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Jueves, 22 de julio de 2004 - 19:56 GMT
¡Larga vida al Players' Theatre!
Roberto Belo
Roberto Belo
BBC Mundo, Londres

Se encienden las luces del escenario, y aparece el maestro de ceremonias con su levita y un sombrero de copa. Acto seguido, saluda a los espectadores, parroquianos y novatos, y los invita a brindar por la reina Victoria.

Anagrama del Players' Theatre

¡Dios salve a la Reina!, decimos todos al unísono -en inglés, por supuesto. Y tras una breve introducción, acompañados de los acordes del pianista de turno, volvemos a tomar asiento para disfrutar del primer número del "mundialmente famoso music hall victoriano".

No, no estamos en un museo, ni nos caímos en la máquina del tiempo de H. G. Wells. Estamos en el Players' Theatre, que a pesar de algunos problemitas propios de la edad, sigue lo más campante... bueno, más o menos.

Como una reunión de amigos

Lo conocí hace cuatro o cinco años, casi por casualidad. Una amiga tenía unas entradas de cortesía, y me dijo: "Te va a gustar". Y no sólo me gustó, sino que, literalmente, me hizo sentir en una reunión de viejos conocidos.

Platea  y escenario de la antigua sala bajo la estación de Charing Cross.
La vieja sala, bajo los arcos de la estación Charing Cross.

Bastó con poner un pie en la sala bajo los arcos de la estación de trenes de Charing Cross, en el centro de Londres, para integrarme a la legión de seguidores de ese particular club de teatro, reunidos para pasarla bien y cantar a coro grandes éxitos de la casa como Covent Garden in the morning, Oh! The fairies y Dear old pals.

Incluso, un novato como yo podía intentar demostrar sus dotes vocales -gracias a la selección de canciones del día incluida en el programa- y hasta probar suerte con la rifa que prometía grandes premios, a sólo una libra esterlina el boleto.

(Otros elementos como el pub del fondo de la platea y el infaltable helado de los intervalos pueden resultar toda una novedad para algunos lectores, pero eso es parte de la tradición teatral británica y merecería una nota aparte.)

Orgullo imperial

Las canciones, los recitados, los bailes, la vestimenta, el peculiar acento inglés, y hasta el aroma de la sala: todo tenía un inconfudible aire victoriano. Pero nadie mejor que el maestro de ceremonias para dar ese toque de rancio abolengo, al presentar cada uno de los actos y al intercambiar opiniones con el auditorio.

Retrase el reloj a una época pasada... A un tiempo en que Londres era el brillante centro de un gran imperio en expansión

Siempre había espacio para darle la bienvenida a los forasteros, aunque a riesgo de generarles un trauma de identidad. Insisto en que en aquel recinto el tiempo estaba detenido en algún momento del reinado de Victoria, entre 1837 y 1901, y el anfitrión desconocía cualquier país que no estuviese en los planisferios de aquellos años de esplendor imperial británico.

Todo esto no era un capricho, sino el legado de la compañía fundada en 1936 por Leonard Sachs y Peter Ridgeway que, luego de probar diferentes formatos, decidieron recrear el furor de los teatros de variedades de las tres últimas décadas del siglo XIX.

Sin duda, una experiencia casi surrealista y que no me cansé de recomendar a todo aquel que se aventurara por esta ciudad.

Hasta que un día, el telón pareció bajar por última vez.

Penúltimo adiós

Dominic Le Foe y Norma Dunbar.
El maestro de ceremonias Dominic Le Foe y la corista Norma Dunbar.

En 2002, la compañía a cargo del Players' Theatre se declaró en bancarrota. No pude evitar la pena y la nostalgia por aquel reducto mágico, y me reproché el no haber hecho nada para evitar su cierre.

Una mala gestión y hasta un escándalo amoroso en plena función, conspiraron para ahuyentar a la concurrencia. El resto es historia.

Otra compañía teatral arrendó la vieja sala que, destripada de todos sus recuerdos y con el remozado nombre de "New Players Theatre", reabrió el 14 de julio con un nuevo musical sobre el perrito Snoopy, que de victoriano no tiene nada.

Como el ave fénix

Resignado a hablar en tiempo pasado del Players' Theatre, fue grande la sorpresa cuando, al buscar más datos para escribir esta nota, descubrí con alegría que el muerto había resucitado.

Peter Ustinov como 'Hércules Poirot'.
Grandes actores británicos, como Peter Ustinov, debutaron en el Players' Theatre.

Huérfano de sala propia, sus actores y amigos, herederos de su tradición, pusieron manos a la obra: crearon un "comité de restauración" e inauguraron un nuevo ciclo en una sala prestada, a unas pocas calles de su anterior ubicación.

Allí están de nuevo, casi inmaculados, los trajes, las canciones, los bailes y el maestro de ceremonias, con toda su flema inglesa y su aire victoriano.

Y otra vez vuelven a sonar los compases del himno que religiosamente ha cerrado todas las funciones del Players' desde 1936: Dear old pals.

En una de sus estrofas, casi proféticas, la canción dice: "Nadie sabe cómo los extraño, queridos viejos amigos". Así que ya lo saben: si se dan una vuelta por el Theatreland londinense, no dejen de brindar por Victoria.


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