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Viernes, 4 de febrero de 2005 - 14:48 GMT
Ser mamá en Londres

Verónica Psetizki
BBC Mundo, Londres

Niños jugando
Tener un niño en un país que no es el propio es toda una aventura, dice Verónica.

Tener un hijo en Londres ha sido para mí una doble aventura. Por un lado significó un gran cambio en mi vida al dejar de ser una persona independiente para estar día y noche a disposición de una persona que pasó a ser el centro de toda mi atención. Y por otro, interrumpir por un tiempo mi carrera profesional para ser mamá en horario completo.

El otro desafío fue tener un niño fuera de mi país, alejada de mi familia, en una ciudad que era desconocida para mí en todo lo relacionado con el embarazo y la vida con niños.

Mientras mi panza crecía me fui dando cuenta de que aquí todo es distinto a mi país y en muchos otros países de Latinoamérica, incluso Estados Unidos o Europa. Para empezar, la mayoría de las mujeres se atienden a través del sistema de salud pública británico (National Health Service, NHS), que es totalmente gratuito (la atención privada durante el embarazo y el parto cuesta entre US$10.000 y US$20.000).

Aquí ver a un especialista es algo bastante raro y ocurre sólo en casos complejos o graves, cuando el médico de familia lo entiende necesario. El embarazo se considera un procedimiento "de rutina" y por ese motivo los ginecólogos y obstetras sólo intervienen si hay complicaciones. En mi caso, como afortunadamente todo se desarrolló sin problemas, nunca ví a un ginecólogo.

Mujer embarazada
En Londres el embarazo es un "procedimiento de rutina".

Mis consultas siempre fueron con el médico general o con la partera, la gran protagonista en los nueve meses de gestación. Ella es quien se encarga de hacer todas las pruebas y análisis, de realizar las ecografías (sólo dos en el embarazo, a diferencia de las cinco o seis que se hacen en otros sitios), de contestar todas las dudas y, finalmente, de asistir el parto.

Sin embargo, en muchos casos, no es siempre la misma -yo nunca ví a una partera dos veces- por lo que el trato se torna bastante impersonal. Uno carga con su historia clínica en cada visita y así la partera o el médico de turno se entera de cómo se está desarrollando el embarazo. Cuando llega el día del parto, la impersonalidad vuelve a hacerse presente.

Después de pasar varias horas con Ana, una matrona española con la que me sentía muy cómoda, me avisó que su turno terminaba y que se tendría que ir. A pesar de mis ruegos y de que me aseguraba que mi bebé estaba a punto de asomarse al mundo, Ana se fue y llegó otra persona, todo esto a menos de media hora de que naciera Sebastián.

Finalmente todo salió bien, y mirando hacia atrás no puedo quejarme; el sistema es distinto pero no por eso es peor.

Lo que también encontré muy diferente es el sistema de apoyo a las madres durante los primeros años de vida de sus hijos. La ley establece que toda mujer que haya trabajado en una determinada empresa por al menos seis meses, tiene derecho a licencia maternal con goce de sueldo por 18 semanas. Luego percibe un salario mínimo por dos meses más. Y muchas empresas ofrecen la posibilidad de completar un año de licencia, generalmente sin remuneración.

En mi caso me dediqué por completo a cuidar de Sebastián durante su primer año de vida. Luego, como muchas mamás en este país, decidí regresar a trabajar medio tiempo.

Niño jugando
Todos los barrios cuentan con grupos de juegos organizados para niños.

En Londres encontré que es bastante fácil ocupar el tiempo con los niños en actividades en las que ambos nos beneficiamos. Existen clases de masajes para bebés, algunas de ellas gratuitas en centros de salud públicos. Allí los bebés se deleitan con las caricias mientras las mamás conversan e incluso se hacen amigas.

En realidad, ésa es la finalidad última de todas las actividades: crear una red de apoyo. Y esto es útil no sólo para las mujeres extranjeras sino también para las inglesas, ya que a pesar de tener familia y amigos aquí sienten la necesidad de encontrar personas que compartan su nueva situación.

Cuando el bebé ya puede sentarse y "jugar", las mamás comienzan a ir a los "playgroups". En todos los barrios de todas las ciudades existen estos grupos de juego organizados por iglesias, centros de salud, la municipalidad o incluso por madres que deciden reunirse. Estos ofrecen un sitio donde los niños encuentran todo tipo de juguetes y los adultos comparten una charla, té y galletitas mediante. Algunos funcionan todos los días, otros un par de veces a la semana, durante dos o tres horas. Muchos son gratuitos y otros cobran una pequeña suma para financiar los gastos.

Centro de juegos para niños
La ciudad tiene diferentes espacios públicos para que los niños puedan entretenerse.

Las bibliotecas públicas son otra importante fuente de entretenimiento. Además de libros para todas las edades, muchas ofrecen sesiones de música en las que mamás y niños cantan canciones infantiles. También están los parques y plazas, con sus excelentes rincones infantiles, los museos, que en su mayoría son gratuitos y organizan actividades para los pequeños, y la lista podría continuar.

Años atrás nunca imaginé que mi primer hijo nacería en Londres. Hoy, tras haber pasado por la experiencia, creo que tenerlo aquí no ha sido una mala decisión.


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