que se produce con motivo de los enfrentamientos por la Copa Davis, los duelos de coros y estribillos preanunciaron que éste iba a ser un día completamente fuera de lo común en Wimbledon. El estruendo con el arribo de los dos tenistas fue de una dimensión increíble.
Pero cabe aclarar que, salvo algunos instantes en que el juez de silla debió llamar la atención para que algún impertinente dejara de gritar en el momento en que alguno de los dos finalistas estaba por sacar, el comportamiento de la gente fue maravilloso. Algo de lo que se hablará sin duda durante muchos años. El partido Pudo haber sido para cualquiera de los dos. Luego de estar igualados en dos sets cada uno, Rafter estuvo a sólo dos puntos de la victoria, al sacar Ivanisevic en desventaja de 6 a 5 en el quinto set, y colocarse 30 a 30.
Destino, dijo más de una vez Goran Ivanisevic, quien se persignó antes de iniciado el encuentro y que cuando debía sacar para ganar la final, miró al cielo como pidiendo ayuda. Y en realidad parecía que la necesitaba. Esos saques ante la inminencia de la victoria que no se concretaban, ponían al estadio en vilo, y él, como lo manifestara posteriormente, sentía que su raqueta "era cada vez más pesada". Final feliz No hace mucho tiempo, Goran Ivanisevic pensó en abandonar definitivamente este deporte. Al perder la tercera final -y segunda ante Sampras-, había dicho incluso: "me quiero suicidar".
Y comenzó a introducir al Goran bueno y al Goran malo, el que le hacía perder. Y a un tercer Goran, para los casos de emergencia. Su avance inesperado a medida que transcurrían las rondas, comenzó a generar la posibilidad de concreción de una historia conmovedora. Dedicatoria final Eran muchos, incluso los especialistas, los que opinaban que Goran Ivanisevic debía haber ganado alguna vez Wimbledon. Tuvo que presentarse cuatro días seguidos en el estadio central para lograrlo. Tres veces en su semifinal contra Tim Henman y la cuarta durante este "lunes popular".
El mismo que con el trofeo en sus manos, dedicó la victoria a su mejor amigo, el basquetbolista de la NBA Drazen Petrovic, que murió en un accidente de automóvil en 1993. Y así le habló a su amigo Ivanisevic: "si me estás viendo, descansa en paz". |
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