Hace 20 años, el fútbol se miró en el espejo del diablo* y huyó espantado.
En el estadio de Heysel, Bruselas, 39 personas murieron y más de 350 resultaron heridas en 1985.
|
Desde entonces ha estado haciendo penitencia y ahora, creyéndose rehabilitado, echará una nueva mirada.
El próximo 5 de abril, en Anfield, Liverpool y Juventus se enfrentarán por primera vez desde el 29 de mayo de 1985, cuando jugaron (aunque "jugaron" no es la palabra correcta) la final de la Liga de Campeones, en el estadio belga de Heysel.
No vendría mal que el público, que ahora encuentra natural la suspensión de un partido porque un proyectil arrojado desde una tribuna lastima al árbitro, recuerde que en 1985 murieron 39 personas (32 italianos y siete belgas), y que a pesar de la matanza el partido no se canceló, para vergüenza de todos los participantes.
Alegaron que la cancelación podría haber desencadenado una tragedia mayor.
Cuesta creerlo. Todos en el estadio intuían o conocían los alcances de la tragedia, y después de todo allí estaban los altoparlantes.
Un sacrilegio
Nada costaba borronear un par de frases para leer ante un micrófono.
El presidente del Liverpool anunció que su equipo no jugaría en los campeonatos europeos durante un año. La UEFA lo condenó a seis años de ausencia.
|
A nosotros se nos ocurren, de corrido, sin meditarlas, éstas:
"Señores, un muro divisorio en una tribuna se ha derrumbado por la presión de la multitud. Hay muertos, sí, señores, muchos muertos. Hay niños muertos. Un partido de fútbol en estas circunstancias nos parece un sacrilegio. Les rogamos que se dispersen en paz y que recen por la recuperación de los heridos".
Juventus ganó esa noche su primera copa europea, ya no importa cómo. (1-0, con un penal, si les interesa).
Habría sido más grotesco todavía de ganar Liverpool, ya que 14 de sus hinchas fueron condenados luego a penas de prisión por homicidio involuntario.
Responsabilidades
La obvia responsabilidad de los hooligans en lo sucedido forzó a la UEFA a prohibir la participación de los equipos ingleses en competiciones europeas.
Thatcher dijo que había que limpiar al fútbol inglés de los hooligans antes de poder volver a jugar en el extranjero.
|
La medida desencadenó una profunda limpieza del fútbol inglés.
El estadio de Heysel fue demolido. En su lugar se levanta otro, donde nunca se ha jugado un partido de fútbol de clubes.
Las autoridades belgas están tan avergonzadas, que el nuevo estadio ni siquiera tiene una placa recordando la tragedia.
La exclusión fue levantada en 1990. Para entonces, los equipos ingleses ya habían perdido el hábito del éxito: entre 1977 y 1984 ganaron siete veces la Liga de Campeones, pero sólo una vez en los últimos 15 años (Manchester United, 1999).
Frisk y Meier
Los hooligans ya no son una presencia tan amenazante, pero siguen con nosotros. Su última hazaña, hace unos días, consistió en amenazar al árbitro sueco Anders Frisk, tras el partido Barcelona-Chelsea, en el Camp Nou.
Frisk indicó que su decisión era irreversible.
|
Frisk, intimidado, acaba de anunciar su retiro de la actividad, a pesar de que aún le quedaban varios años en el primer plano.
(Conviene recordar que Frisk fue el árbitro derribado por un proyectil lanzado por un italiano, en Roma. Se dijo entonces que había perdido la calma, que su herida no era grave y que el cuarto árbitro podía reemplazarlo. El prefirió invocar "falta de garantías".)
Poco antes, los hooligans aterrorizaron al árbitro suizo Urs Meier, por el sacrilegio de anular (correctamente) un gol del seleccionado inglés en la Eurocopa de Portugal 2004.
El hombre se recluyó con su familia en una casita de las montañas, protegido por la policía. Después se retiró, aunque ya le tocaba por su edad.
¿Es para alarmarse?
Estos dos episodios, que tanto escandalizan, a nosotros nos parecen hasta cierto punto tranquilizadores, porque sugieren que los árbitros europeos de primer nivel no están acostumbrados a las amenazas.
 |
Viniendo de América Latina, donde las amenazas y las agresiones son cosas de todos los días, esto nos parece un signo de gran civilidad
|
Si no están habituados, si tanto las temen, quiere decir que no reciben muchas.
Viniendo de América Latina, donde las amenazas y las agresiones son cosas de todos los días, esto nos parece un signo de gran civilidad.
Liverpool y Juventus no tienen muchas posibilidades de ganar esta vez la Liga de Campeones, según la cátedra.
La quiniela
Estos cuartos de final serán a doble partido. En los otros enfrentamientos veremos a Milan/Internazionale, Olympique Lyon/PSV Eindhoven y Chelsea/Bayern Munich.
Los expertos (esos cuyos errores atribuimos a fortuna, en vez de ignorancia) creen que Juventus pasará el turno y chocará en semifinales con el Chelsea, mientras que el Milan enfrentará en la otra al Lyon.
Mourinho, quien ha sido criticado en relación con la renuncia de Frisk, no para de ganar desde hace dos años.
|
La final, según los oráculos, debería ser entre el Milan, que tomó el camino de abajo, y el Chelsea, que debió ir por la montaña.
Si miramos la historia, el equipo con vocación europea, habituado a ganar títulos, es el Milan.
La tendencia moderna, sin embargo, equipara el destino colectivo con la estrella de un individuo, y en esto el Chelsea cuenta con José Mourinho, quien no para de ganar desde hace dos años.
Yo apuesto por el Milan; si me equivoco, dado que no soy un experto, habrá que atribuirlo a la ignorancia.
*Dos citas encontradas en Internet:
"Allá en Lima se cuenta que, si tú estás con la vela encendida y te miras a un espejo, sobre las doce de la noche, la cara se te deforma y se te aparece el demonio". José Manuel Pedrosa, Leyendas Urbanas de Lima, Revista de Folklore.
"Según un proverbio medieval, el espejo es el verdadero culo del diablo". Eloïse Mozzani, Le livre des superstitions, Paris, Robert Laffont.
Escríbale a Raúl Fain Binda:
La BBC se reserva el derecho de editar y publicar su mensaje. Los datos provistos no serán entregados a terceros.