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  Miscelánea: Columna Miguel
Lunes, 02 de septiembre de 2002 - 09:56 GMT
Clima que cómo cambia
Cumbre de la Tierra en Johannesburgo.
Cumbre de la Tierra: ¿mucho ruido y pocas nueces?
Escribe Miguel Molina, columnista de BBC Mundo

Madonas con niños

Señores delegados a la Cumbre Global sobre el Desarrollo Sostenible:

Al final de un pasillo en suave penumbra encontramos la primera Madona. Blanquísima y rubia, impecable, coronada de estrellas, rodeada de luz, en un trono de columnas de mármol con molduras de oro e incrustaciones de zafiros y rubíes.


Vivimos en un clima de pobreza. No sólo se trata del frío y del calor, sino de tener y de no tener.

El niño, cuyas vergüenzas cubre un humilde pañal blanco, se recarga en los pliegues de la roja túnica de la Madona, y la mano de ella sostiene la mano de él, que a su vez sostiene un lirio sin sombra de pecado. En sus miradas hay una paz de otro tiempo.

Más allá de las altas paredes, al otro lado del muro que rodea los tesoros del Vaticano, está la segunda Madona. La cabeza vencida por el sueño oculta su cara. Se sienta en el suelo, frente a un plato vacío que sostiene un letrero: "Tengo tres hijos. No tengo trabajo. Soy refugiada. Ayúdeme".

El niño se acurruca en su regazo. Es un niño mayor de gesto duro y mirada pensativa. De la mamá no supe. Nunca pude ver sus ojos. Tomé la foto y les dejé diez euros. Ese día hizo más calor en Roma que en los cien años anteriores. Definitivamente, el clima ya no es lo que era antes.

El único clima es de pobreza

Vivimos en un clima de pobreza. No sólo se trata del frío y del calor, sino de tener y de no tener. Después de todo hay que tener porque eso es lo que se espera de uno, de todos. Los ricos son cada vez menos porque son más ricos, y porque el río del dinero no resbala hacia abajo como prometieron los neoliberales, o su caudal es tan escaso y tan lento que no se ve.

Molino de agua destruido.
Climas de pobreza.
Hay quienes recurren a las matemáticas, como hizo un gobierno latinoamericano de no hace muchos años con el Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social Municipal, una hermosa muestra de los instrumentos que se usan para medir la realidad de un país sin acercarse mucho a ella.

Sencillamente, una familia estaba en la pobreza extrema si satisfacía la fórmula lGPj=Pj1b1+Pj2b2+Pj3b3+Pj4b4+Pj5b5, donde Pjw=Brecha respecto a la norma de pobreza extrema de la necesidad básica w para el hogar j en estudio; b1...5=Ponderador asociado a la necesidad básica w; y j=Hogar en estudio..., etcétera.

Quienes saben de cosas así me han dicho que se trata de un planteamiento estadístico o econométrico serio y no lo que parece; que ese tipo de operaciones es el único instrumento con que cuentan quienes manejan la economía, y que representa al menos un intento de entender el país que los rodea. Puede ser, pero es claro que no sirve de mucho aunque unos van a Johannesburgo a hablar sobre el desarrollo sostenible. Los otros no.

Lo más que hay es desencuentro


Considerar que las sociedades son animales puramente económicos tendría que ser delito porque es tan equivocado como considerar al sexo como una actividad únicamente reproductiva

Más allá de la anécdota y de la cifra está la inquietud. Uno hace como que no ve, pasa la página, cambia de canal, pero la historia sigue siendo la misma. El hecho es que la naturaleza está cambiando por mano humana o por natura, y de todos modos habría que hacer algo. Pero no se puede.

A veces el debate se agota en dilucidar quién tiene la culpa, quién cede qué cosa, quién puede seguir como siempre, y siempre gana el más fuerte porque el derecho es del más fuerte. Y ya.

No se puede definir si fue primero la gallina de unos o el huevo de otros. Ninguno hace mucho. Nadie hace nada, o lo que se hace es tan poco que no significa nada a escala global, como se dice ahora.

Madre y su hijo reciben asistencia en Haiti.
Las cifras no siempre reflejan la realidad.
Lo más que hay es desencuentro. Es verdad que todos vivimos en el mismo planeta pero hay partes del planeta mejores que otras, y además no es fácil llegar a ellas. Igual pasa con la comida, las medicinas, el trabajo, la vivienda, la vida misma. Los indicadores socieconómicos se han convertido de figuras relativas en referentes únicos: si las cifras van bien todo va bien aunque se mueran de hambre.

Considerar que las sociedades son animales puramente económicos tendría que ser delito porque es tan equivocado como considerar al sexo como una actividad únicamente reproductiva. Pero hay quienes así lo ven.

Por eso los gobiernos se vuelven gerencias generales y las instituciones internacionales se sientan en los consejos de administración. Cada tanto se retiran las ganancias, viene la quiebra, hay crisis, eso es lo que duele. Y que en diez años haya otra reunión para ver quién tuvo la culpa y no para ver qué puede hacerse.

Entonces, como ahora, les deseo suerte en sus deliberaciones.

Afectuosamente,
Miguel Molina


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