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Escribe: Raul Fain Binda
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Sábado, 24 de marzo de 2001 - 19:17 GMT
Inglaterra, entre la esperanza y el escarnio
Steven Gerrard
Inglaterra levantó un resultado adverso y dio otro paso para viajar al mundial del 2002.
En partido válido por las eliminatorias del campeonato mundial de futbol, Inglaterra le ganó el sábado 2 a 1 a Finlandia en el estadio del club Liverpool. Los ingleses sufrieron mucho ante un rival muy inferior, como se ha hecho costumbre. Nuestro columnista de deportes se pregunta qué pasa con el juego de los inventores del fútbol.

Escribe Raúl Fain Binda

Inglaterra será uno de los favoritos para ganar el mundial de fútbol del 2002... siempre y cuando se clasifique, claro está.

En esta montaña rusa de emociones, desde la certidumbre absoluta a la duda paralizante, pasan sus días los aficionados ingleses.

David Beckham
El capitán del equipo, David Beckham, convirtió el gol de la victoria tras el empate de Owen.
Una y otra vez, cada torneo, cada proceso bajo un nuevo técnico, se inicia con trompetas de esperanza y se cierra con silbidos de escarnio.

Y no es que el equipo nacional decepcione por malo. Los malos y también los discretos nunca decepcionan; su fracaso se da por descontado, como algo natural.

Los únicos que decepcionan son los buenos, los que pueden ganar y no lo hacen. Es el caso de Inglaterra, capaz de ganar cualquier torneo pero en seco desde 1966.

En ninguna otra potencia futbolística se da esta transición de la esperanza a la decepción con tanta virulencia y regularidad. (España también tiene una tradición de malos resultados en torneos internacionales, pero los españoles no se desmadran a la hora de imaginar sus posibilidades de triunfo.)

La Asociación Inglesa de Fútbol, acorralada, encargó la búsqueda de la piedra filosofal a un alquimista sueco, Sven Goran Eriksson, muy competente en eso de mezclar en su laboratorio los elementos básicos de un buen equipo de club: dos brasileños, dos argentinos, un puñado de italianos, algún holandés y una pizca de yugoslavo, todo macerado en esencia de dólar.

Festejo inglés
Los simpatizantes ingleses festejan la victoria en el estadio de Liverpool.
Ahora debe trabajar exclusivamente con ingleses. Su primer ensayo terminó con una angustiosa victoria ante Finlandia, un equipo supuestamente débil, del montón, de esos que la Fifa pone en nuestro camino para facilitarnos las cosas.

Los finlandeses, claro, tienen otra opinión de sí mismos, y a poco estuvieron de arrancar un empate en la boca del lobo.

Una sequía de 35 años

La selección de Inglaterra no gana ningún trofeo importante desde 1966, y la contemplación de las vitrinas vacías se está haciendo intolerable. Curiosamente, ganar el mundial una sola vez puede resultar más frustrante que no lograrlo nunca.

Cada nueva frustración refuerza y prolonga el complejo de impotencia.

Llevo 21 años en este país y todavía me asombra esta dualidad del alma inglesa (ya que hablamos de fútbol, dejemos de lado a las otras provincias del Reino Unido).

Ellos saben muy bien cómo tratar a los extranjeros en la mesa de negociaciones y el campo de batalla, pero suelen desmoronarse ante la más tibia oposición en el terreno de juego.

Inglaterra tiene buenos jugadores, de carácter noble, fuerte, que van de frente y nunca bajan los brazos.

Todos los técnicos y periodistas del mundo admiran o dicen que admiran el campeonato de la División de Honor, una fuente constante de emociones y buen juego. Manchester United (entre los grandes equipos europeos, el que tiene mayor proporción de jugadores nativos) figura desde hace varios años entre los mejores, prolongando una tradición que vio al Liverpool dominar el panorama europeo en los años '70 y '80.

David Beckham
El capitán del equipo, David Beckham, convirtió el gol de la victoria tras el empate de Owen.
Sí, todo muy bonito, pero el equipo nacional sigue decepcionando en los torneos europeos y mundiales.

El bloqueo terminará algún día, por supuesto. Tarde o temprano, Inglaterra ganará su segundo mundial, así como no puede pasar mucho tiempo hasta que España moje por primera vez.

A fin de cuentas, Brasil ganó su primer mundial en 1958, cuando Uruguay ya había obtenido dos títulos olímpicos y dos mundiales.

Argentina debió esperar hasta 1978 su primera satisfacción. La historia de los mundiales es brevísima. En términos históricos, dentro de poco, muy poco, Inglaterra repetirá y España estrenará.

Pero mientras esperamos, el periodismo inglés seguirá escribiendo dos crónicas paralelas: "Somos los mejores", dirá una. "Somos los peores", la otra.

Por mi parte, tengo fe en Inglaterra: por supuesto que esta vez puede ganar el mundial... siempre y cuando se clasifique, claro.


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