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Jueves, 23 de diciembre de 2004 - 17:35 GMT
Greenwich, con o sin meridiano

Javier Lizarzaburu
BBC Mundo, Londres

Cutty Sark-Greenwich
El té llegaba más rápido en el Cutty Sark.

Una de las cosas que me recordó Greenwich estos días, fue que la arquitectura, los edificios, las estructuras, tienen una particular capacidad de seducción.

Cuando me mudé a esta zona, London SE10, longitud 0° 0'0" y sede del Meridiano del mismo nombre, lo hice porque quería un cambio.

Pero un cambio de casa terminó siendo también un cambio de visión. La vereda del río -que es la ruta que recorro desde la estación de Cutty Sark hasta mi edificio- no es alegre pero majestuosa. En los 400 metros que me toca recorrerla, hay acumulados otros tantos cientos de años de historia.

Nada más salir de la estación, uno se encuentra con el mismo Cutty Sark, el velero inglés del siglo 19 que en su época fue la nave más rápida para el transporte de té desde la China.

Si bien es una de las atracciones turísticas de la zona, estos días sufre la solitaria humillación de tener un pequeño árbol de navidad instalado en lo alto de su mástil.

A los pocos metros, paso por la grandiosa Escuela Naval, considerada el mejor ejemplo del barroco inglés, siglo 18, cuyos edificios no se sabe bien si han descendido silenciosos de las colinas o acaban de llegar por río a la espera de un desfile de gala.

Royal Naval College-Greenwich
Paso por la grandiosa Escuela Naval, considerada el mejor ejemplo del barroco inglés, siglo 18, cuyos edificios no se sabe bien si han descendido silenciosos de las colinas o acaban de llegar por río a la espera de un desfile de gala

Un poco más allá, después de pasar por la Taverna de Trafalgar, en la que Charles Dickens tomó más de una cerveza y que usó como escenario para escribir "Nuestro Mutuo Amigo", se llega al Trinity Hospital.

Según dicen, este antiguo asilo de marineros fundado en 1616 por el Duque de Northampton, es la estructura más antigua de la zona. Y su texto en latín en el dintel del portón, con el nombre de Crenwici grabado en la piedra, no hizo más que empujarme a las profundidades de la historia.

A los pocos días descubrí que el nombre de Greenwich apareció por primera vez en los documentos oficiales en el año 940. Que por su configuración geográfica había sido desde un principio lugar de barcos y barcazas y que por el verdor natural de la zona había terminado por llamarse "Puerto Verde".

Pero fue también desde aquí que su hija más ilustre: la reina Isabel I, despidió a uno de sus mejores hombres, Francis Drake -sí, el pirata- en su viaje por el mundo.

La historia del lugar está llena de anécdotas con los que ahora puedo entretener o aburrir a las visitas. Hasta me enteré por qué se escogió a Greenwich para las celebraciones del Milenio en Gran Bretaña.

Fue aquí donde se construyó el famoso Millenium Dome, una cúpula aplanada y enorme que aparece ahora en la distancia, medio cubierta por la bruma, y con sus torres metálicas que emergen hacia el cielo como ganchos de pelo a punto de caerse.

Y la razón parece ser porque aquí se celebró también el primer milenio. Según datos históricos, en un Greenwich de hace mil cuatro años, hubo otro grupo de entusiastas que le dio la bienvenida a la nueva era. Sólo dios y el río saben qué se pensaba en esa época.

Desde entonces esta ciudad no ha dejado de reinventarse. El flujo es contínuo. Pero no siempre mágico. Mi ruta termina, casi de golpe, porque mi edificio está al costado, con la planta de energía eléctrica de fines del siglo XIX, la Greenwich Power Plant.

Greenwich Power Station
La Greenwich Power Station recién construida, allá por el siglo XIX.

Esta estructura, de lo que se puede llamar un estilo industrial victoriano, tiene cuatro chimeneas enormes, muros de ladrillo que se levantan por encima de los 30 metros y produce una sensación amenazadora cuando se pasa por aquí de noche. Por suerte hoy no es más que una muestra de lo ajena que puede ser la arquitectura.

Cuando llego a casa lo que siento son los ecos de estos edificios: comerciamos, sanamos, inventamos, educamos, seducimos. Casi como un mantra que para muchos representa los pilares de esta nación.

De alguna manera, todo este diálogo de paredes al borde del río, me recordó que todo fluye. Que así como ni los edificios se libran de esta evolución, tampoco Londres, ni yo mismo. En este río, estamos metidos todos.


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