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Escribe : Raúl Fain Binda
 
Sábado, 07 de julio de 2001 - 19:49 GMT
La confesión de Tirofijo
Los colombianos Alvaro Fina y Hernán Mejía.
Una Copa América otorgada, quitada y devuelta a Colombia. Una realidad demasiado burda para ser un sueño.
Escribe Raúl Fain Binda

We are such stuff as dreams are made on*

Anoche soñé que Tirofijo se confesaba con Don Camilo, el cura de los relatos de Giovanni Guareschi.

-Así que eres amigo del alcalde. ¿Qué se te ofrece?

-Vengo a platicar, nada más.

-Yo creo que te quieres desahogar. Y como eres una persona moderna, en vez de arrepentirte vienes a justificarte. Te escucho.

-Es por esta vaina de la Copa América, padre. ¿Está enterado?

-Sí, es ridículo.

-Yo no tengo la culpa, Don Camilo. Es cosa de los capitalistas, que quisieron la Copa en otro país para ganar más dinero y cuando vieron que sólo estaba postergada la quisieron de vuelta en Colombia, para no perder tanto.

-Si tú lo dices...

-Y también es culpa de los políticos y los dirigentes del fútbol. No había ninguna necesidad de suspenderla en primer lugar.

-Tenían miedo. Y como dijo el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, cada uno es dueño de su propio miedo.

En mi sueño, Tirofijo hizo un gesto de desprecio.

-¿Miedo? Tenían mi garantía...

Don Camilo extendió los brazos en sorpresa.

Tirofijo
Tirofijo conversando con Don Camilo, ¿un sueño sensato?
-¿Por qué habrían de creerte? "Hay que ser cuidadoso. Uno nunca sabe. Es muy difícil descubrir a un sicario en medio de una multitud." Eso le dijiste tú mismo a la revista Cambio hace un par de años, cuando el gobierno garantizaba tu propia seguridad. ¿Te acuerdas?

-Esa gente no entiende de seguridad ni de miedo, padre. La violencia que le hace mal al fútbol no es la violencia política, sino la del fútbol.

En ese momento desperté.

Yo creo que la simple función de los sueños es modificar la realidad para hacerla menos ridícula, más razonable. Una Copa América otorgada, quitada y devuelta a Colombia en circunstancias tan grotescas no puede ser el sueño colectivo de todos los sudamericanos: algo tan burdo sólo puede ser real.

A simple vista, también sería risible imaginar que un viejo guerrillero se confiesa con un cura anticomunista. ¿Dónde está la sensatez que atribuyo a los sueños?

Fue entonces cuando reparé en el énfasis que el Tirofijo del sueño dio a su última frase. A fin de cuentas, la violencia política se puede activar y desactivar como una licuadora, si hay voluntad política, porque es una manifestación del odio racional. Muy diferente nos parece la violencia engendrada por el odio deportivo, que es irracional.


La violencia en la Copa Libertadores es, a veces, ignorada por los árbitros.
Y recordé que en la Copa Libertadores los árbitros, seguramente por orden de la Confederación Sudamericana de Fútbol, toleran sin inmutarse terribles escenas de violencia deportiva y hasta criminal (como la agresión con patadas de karate a un juez de línea, en Palmeiras-Boca), que en las eliminatorias del mundial los peruanos fueron agredidos en Chile y los chilenos en Perú, que la intimidación, el lenguaje de la bofetada y el sillazo, se está extendiendo a otras manifestaciones deportivas, como el tenis, ¡el tenis!

¿Para qué necesitamos las amenazas de Tirofijo o cualquier otro alzado en armas, de izquierda o derecha, si el fútbol ya se desangra por su propia mano?

Alguien o algo debe poner fin a la violencia en el fútbol de América Latina, por lo menos de Sudamérica. Acaso nadie tome la iniciativa porque todavía no se ha producido una desgracia tremebunda, de esas tan espantosas que no dejan alternativa.

Ese fue el revulsivo que desencadenó la exitosa represión de los hooligans ingleses, controlados en su país aunque todavía muestran las uñas cuando el equipo nacional juega en el extranjero.


Un hooligan inglés tomando una dosis de su propia medicina en Turquía.
Las autoridades sólo se tomaron el asunto a pecho en 1985, cuando 39 espectadores, casi todos hinchas del Juventus, murieron aplastados durante la final de la Copa Europea, en Bruselas; 350 personas resultaron heridas. La justicia belga encontró culpables de homicidio a 24 hinchas del Liverpool.

La UEFA tomó entonces la medida más radical en su historia: proscribió a todos los equipos ingleses de las competiciones europeas hasta 1990. La reacción de las autoridades inglesas (gobierno, justicia, policía, clubes) garantizó la seguridad en las canchas y, de paso, la increíble prosperidad económica de la Premier League.

La gran lección que se puede extraer de la experiencia británica de los últimos 20 años es que la seguridad paga. Las familias vuelven a las canchas, los clubes sanean sus finanzas y todo el mundo queda contento.

La Liga Escocesa de Fútbol tiene una disposición (n° 84) que dice: "si el descontrol de los espectadores tiene un efecto material en el resultado de un partido", la comisión de administración puede anular el resultado y ordenar la repetición del partido, o deducir tres puntos de los acumulados por el club transgresor.

Escocia, claro, no tiene problemas graves de seguridad deportiva. Es que los escoceses sueñan, mientras los latinoamericanos vivimos la realidad.

*De la sustancia de los sueños somos criaturas (Shakespeare, The Tempest).


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