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Miscelánea: Columna Miguel | |||||||||||||||||||||
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Domingo, 23 de septiembre de 2001 - 14:11 GMT
Palabras de guerra
![]() Bush y sus asesores unificando criterios para su "cruzada".
Así que 730 años después, siglos y siglos que conocieron la consolidación del comercio, los avances de la ciencia y la imaginación de la técnica y los milagros del arte, llevando al homo sapiens hasta donde nadie pensó jamás que llegaría una especie, el mundo vuelve a oír el lenguaje de
la guerra religiosa.
Las primeras batallas de la guerra son con palabras. La propaganda occidental habla de cruzada, de justicia infinita, pero también habla de democracia y de libertad. La propaganda de Talibán cita sin cesar al Corán, invoca la solidaridad guerrera del islam y emite fatwas. Hay quienes vemos cómo se hace la historia sin creerlo y sin poder hacer nada para evitarlo. Hay políticos y religiosos jugando, como dijo Serrat, con cosas que no tienen repuesto. Y juegan con reglas diferentes porque ven la vida de forma diferente.
El día noveno del cuarto mes del año 1417 después de la Hégira, Osama Bin Mohamed Bin Laden declaró formalmente la guerra a Estados Unidos desde las montañas Hindukush, en la provincia afgana de Kurasán. El anuncio pasó casi inadvertido. La declaración acusa a los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita de atrocidades sin cuento contra los pueblos musulmanes y de profanación de los territorios sagrados, en una diatriba llena de citas del Corán y los poetas. Su estilo no hace el texto menos violento. Y hace poco o hace mucho, el presidente George W. Bush anunció que emprendería una cruzada para castigar a los responsables de los ataques del 11 de septiembre. Nadie duda que Estados Unidos tenga derecho a castigar a quienes destruyeron más que vidas y edificios, pero ¿una cruzada? Hablar de una cruzada, como lo hizo Bush cuando anunció su determinación de acabar con el grupo que se hizo fuerte con la ayuda del otro presidente Bush, equivale a una declaración de guerra contra una religión y no contra los responsables del ataque. Cuando menos así lo explica la historia. Para aumentar la confusión, los Talibán responden a todo argumento con razones religiosas, como corresponde a quienes basan sus actos en la fe y sus instituciones. Piden a Estados Unidos que pruebe que Bin Laden organizó los ataques o los instigó, pero advierten que una ofensiva contra Afganistán será una declaración de guerra a todos los musulmanes. Los integrantes de la OTAN coinciden. Quien ataca a uno de sus socios ataca a la organización entera. Se alzan puños, se pronuncian discursos, y uno oye lo que dicen Washington y Kabul y se da cuenta de que es un diálogo de sordos que no quieren oír, pero tampoco pueden entender qué dice el otro.
Según el Corán, la justicia infinita es prerrogativa de Alá, lo que explica que los Talibán hayan reaccionado como reaccionaron. Pero cuando se usó la expresión profana la ofensa llegó más lejos, porque todos los musulmanes del mundo protestaron ante la soberbia de un ejército que se compara con el Todopoderoso. La gente, como decía yo hace un par de párrafos, contribuye a la tensión, pero también la sufre. Las palabras pueden tener efectos profundos. Un musulmán se sube al metro mirando con desconfianza, con temor de que alguien le vaya a decir algo. Otra persona va pensando que no se sabe si el hombre de barbas de más allá va a cometer alguna locura... Y esa escena se repite en todas partes del mundo donde haya una comunidad musulmana, aunque no haya un metro como el de Londres.
No basta el ejemplo del congresista John Cooksey, republicano de Luisiana, que sugirió, estúpidamente, que las autoridades detuvieran e interrogaran "a toda persona con un pañal en la cabeza". La torpeza y la ignorancia del legislador, que fue uno de los que votaron entusiastamente por la guerra, son evidentes. Otras torpezas, algunas de ellas de políticos latinoamericanos, también. Y es evidente que varios gobiernos europeos han comenzado matizar su lenguaje para condicionar su participación en el conflicto que viene. Y aunque ya se dejó de usar el término de cruzada, uno descubre que una de las cruzadas más exitosas por la reconquista o conquista de Tierra Santa fue la que encabezó de 1222 a 1229 el emperador Federico II, quien a base de negociación y no de fuerza obtuvo Nazaret, Belén y Jerusalén. Hay que pensar que aunque los dioses de ambas partes tenían presente la ley del Talión, sus palabras, en la Biblia o el Corán, tenían que ver más con el amor que con la guerra que está a punto de comenzar. |
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