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Miércoles, 27 de julio de 2005 - 11:03 GMT
Soy londinense

Lourdes Heredia
BBC Mundo, Londres

Metro londinense.
"La solidaridad se transformó en miedo, paranoia y mal humor".

Nunca me sentí tan londinense como después de los atentados del 7 de julio. En medio de la rabia, la tristeza y el pesar de ver la pesadilla hecha realidad, me encontré sobretodo sintiéndome parte de esta ciudad.

Los extremistas habían atacado a todos, sin importar raza, color o religión. La solidaridad se sentía en las calles y todos luchábamos juntos para mantener la integridad de "nuestra" ciudad.

Incluso con la imagen del autobús de dos pisos destrozado incrustada en el cerebro, señoras con niños subieron al día siguiente al transporte público. Yo no cabía de la admiración y del orgullo de vivir entre gente tan valerosa. Me sentía culpable por haberme quejado alguna vez de los precios estratosféricos que uno tiene que pagar por vivir en esta ciudad.

De camino a la oficina paso siempre por Russell Square, donde explotó una de las bombas más mortíferas; sus calles acordonadas fueron uno de los tantos recordatorios de las víctimas y los heridos.

Pese a todo, la vida continuaba, incluso con más energía. Así me lo hacían sentir las flores en las estaciones, o las puertas siempre abiertas del British Museum, otro de los lugares en mi ruta hacia la oficina.

"Tengo derecho a vivir"

Metro londinense.
"La muerte de este joven brasileño me tocó en lo más hondo por la incongruencia del incidente".

No fue hasta el segundo atentado que todo cambió. Si lo que intentaron fue dividir a la población, los extremistas lo lograron. La solidaridad se transformó en miedo, paranoia y mal humor.

Aunque no hubo muertos, la mayor víctima fue la confianza. La muerte de un brasileño inocente, abatido por la policía con ocho tiros, es un reflejo del nerviosismo que reina en la ciudad desde entonces.

La muerte de este joven brasileño me tocó en lo más hondo por la incongruencia del incidente. ¿Cómo fue posible la confusión? ¿Es que ya nadie puede llevar una chamarra o una mochila sin convertirse en sospechoso? ¿Porqué corrió Jean Charles? Son tan sólo algunas de la larga lista de preguntas sin respuestas.

Ante tantas incógnitas mi editor me recuerda que tengo que tomar distancia de lo sucedido, y dar la versión de los hechos sin opiniones propias, reflejando siempre todos los ángulos de la noticia.

Pero eso no me quita de encima el peso que siento. Un compañero en la oficina bromea y dice que se mandará a hacer una camiseta que diga "soy brasileño, no disparen". Yo pienso que mejor me haría una que diga: "Soy londinense, no me mates".

Tras un segundo de reflexión pienso que quisiera más bien darle una camiseta a todos los inocentes, que mueren a diario, no sólo en Londres sino también en Irak, que diga: "soy un ser humano y tengo derecho a vivir".


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