Si el diablo no mete la cola, Lance Armstrong ganará mañana su séptimo Tour de Francia.
Tras cruzar la meta, se jubilará, le regalarán un reloj de oro con dedicatoria y todos podremos, por fin, buscar un nuevo campeón que nos excite y entusiasme.
Armstrong ganaría su séptimo Tour "si no se cae de la bicicleta".
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La verdad es que Armstrong, este Armstrong del Tour 2005, es de lo más aburrido. Viaja en el pelotón, protegido por una guardia pretoriana, repartiendo amenazas y favores como Don Corleone en la ópera.
Igual que el veterano que hace tiempo hasta la jubilación, Armstrong sólo trabaja cuando no tiene más remedio, para mantener a raya a algún insolente, y después se apoltrona nuevamente.
Su superioridad física y psicológica es total: no sólo está seguro de ganar, sino que ha convencido a todos sus rivales de que ellos no pueden ganar mientras él esté en actividad.
Diferentes medidas
Los campeones se miden con dos criterios diferentes: por la dimensión de sus hazañas y por el efecto de esas proezas en la imaginación popular.
Se podrá decir que a mayor hazaña más admiración popular, pero no es necesariamente así.
Michael Schumacher ha ganado más campeonatos del mundo de Fórmula 1 que Ayrton Senna, pero el público adora al brasileño y detesta al alemán.
Por supuesto que Armstrong es el ciclista más formidable en actividad, pero el público no ha reaccionado en 2005 como en años anteriores, cuando perseguía la hazaña de igualar, primero, y luego superar la barrera de los cinco Tours personales.
En 2003 y 2004 fue el deportista más admirado del mundo. En 2005 no vemos la hora de que se marche.
El Armstrong de los siete
¿Pero acaso el Armstrong de 2005, con siete Tours en su palmarés, no es mejor que el Armstrong de los cinco Tours, o el de los seis Tours?
Pues no, si escuchamos el dictamen popular. El Armstrong de los siete Tours es un plomo.
Y sin embargo, el dato de esos siete Tours permanecerá en los anales como el registro más formidable de grandeza deportiva. Es una pena que su protagonista se quede sin un festejo triunfal.
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La verdad es que Armstrong, este Armstrong del Tour 2005, es de lo más aburrido. Viaja en el pelotón, protegido por una guardia pretoriana, repartiendo amenazas y favores como Don Corleone en la ópera.
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Herencia deportiva
Desde nuestro punto de vista, hay una tercera forma de medir la talla de un campeón: su herencia.
En un artículo anterior dijimos que las credenciales más respetables de Mohamed Alí y Pelé no fueron sus actuaciones en el ring y en la cancha, sino sus efectos en la sociedad.
Alí contribuyó en forma decisiva a una campaña que transformó las relaciones sociales y étnicas en Estados Unidos, primero, y luego en muchos otros países del mundo.
Pelé abrió las puertas a la vigencia internacional, global, del deporte más democrático que existe.
En forma más modesta, otros campeones se miden por los efectos de su ejemplo en el deporte de su país.
Los hijos del campeón
En el caso de Armstrong, es evidente que el ciclismo estadounidense está recogiendo lo sembrado.
En este Tour ya hemos visto a Levi Leipheimer, Floyd Landis, George Hincapie, Bobby Julich y Dave Zabriskie. Algunos de ellos son veteranos y ninguno parece tener pasta de gran campeón, según los entendidos.
En 2006 podremos comprobar si el manto de heredero le viene bien a Tom Danielson, como afirman los comentaristas estadounidenses.
De él hablan maravillas... bueno, Armstrong habla maravillas, y conviene señalar que Danielson forma parte de su equipo Discovery Channel.
Danielson ¿heredero o producto de las relaciones públicas?
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Otro dato que sugiere la existencia de una campaña de relaciones públicas, antes que un talento especial, es que Danielson, sin correr todavía ningún Tour, ya tiene 27 años, una edad en la que Armstrong ya había sido campeón del mundo, corrido cuatro Tours y ganado dos etapas.
Todo eso antes del cáncer testicular.
Falta de experiencia
Empeñado en sus estudios, Danielson sólo se hizo profesional a los 23 años y todavía carece de la experiencia necesaria para una carrera como el Tour.
Giancarlo Ferretti, su jefe en el equipo Fassa Bortolo el año pasado, le reprochó su falta de comunicación e integración con sus compañeros y no lo incluyó en las principales carreras.
Armstrong le dio la bienvenida en su equipo, donde se habla inglés.
Pero si Danielson decepciona, su lugar será ocupado por otros jóvenes ciclistas estadounidenses.
Jóvenes ad portas
Allí están Saúl Raisin, de 22 años, Tyler Farrar, de 21, y Craig Lewis, de 20.
Los tres actúan en Europa, acumulando la experiencia que le falta a Danielson.
Estados Unidos ha ganado nueve Tours de los últimos 20 (diez, si Armstrong no se cae de la bicicleta mañana).
Y ahora los sucesores de Greg Lemond y Armstrong golpean a las puertas.
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