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  Miscelánea: Columna Miguel
Lunes, 12 de marzo de 2001 - 19:11 GMT
Los idus del marzo paraguayo
Luis González Macchi
Presidente Luis González Macchi, bajo la mira.
Sé que las cosas que no conozco son numerosas como la arena de la playa, y que entre las cosas que no conozco está Paraguay.

En marzo de 1994 conocí a un ministro paraguayo en Uruguay. Cuando le pedí una entrevista me dijo sin sombra de duda: "Eres mexicano de Veracruz". Y antes de darme la entrevista me explicó que había vivido muy cerca de la ciudad en que nací, y conocía la región y sus acentos. No recuerdo su nombre y no volví a saber de él.

Por esas mismas fechas conocí a un periodista paraguayo, José María Amarilla, una noche que se nos acabó mirando el carnaval montevideano y bebiendo cerveza y contando historias con el colega uruguayo Fernando Gutiérrez, hace años. Tampoco he vuelto a saber de ellos. Y he conocido a otros paraguayos pero nunca pude visitar el país.

Sin embargo, no hace falta visitar Paraguay o conocerlo para darse cuenta de que las cosas andan mal en ese país, que en los últimos cinco años ha vivido una de las inestabilidades políticas más intensas de la región, incluyendo a Ecuador, que también tiene lo suyo.

Sería inocente atribuir los problemas políticos (que son causa del estancamiento económico y del descontento social, entre otras cosas) a un solo partido o a una sola persona, aunque la tentación sea mucha.

Haciendo memoria, uno recuerda la rebelión que empezó siendo política y se transformó en militar cuando el entonces presidente y todavía ingeniero Juan Carlos Wasmosy decidió relevar del mando al general Lino César Oviedo, que era jefe del ejército en 1996 y quería ser candidato presidencial.

Ahí se hicieron más visibles y menos reparables las fracturas en el partido en el poder, que era el Colorado. No perturbaré la memoria del lector con la historia de los dimes y diretes, los debates y las peleas que provocó la pugna entre el ingeniero y el general, pero el general terminó sentenciado a diez años de cárcel por intento de golpe de Estado, y Raúl Cubas fue candidato colorado y ganó la presidencia.

Pero el presidente Raúl Cubas tuvo que dejar el poder porque cometió el error imperdonable de perdonar al general Oviedo, y ese capítulo culminó con el asesinato del vicepresidente, Luis María Argaña, en medio de violentas manifestaciones populares en las que hubo otras muertes menos memorables en el Marzo Paraguayo... Luis González Macchi, quien era jefe del Legislativo, se convirtió en jefe del Ejecutivo. El general Oviedo, a quien se responsabiliza del magnicidio y de todo lo demás que pasa en el país, huyó a Argentina y terminó en Brasil, donde fue detenido y espera el resultado de un proceso de extradición que se arrastra desde el año pasado tras una persecución digna de película.

Aunque no todo en Paraguay es cosa del general. La semana pasada se divulgó la noticia de que el carro presidencial, un BMW 528i blindado, ni más ni menos, no sólo había entrado de contrabando al país, sino que además era robado, cosas que el gobierno niega y muchos dan por hecho.

La Cámara de diputados reúne elementos para acusar a González Macchi del presunto delito vehicular -porque de alguna manera hay que llamarle- y solicitar su juicio político al Senado. Y aquí vuelve a aparecer, aunque siga detenido, el general Oviedo.

Y es que el general, que despertó pasiones en su contra, también supo alentar lealtades, moneda de escaso curso entre quienes tienen el poder y quienes lo quieren. Esta semana, los suyos están a punto de convertirse en mayoría en el Senado por la reincorporación de José Francisco Appleyard, Enrique González Quintana y Octavio Gómez, quienes estaban bajo arresto domiciliario pero siguen siendo senadores aunque todavía estén sometidos a proceso por su responsabilidad en los disturbios de aquél marzo sin sueño.

Dicen quienes saben que en la política no hay coincidencias. El caso es que Oviedo y los oviedistas tendrían una posición de fuerza importante si se llega a someter al presidente a juicio político. El presidente, por su parte, reacomoda el gabinete y ordena un nuevo plan económico y la reforma del Estado para salir de una crisis cada vez más incómoda, a la que se suman los problemas naturales de una nación: salarios, contrabando, corrupción, delincuencia y etcétera.

Y el vicepresidente Julio César Franco se prepara para asumir el poder, pese a que Félix Argaña, uno de los hijos del vicepresidente asesinado hace casi dos años, haya advertido que sería "una absoluta locura apostar por Yoyito Franco en vez de González Macchi".

Es lunes, y en la mañana inglesa llena de sol y aromas de café, uno piensa, al leer este apretado repaso a la situación que vive Paraguay, que no importa quiénes estén o quiénes vengan mientras sigan ensimismados en su querella contra otros como ellos. Por desgracia, parece que tendrán que pasar otros marzos, ojalá sin violencia, para que algo cambie.


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