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Escribe: Miguel Molina.
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Lunes, 06 de enero de 2003 - 14:47 GMT
Contra la guerra
Manifestantes contra la guerra en Londres, 28.09.2002.
"No ataquen Irak, no en mi nombre", dijeron en septiembre 400.000 manifestantes en Londres.
Escribe Miguel Molina, columnista de BBC Mundo

"¿Cómo puede decir Bush que Irak se niega a cooperar y que lo de Corea del Norte se resuelve por la diplomacia cuando es Irak el que recibe a los inspectores de la ONU y Corea del Norte los echa del país?", se pregunta y nos pregunta desde México Juan Manuel, uno de los lectores de BBC Mundo.

El suyo es uno de muchos correos electrónicos que llegan a este sitio en busca de respuestas sobre una guerra que parece más inminente que nunca. Debo decir que no tengo, no tenemos respuestas, aunque tengo preguntas que tal vez nadie vaya a responder.

En primer lugar, todavía no he visto nada que me haga pensar que Saddam Hussein sea una amenaza contra la humanidad. Hasta la fecha, los únicos que han hablado de usar armas de destrucción masiva y están más que dispuestos a hacerlo son George W. Bush y Tony Blair.

Las armas que pueda tener Irak son las que le vendieron Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania, entre otros países, cuando así les convino, porque en política los intereses comerciales siempre son más importantes que la ética. Pero nadie ha aportado pruebas concretas de que Bagdad todavía tiene tales armas.

Bush frente a un tanque.
Bush mandó más refuerzos a la zona del Golfo.
Quizá pocos estarían dispuestos a jurar que Saddam Hussein es un gobernante bueno y querido por su pueblo, pero se me ocurren ejemplos de otros países (como China y Arabia Saudita, según organizaciones humanitarias) cuyos gobernantes han mostrado el mismo o mayor desprecio que Saddam Hussein por los derechos humanos y nadie les dice nada ni los amenaza con guerra.

Lo que me preocupa es que un día desperté para encontrarme con que el gobierno británico advertía que en cualquier momento, mientras viajo en tren o en metro, cuando voy al trabajo o regreso a casa, podría ser víctima de un ataque terrorista. Este domingo la prensa informó que ni siquiera el ganado está libre de esa amenaza.

Ni yo ni la mayoría de los británicos hemos hecho nada para merecer la bomba inesperada, el gas venenoso, la bala súbita, la enfermedad letal que según el gobierno nos espera a la vuelta de una esquina o a la mitad de un parque o de una calle.

Tampoco me convence mucho el argumento de atacar a Irak antes de que Irak ataque. Si ese riesgo es real, al gobierno británico no parece importarle mucho la seguridad de la gente que vive en este país, porque hasta la fecha sólo sabemos que algunas personas, entre ellas quienes gobiernan, recibirán vacunas en caso de un ataque con virus, pero los demás no sabemos qué hacer en caso de que el ataque sea de otra naturaleza, ni a dónde ir, ni nada.

Me preocupa también, como a todos, la posibilidad de que el país en que vivo ataque a Irak, porque hacerlo incrementa la probabilidad de que Irak ataque a este país. Si Saddam Hussein es tan perverso como asegura el gobierno, no creo que se vaya a dar por vencido a la primera bomba que le caiga cerca, y hay que temer a la reacción de un hombre acorralado.

Vehículo de la ONU en Bagdad.
La ONU no parece tener poder para parar una guerra.
A veces, más por cinismo en defensa propia, me da risa ver las declaraciones de Washington, envuelto en la red de sus intereses ni tan oscuros, en las parrafadas incoherentes de su gobierno y en las verdades tortuosas del encargado de organizar esta guerra. Para ponerlo en pocas palabras, a estas alturas es claro que lo que le interesa a Washington es el petróleo iraquí, como a Francia y a Rusia.

Hay quienes sostienen que una eventual derrota iraquí contribuiría a la reorganización de Medio Oriente, que ya fue reorganizado por las potencias hace más de medio siglo con los resultados que todos vemos cada día en la prensa.

La ONU puede hacer poco, dado el carácter antidemocrático de su Consejo de Seguridad, donde tienen voto y veto sólo aquellos que tienen las bombas. La autoridad moral de la organización no ha servido de mucho para detener guerras como la de los Balcanes, ni ha logrado hacer que se respeten sus resoluciones, ni en Bagdad ni en Tel Aviv.

Hay, en fin, quienes aseguran que la guerra servirá para asegurar la paz. No lo creo. Después de todo, el mundo vive en estado de guerra permanente aquí y allá desde hace siglos, y desde hace siglos no conoce la paz. Qué lástima.


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