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Escribe: Raúl Fain Binda.
  Miscelánea
Sábado, 31 de marzo de 2001 - 18:47 GMT
Ángel, con su corazón colombiano en la mano
Juan Pablo Ángel.
Juan Pablo Ángel, un dilema entre la soledad y el diálogo.
Juan Pablo Ángel marcó dos goles para el seleccionado de su país ante Bolivia, poniendo fin a una sequía de cuatro meses, pero todavía no ha podido inaugurar la cuenta en su nuevo club, el Aston Villa, que el sábado 31 de marzo venció 3 a 1 al Manchester City con el aporte de otros goleadores. El entrenador lo dejó en el banquillo. Nuestro columnista se pregunta qué le pasa al artillero antioqueño.

Escribe Raúl Fain Binda.

El problema de Ángel es que no se resigna a la soledad. Al hombre le cuesta asumir su destino de incomunicación. Igual que los toreros y los actores, los goleadores habitan un mundo donde los otros jugadores son banderilleros o tienen papeles de reparto. En eso se parecen a sus víctimas, los arqueros, porque la soledad es el nexo que al mismo tiempo une y separa a la presa y al cazador.

"Pero si Fulano es el alma de la fiesta, tiene cuatro novias y 200 amigos", dirán ustedes. Bueno, es posible, pero si Fulano es goleador o arquero lo más probable es que su simpatía en la fiesta sea una forma de compensar la soledad en la cancha, la pesada responsabilidad de estar solo, ya sea en la mira del francotirador o con el fusil en las manos.

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El goleador gregario es una anomalía, como un tigre con escrúpulos de conciencia.
El goleador gregario es una anomalía, como un tigre con escrúpulos de conciencia. Este puede ser el dilema de Ángel: acaso necesite realmente el diálogo con los amigos, dentro y fuera de la cancha, como si fuera un jugador más, un volante, un full back o un mediapunta.

Así creemos ver a Ángel: con su corazón colombiano en la mano, buscando amigos en Inglaterra.

Patadura

Su sequía en Birmingham repite el cuadro de su esterilidad inicial en Buenos Aires. Duró tanto, que un periodista argentino, muy respetado, llegó a decirle a nuestro colega Hernando Álvarez, por entonces en una revista colombiana: "¿Nos mandan a este patadura como retribución por los que les mandamos nosotros?"

Después, cuando Ángel se hizo amigo de Aimar y Saviola, ese periodista y todos los demás no se cansaban de aplaudirlo.

Romario.
Romario, el mejor ejemplo a seguir.
Acaso Ángel se esfuerce demasiado en ser simpático y dialogar futbolísticamente con sus compañeros. Tendría que aprender de otros goleadores solitarios, como Romario, el mejor de todos, lleno de novias y amigos fuera de la cancha y de enemigos en ella.

Más allá de los aspectos técnicos, se nos ocurre que el contraste entre Ángel y Romario refleja la diferencia entre el fútbol colombiano y el brasileño. Ambos son luminosos, pero nos parece que el fútbol de los colombianos se resiste al cálculo: la inspiración nace en el corazón y va directamente a los pies, sin esperar la aprobación de la cabeza.

El fútbol de los brasileños, en cambio, es un festival de las vísceras, una superproducción en Cinemascope de todos los órganos vitales. Pero a diferencia de lo que muchos creen, el fútbol brasileño también es cerebral: lo necesita para poner rienda a tanto sentimiento.

Más enemigos

Ángel debería asumir su destino de soledad. Si no le viene Romario, su ejemplo puede ser Batistuta.

A su llegada al Fiorentina, Batistuta, el típico goleador del Boca Juniors ("un patadura", había dicho el riverplatense Passarella), no dialogó con nadie: todos, desde el entrenador brasileño hasta el goleador italiano de entonces, le hicieron el vacío. A los pocos meses, el hosco Batistuta era titular y sus enemigos estaban buscando trabajo.

Juan Pablo Ángel.
Ángel quiere triunfar a lo grande.

Diferente es el caso de Hernán Crespo, el típico goleador de River, que padeció una larga sequía inicial en el Parma y otra, más breve, en el Lazio. El también, como Ángel, depende del diálogo con sus compañeros de equipo.

Gregory, el técnico del Aston Villa, había prometido darle este sábado una nueva oportunidad al colombiano, después de los goles ante Bolivia. "Ángel quiere triunfar en grande y lo va a lograr", dijo antes del partido. Y después no lo puso. ¿Vale la pena ser amigo de este señor Gregory? Lo que Ángel necesita son más enemigos.


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