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Domingo, 06 de abril de 2003 - 20:35 GMT
Equivalencias morales de la guerra
![]() "La mentira a favor de una democracia no es mejor que la mentira a favor de una dictadura", dice nuestro columnista.
Escribe Miguel Molina, columnista de BBC Mundo
En estos días, pero también antes, han surgido voces indignadas de ministros británicos que se quejan de que la prensa establece una equivalencia moral entre los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña e Irak al transmitir información de ambos bandos. Pensaba en eso este fin de semana, y entre más pensaba más ofensiva me parecía su actitud. Vamos a ver.
En pocas palabras, la guerra en Irak busca derrocar a Saddam Hussein, inutilizar sus armas de destrucción masiva y dar a los iraquíes un sistema democrático y el uso de los ingresos por la venta de su petróleo, pero no ha logrado convencer a muchos. No logró convencer a las Naciones Unidas, y menos después de que Estados Unidos y Gran Bretaña decidieron ignorar al Consejo de Seguridad e iniciar la invasión sin permiso explícito. Tampoco logró convencer a la Unión Europea (excepto a España, que firmó el acuerdo de Las Azores pero nada más). No convenció a millones de personas, que en todo el mundo manifestaron su oposición a un operativo bélico como el que hemos visto durante más de dos semanas, ni pudo convencer a los líderes espirituales del planeta. Pero de todos modos hubo guerra. Por primera vez en la historia la televisión, la radio, la prensa escrita, siguieron el conflicto todo el día todos los días, mostrando al mundo lo que pasaba en Irak.
Habían comenzado a aparecer cadáveres mutilados de civiles en las pantallas de los televisores, sobre todo en los canales árabes como Al Jazeera, y la gente había comenzado a preguntarse si así se libera a un pueblo para darle democracia. Y entonces la cobertura se hizo sanitaria. Nadie ha visto soldados iraquíes muertos, muchos menos de los otros, pese a que los informes de los ejércitos estadounidense y británico anuncian a diario cómo fueron diezmadas divisiones iraquíes en el avance hacia Bagdad, pese a que todos los días y prácticamente todo el día se ven escenas de cañoneos y bombardeos y balaceras que sólo dañan edificios y vehículos. Me pregunto qué tipo de guerra estamos cubriendo. Políticos estadounidenses, británicos e iraquíes tratan de usar a los medios para promover su propia propaganda, pero nadie, mucho menos la prensa, espera que digan la verdad. Esa coincidencia bastaría para rebatir a quienes se indignan porque parece que hay una equivalencia moral entre los políticos estadonidenses, británicos e iraquíes. La hay, y es evidente: la mentira a favor de una democracia no es mejor que la mentira a favor de una dictadura. Pero no es un reportero en particular ni los medios en general quienes se encargarán de poner en su lugar a esta guerra y a quienes la promovieron desde cualquiera de los bandos, sino la historia, porque ya no la escriben sólo los vencedores.
Pero quién sabe. No se puede olvidar, como señalaba una columnista británica, que se trata de los mismos gobiernos que plagiaron una tesis de doctorado y la hicieron pasar como documento secreto para advertir sobre las fuerzas destructivas de Saddam Hussein, y que ya se repartieron el gobierno y el petróleo de Irak, como ellos mismos admiten desde antes que acabe la guerra. Saddam Hussein no tiene defensa. Pero el papel de la prensa, en este caso, no es contribuir a la caída de un régimen feroz, de una dictadura brutal, o de un gobierno que llegó hasta donde llegó porque lo apoyaron quienes ahora lo combaten, sino contar lo que pasa en esta guerra que es igual a todas aunque sea diferente. |
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