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  Miscelánea: Columna Miguel
Jueves, 01 de noviembre de 2001 - 20:50 GMT
Digna de atención
Misa en memoria de Digna Ochoa
Un crimen que no pasó inadvertido.
Tal vez tienen razón quienes dicen que la tragedia del 11 de septiembre y la guerra que le siguió sirven para ocultar cosas que de otro modo habrían causado escándalo, sobre todo escándalo político. Quizá eso pensaron quienes planearon el asesinato de Digna Ochoa y Plácido.

Después de todo, la atención mundial se concentra en los miles de muertes que ha causado el enfrentamiento de un país, o varios países, contra un hombre al que nadie duda en calificar de malhechor. Y un día decidieron que alguien entraría a la oficina de Digna y la mataría con un disparo en la cabeza.

Pero ese asesinato no pasó tan inadvertido como podría pensarse. Y, lejos de desvanecerse ante la lejana imagen de la guerra, el caso crece y ha provocado un debate político que pone en duda la capacidad del gobierno mexicano y sus instituciones para garantizar, cuando menos, la seguridad pública.

Monja con foto de Digna Ochoa en la iglesia de Guadalupe, México
Digna Ochoa fue asesinada el 19 de octubre del 2001.
Para muchos, las cosas han cambiado poco en México. Y ponen como ejemplo el caso de Digna.

Baste con saber que había tomado los hábitos desde joven, y que más temprano que tarde terminó trabajando como abogada de derechos humanos con la callada pasión de quien sabe muy bien lo que está haciendo. Entonces comenzaron las amenazas...

Hasta hace relativamente poco, México parecía ser otro país, al que todos saludaron como el más joven hermano de las democracias latinoamericanas cuando el candidato del conservador Partido Acción Nacional (PAN) ganó las elecciones presidenciales el año pasado.

Los vicios evidentes de un sistema político que ya tenía décadas en el poder hicieron que los mexicanos votaran hace poco menos de un año por Vicente Fox, un candidato heterodoxo, populista y comprometido con el cambio. Pero la paciencia de los pueblos, como su memoria, es breve.

Unos dicen que no es para menos. Chiapas (el conflicto que se resolvería en quince minutos), la pobreza, el desempleo, la falta de crecimiento, la educación, la salud, la corrupción siguen siendo problemas de México y de su gobierno. Y, por supuesto, la seguridad pública. O más bien la falta de ella.

Con frecuencia, el presidente Fox se ha visto entre la espada de las promesas que hizo como candidato, y la pared de la realidad cotidiana.

Digna trabajaba y vivía en la realidad cotidiana de los perseguidos o los acosados, antes como ahora, por sus ideas políticas, sociales o religiosas, y su trabajo la llevó a enfrentarse varias veces con el ejército y algunos de los cuerpos policíacos que operan en México.

No falta quien señale a cualquiera de estas dos instituciones como responsables de la muerte de la abogada.

Presidente de México, Vicente Fox
"Para Fox, el asesinato de Digna fue uno más".
La propia Digna había expresado su preocupación de que la policía o el ejército intentaran hacerle daño.

No era temor, porque no la atemorizó el hecho de que la secuestraron, la agredieron, la amenazaron de muerte, la ataron de pies y manos y abrieron la llave del gas antes de dejarla encerrada en un cuarto...

También se puede pensar que eso no quiere decir necesariamente que el ejército o la policía hayan sido los responsables directos del asesinato.

Para el presidente Fox, por ejemplo, el asesinato de Digna fue uno más de los que se cometen en la capital mexicana.

Ni el gobierno de Estados Unidos ni las organizaciones no gubernamentales (a las que difícilmente se podría señalar como coro incondicional de la Casa Blanca) parecen pensar lo mismo que Fox, porque de inmediato vieron en el caso una agresión que busca ir más allá de la muerte de una persona y atemorizar al movimiento de defensa de los derechos humanos en México. Aunque eso está por verse.

Por ahora se investiga quién mató a Digna, y es algo que hay que hacer, porque la justicia no puede ni debe ejercerse para satisfacer a la opinión pública. El caso marcará sin duda un momento decisivo para las instituciones mexicanas.

Lo que está en juego, además de las promesas de un candidato que se convirtió en Presidente, es la credibilidad de un sistema político en el que los mexicanos creyeron.

"Escribe sobre eso", me pide una colega mexicana, "escribe sobre Digna", aunque sus palabras quieren decir que escriba sobre lo que pasa en México y sobre quienes dejan que pasen esas cosas en México.


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