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Miércoles, 2 de marzo de 2005 - 16:48 GMT
Un lugar llamado Brixton

Cecilia Barría
BBC Mundo, Londres

Salgo del metro y lo primero que me piden es la tarjeta de viaje para revenderla.

"photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission"
En las calles de Brixton. (photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission)

Frente a mí está la anciana caribeña que no para de sonreir mientras toca una peineta envuelta en papel que sostiene entre sus labios y mueve con su mano izquierda una especie de sonajero.

Está sentada en el suelo y ríe, ríe como si nadie pudiera quitarle ese derecho, rodeada de pequeñas fotos de peces con materiales reciclados que están a la venta y que cuestan "lo que usted diga".

A mi derecha, cerca del paradero de buses que van hacia Crystal Palace, escucho la voz de alguien que no alcanzo a ver repitiendo "skunk" "skunk", en el mejor lugar para vender marihuana: justo frente a las cámaras de la policía.

Sigo caminando entre la gente, las ráfagas de incienso y los CDs piratas en un barrio multiétnico, capital de la comunidad jamaiquina en Londres e inmortalizado en canciones como "The guns of Brixton" de la banda británica The Clash.

"photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission"
El mercado de Brixton. (photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission)

Un barrio famoso por las protestas callejeras -con molotov incluidas- bajo el gobierno de Margaret Thatcher, los clubes nocturnos, la vida cultural.

Algunos lo llaman "el alma negra del Reino Unido", el mismo lugar donde alguna vez vivieron Charles Chaplin, Vincent Van Gogh y David Bowie.

El mismo que recibió la visita de Nelson Mandela en 1996 y atrajo la atención del neo-nazi David Copeland quien detonó una bomba en 1999 afuera de un supermercado, justo donde estoy parada en este momento.

El elenco estable

Veo al orador que todos los días desde muy temprano nos recuerda, con la biblia en mano y a todo pulmón, que el día del juicio final llegará pronto.

También al hombre que va a la biblioteca municipal a fotocopiar poemas. El que pone las monedas de 10 peniques en la fotocopiadora sin dejar de hablar solo y soltar carcajadas como si estuviéramos todos en una película de terror.

"photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission"
Protesta callejera en los 80. "photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission"

Está también el que se viste siempre con el mismo poncho de colores, sombrero negro y una especie de báculo. Y el anciano ciclista de barba larga que lleva la casa a cuestas junto a dos parlantes gigantescos con música electrónica de los 70s.

Así de simple, como si estuviéramos en una superproducción y todos fuéramos parte del elenco. Él es el director musical, y yo, ¿que hago en esta obra? ¿quién se llevó el libreto?

Voy al mercado de "Electric Avenue" por unos minutos, veo al eritreano Abdul vendiendo verduras y a los argelinos Ali y Yassin, zapatos. Compro jengibre en la tienda de los kurdos iraquíes, tofu donde los chinos y cebollas donde las británicas.

Saludo a William Serna, el dueño de un café colombiano que, como es habitual, tiene la música de Camilo Sesto a todo volumen.

Más allá están las peluquerías donde mis vecinas se ponen uñas y pelo sintético. Y los bares, y las tiendas de diseño, y un par de librerías y hasta un centro deportivo con piscina temperada.

Albert's Place

Pero me canso de tanta gente. Camino hacia el cine Ritzy, un antiguo teatro restaurado que está exhibiendo un festival de cine japonés, mientras en la plaza del frente, como todos los días, están los desempleados matando el tiempo y tomando cerveza junto al monumento que recuerda las víctimas de la masacre de Sharpeville, Sudáfrica.

"photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission"
Músicos en Brixton."photo (c) www.urban75.com, reproduced with permission"

Una patrulla policial se pierde en una de las calles laterales. Dos mujeres empujan los coches y las bolsas del supermercado. Un rastafari viejo reparte volantes para un recital de reggae.

Desde el "Peace Garden" junto a la iglesia San Mateo, que alberga dos clubes en su interior, "Bug Bar" y "Mass" (Misa) veo un cartel al otro lado de "Brixton Hill" que dice "Polysexual", promoviendo uno de los eventos del histórico club "The Fridge".

Me dirijo hacia el sur por un pequeño parque. Un hombre está de espaldas y con los pantalones a la altura de las rodillas. ¿Se está masturbando? No, se está inyectando heroína, pero ¿por qué a plena luz del día en un lugar tan visible? Qué se yo, es su vida.

Sigo caminando hacia mi casa por "Brixton Hill". Paso frente a "Albert's Place". Saludo al entusiasta Albert, quien vende un suculento paquete de papas fritas por apenas 90 peniques. Huele a aceite quemado. ¿Recordará Albert otro olor que no sea ese?

Doblo en la esquina y ya estoy en mi casa. Oscar empieza a maullar. Seguro que el gato terrorista, Osama Bin Ginger, estuvo acosándolo otra vez en el jardín. Vamos, ¿quieres un poco de comida?, no te preocupes, Neil ya está en camino.


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