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  Miscelánea: Columna Miguel
Lunes, 09 de julio de 2001 - 06:00 GMT
El breve aullido de David Copeland
Disturbios en Bradford
Resultado de disturbios entre racistas, antiracistas y minorías.
Desde el martes, día dedicado al dios de la guerra, el norte de Inglaterra esperaba y temía lo que pasó el sábado en la noche.

En Bradford, una ciudad como otras en el norte de Inglaterra, se cerró un círculo de violencia con nuevos enfrentamientos entre jóvenes de una comunidad de inmigrantes, militantes de extrema derecha y policías.

Medio millar de asistentes a una manifestación de la Liga Antinazi en Centenary Square terminaron enfrascados en una batalla callejera con simpatizantes del Frente Nacional. Hubo docenas de heridos y docenas de arrestados. Pero nada de ésto es nuevo: los incidentes de este año comenzaron en abril y se han repetido en Leeds, Oldham y Burnley, en el norte de Inglaterra.

Sin embargo, las tensiones raciales no son nuevas en Gran Bretaña. Hay quienes aseguran que la más reciente etapa de violencia comenzó hace un par de años, y recuerdan el breve aullido del Lobo Blanco. Aquí recuento parte de esa historia tal y como la escribí entonces para la revista mexicana Punto y Aparte.

****************

Era un viernes de 1999. A las seis de la tarde y treinta y siete minutos se oyó el estallido de la tercera bomba. "Ví una luz amarilla, y sentí los gases y los pedazos de vidrio pegándome en la cara", recordaría después Sande, la mesera noruega del bar Admiral Duncan, en el barrio de Soho: "Cuando abrí los ojos ví que todo estaba destruido".

No era para menos. La bomba -que estaba en una bolsa deportiva Adidas- era una caja de zapatos llena de cohetones, clavos y otros objetos de metal.

Cuando hizo explosión mató a dos, mutiló a varios e hirió a casi todos los que comenzaban a celebrar en el bar un fin de semana que se inició el viernes y termina el martes, casi como la primavera de Londres.

La primera bomba

La primera bomba estalló un sábado a las cinco y media de la tarde en un mercado callejero de Brixton, en el sur de Londres. Quince minutos antes, tres muchachos pensaban qué hacer con la bolsa deportiva Head que habían encontrado en la parada de autobús. Los curiosos se fueron juntando alrededor de los muchachos y la bolsa. Hubo quien dijo que podía ser una bomba. Hubo quien abrió la bolsa y vio que era una bomba. Decidieron deshacerse de ella. Alguien le dio la bolsa con la bomba a George Jones, uno de los puesteros, y George Jones abrió la bolsa, vio la bomba, y puso la delicada carga en unas cajas junto a un muro.

A esas horas, cinco de la tarde con dieciocho minutos, ya había otra docena de curiosos. Uno de ellos sacó la bomba de la bolsa y se llevó la bolsa. "La bomba estaba sobre las cajas, y uno de los curiosos se le acercó y dijo que estaba haciendo tic tac", recuerda Mark Murphy, otro de los puesteros. Un guardia de seguridad vino a ver la bomba, la vio y fue a dar aviso. Vino el gerente de la tienda.

Eran las cinco veintiuno de la tarde. El gerente llamó a la policía. La policía llegó a las cinco y veintinueve. El estallido se oyó a más de un kilómetro a la redonda. Treinta y nueve personas resultaron heridas. La bomba tenía más de treinta kilos de clavos.

La segunda bomba

La segunda bomba estalló en Brick Lane, en el este de Londres. Al contrario de Brixton, el sábado es un día tranquilo en la zona porque no hay mercado callejero. Laskar Ullah vio todo desde la ventana del restaurante donde tomaba café: un hombre se le queda viendo a una bolsa deportiva Reebok, la levanta, camina hacia un automóvil frente al restaurante, pone la bolsa en el cofre del vehículo, la vuelve a levantar, y camina con ella hacia la esquina, donde hay una estación de policía, que está cerrada ese sábado, así que el hombre regresa al vehículo, abre la cajuela, pone la bolsa dentro y abre la bolsa, y en la bolsa hay una bomba (de eso nos enteramos todos después, como nos enteramos de que el hombre vio un reloj, cables, clavos, algo que sin duda era el explosivo), el hombre cierra la cajuela, se va directamente al teléfono más cercano, hace una llamada y está colgando el teléfono cuando dan las cinco cincuenta y siete y una explosión hace volar los vidrios de todas partes, y seis personas, entre ellas Laskar Ullah, que tomaba café, terminan en el hospital llenos de vidrios.

Los Lobos Blancos

Los atentados sucedieron en barrios de la ciudad habitados por negros (Brixton), por asiáticos de origen indio (Brick Lane), o frecuentados por la comunidad gay (Soho), pero desde la segunda bomba comenzaron a aparecer carteles en todas partes recomendando prudencia si uno encontraba paquetes o bolsas sospechosas.

Y la gente comenzó a darse cuenta de que los Lobos Blancos ya no hablaban en broma. No muchos habían oído hablar de esa organización, y los pocos que lo hicieron no la habían tomado muy en serio. Pero el mensaje de los Lobos Blancos era directo:

Los judíos y los que no sean blancos que queden (en Inglaterra) después de que termine 1999 serán exterminados. Cuando los relojes marquen la medianoche del 31 de diciembre de 1999, los Lobos Blancos comenzarán a aullar y cuando los Lobos comienzan a aullar comienza la caza. Están advertidos. Hail Britannia.

Como pudieron colegir los expertos, los Lobos Blancos eran una célula fascista que nació a mediados de los noventa y estaba integrada originalmente por cuatro o cinco militantes. Su manifiesto, como explicó a la prensa Gerry Gable, director de la revista Searchlight, advertía claramente que pensaban bombardear barrios negros y asiáticos.

Sin embargo, no fueron los Lobos Blancos quienes se atribuyeron la responsabilidad de los atentados sino Combat 18 (el número se debe a las iniciales de Adolfo Hitler, las letras uno y ocho del alfabeto), que está considerado como uno de los grupos neonazis más peligrosos del país.

El lunes diecinueve de abril, dos días después del atentado de Brixton, un agente de Scotland Yard recibió una llamada a las seis de la mañana: "Éste es Combat 18", dijo una voz de hombre. "Nosotros fuimos quienes pusimos la bomba".

Bradford
Los últimos choques dejaron decenas de heridos.
En la lista de los grupos que podían haber puesto la bomba apareció también el Frente Nacional, que conserva alrededor de 300 militantes de la fuerza que fue hace casi treinta años, cuando dominaba la extrema derecha británica. Más abajo se menciona la Tercera Posición Internacional, fundada en 1991 por un fascista italiano renegado del Frente Nacional que conserva vínculos con otras organizaciones similares en el resto del continente, aunque sólo tenga alrededor de cincuenta militantes.

La Liga de San Jorge está en la lista, si bien la organización perdió toda influencia y actualmente es más un club de señores sesentones que se reúnen a beber y a recordar lo tiempos en que tenían fuerza y recursos para ejercerla.

Más tarde se descubriría que las bombas nada tenían que ver con estos grupos, y que el autor de los atentados era David Copeland, un mecánico del metro de Londres que entonces tenía veintidós años y lleva dos en la cárcel donde va a pasar el resto de su vida.

Pero parece que el ejemplo de Copeland sirvió de mucho a la extrema derecha, que desde ese año redobló sus actividades. Los incidentes de Bradford son apenas una muestra de lo que puede pasar en el largo y a veces ardiente verano inglés.


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