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Miscelánea: Columna Miguel | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Sábado, 30 de marzo de 2002 - 20:42 GMT
Vidas paralelas por el calor
![]() Tradicionalmente, los niños encienden velas en Mompós para alumbrar el paso de las procesiones.
Aquí están dos historias que nadie podía haber imaginado, y cuyos caminos se cruzaron en el laberinto de las agencias hace varias semanas santas. Algunos nombres están cambiados y otros no, pero eso es lo de menos.
Tal vez lo único que tienen en común la ciénega colombiana y el sur italiano es el calor. Y aun así, los suyos son calores diferentes: seco y sofocante uno, húmedo y sofocante el otro.
Uno no tiene por qué decir todo lo que sabe ni saber todo lo que dice. Basta con decir que lo que sabemos de esta historia es que la idea se les ocurrió con seis meses de diferencia, que los protagonistas no se conocen y que hay cinco mil kilómetros de distancia entre la escuela de uno y la iglesia del otro. Tierras calientes Mompós es tierra caliente. Quien no haya estado en la ciénega, en isla Margarita, no conoce el calor propiamente dicho.
Settefrondi también es tierra caliente a su modo. Es un pueblo tan alejado de todas partes que sus caminos no llevan a Roma -como en el resto del mundo- sino a Messina.
Es un lugar hasta allá, lejos, aislado. Como Mompós. Nadie llega a Mompós por casualidad, aunque es paso obligado para quienes van río arriba, a lugares donde no llegan los caminos que salen de la carretera Medellín-Santa Marta. El Maestro Todo ese rumbo por el río hasta Flandes, en el Tolima, lejísimos, ha andado el Maestro. Digamos que se llama Francisco Franco Pérez. El nombre no le molesta porque ya se había acostumbrado a él cuando descubrió que un antiguo dictador español se llamaba igual.
Digamos que don Pablo lleva años como cura párroco de Settefrondi. Lo más probable es que sea un cura iracundo, sin más señas particulares que el pelo encanecido y los dedos manchados de nicotina -la imaginación tiene recuerdos que la razón ha olvidado. Pero sabemos sin duda que una tarde septembrina del año pasado echó una última mirada a su iglesia. Secuestros La iglesia de don Pablo era un edificio maltratado por las grietas y el verdín que va dejando el tiempo en paredes y puertas. La congregación del padre Pablo no era generosa, y el diezmo que le daba era sólo de nombre.
Medio año después, en algún lugar de Mompós, el Maestro les informaba a sus compañeros: "La cosa ya se puso muy verraca". Llevaban seis meses sin recibir sueldo. El alcalde había hablado con ellos, les había prestado dinero a cuenta, les había prometido que pronto les pagarían. La globalización tocó al país antes de que el gobierno pudiera pagarles a ellos.
Por eso se encontraron de madrugada en el atrio de la iglesia, y uno de ellos forzó sin molestia una puerta para que entraran los demás y se apoderaran de sus víctimas: cincuenta efigies de santos principales, íconos indispensables en la Semana Santa. Restitución parcial Fue una idea diabólica o una inspiración divina. Don Pablo escondió la estatua del santo en un tapanco, debajo de las casullas viejas, y se mantuvo inflexible durante tres meses, hasta que sus feligreses reunieron el dinero, a tiempo para que el santo se integrara al nacimiento navideño.
En Mompós, el resto de la comunidad reaccionó de inmediato al conocer las demandas de los maestros. Rodearon sus casas y consiguieron recuperar la mayor parte de los santos secuestrados. Pero no todos. Los secuestradores se quedaron con el Cristo que encabeza los viacrucis y otras ceremonias litúrgicas. El alcalde encargado "No queremos echar a perder la Semana Santa", explicó uno de los maestros. "Pero es que en este país no hay justicia si no se impone por la fuerza". El alcalde se comprometió de inmediato a solucionar el problema en pocos días, oferta sentenciada a morir de muerte natural en los ritmos del gobierno momposino.
A través de los crujidos de la línea transoceánica se oyó un silencio, luego ladridos lejanos, y luego una pieza de Scott Joplin. Hablé con el alcalde encargado de Mompós, que en esos tiempos se llamaba David Williams y hablaba como hablan quienes tienen bigote poblado. Se preocupó cuando hablé del secuestro. Se quedó callado un rato. "Mire, los santos fueron recuperados y ya se arregló todo el problema", dijo por fin.
Debe haberse quedado pensando en eso hasta que se dio cuenta de que había empezado a llover. Yo me quedé pensando en eso hasta que tuve que resignarme a que este historia se quedara sin final. Pero después de todo, el mundo está de vacaciones. |
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