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Sábado, 20 de noviembre de 2004 - 18:05 GMT
El racismo debajo de la alfombra
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Muchos británicos (principalmente ingleses) dicen que los españoles son racistas. Y no pocos españoles afirman que los ingleses, además de racistas, también son hipócritas.

Wright Phillips, jugador de la selección inglesa
Algunos aficionados españoles imitaron los gritos de los monos cuando jugadores negros tocaron la pelota.

Hasta los moderados bordean el insulto en estos asuntos.

En Gran Bretaña, la buena gente dirá que los españoles no son racistas, ni crueles, pero que su cultura es más tolerante que otras de los desbordes racistas (como en el Santiago Bernabéu) y la violencia contra los animales (como en las corridas de toros).

Y en España recordarán que la compulsión racista no ha desaparecido totalmente entre los británicos, como lo prueba el hecho de que la FIFA repudiara recientemente los cánticos ofensivos al pueblo turco en un partido oficial Inglaterra-Turquía.

("Yo prefiero mil veces ser un Paki -término injurioso por paquistaní- antes que un turco", cantaban los hinchas ingleses.)

Lo importante

Ya es hora de suspender el bombardeo de agravios y atender a lo realmente importante.

Todo gira alrededor de un hecho de importancia capital: durante el amistoso España-Inglaterra, en el Santiago Bernabéu, un amplio sector de los aficionados españoles ("miles", según la crónica de El País; "centenares", de acuerdo con otras) imitó los gritos guturales de los monos cuando los ingleses negros tocaban la pelota.

(Conviene aclarar que varios ingleses, en particular Wayne Rooney, Gary Neville y Ashley Cole, se comportaron como brutos, dando patadas a cuanto español se les cruzara. Los españoles dicen que esta fue su reacción ante la aplastante superioridad del equipo local; los ingleses replican que la hostilidad del público les hizo perder la calma.)

Negativa de Aragonés

Luis Aragonés, entrenador de la selección española
En la conferencia de prensa Luis Aragonés no quiso repudiar las expresiones de racismo.

Después del partido, los periodistas ingleses le pidieron al entrenador Luis Aragonés que repudiase las expresiones de racismo. El se negó, creyéndose víctima de "una celada".

El representante de la Federación Española de Fútbol, presente en la conferencia de prensa, atribuyó los hechos, al menos parcialmente, a una "campaña" contra el técnico.

En un artículo anterior ("Aragonés, Atkinson y el racismo", 9/10/04) argumentamos que el entrenador español era un imprudente que le hacía el juego al racismo.

Ahora nos sentimos tentados a descartar el calificativo "imprudente", sustituyéndolo con "necio".

"Necio" contiene los tres elementos cruciales en el comportamiento de Aragonés: ignorancia, imprudencia y terquedad. Pero si el entrenador no se retracta en los próximos días, habrá que pensar también en "predeterminación" y considerar el otro adjetivo, ese que no quieren utilizar sus amigos negros.

Cuestión de Estado

Racista, qué terrible palabra. Confiamos en que Aragonés deje de lado su orgullo con tal de no merecerla.

Darren Bent, jugador inglés sub21
Durante el partido sub 21 Inglaterra-España también hubo expresiones racistas.

¿Por cuánto tiempo podrá ser seleccionador de España, aunque se disculpe?

La necedad de Aragonés y la incompetencia de la Federación Española de Fútbol (virtualmente acéfala, porque está abocada a elecciones internas, con su presidente cuestionado por ciertos pecadillos de corrupción administrativa) convirtieron la incontinencia verbal del técnico (insultó a Tierry Henry) en una cuestión de Estado.

El gobierno español advirtió antes que la federación las ramificaciones del escándalo, que podía afectar la candidatura de Madrid para organizar los Juegos Olímpicos del 2012.

Y tenía razón, porque el viernes las agencias de apuestas ya habían degradado las posibilidades de Madrid: de 13/2 a 9/1 en William Hill, y de 4/1 a 6/1 en Ladbrokes.

Llamativa coincidencia

Los españoles señalan una coincidencia muy sugestiva: el viernes, dos días después del partido, Sebastian Coe presentó al público, con bombos y platillos, la propuesta de Londres para organizar los juegos del 2012.

Selección inglesa de fútbol antes del partido en el Bernabéu
Antes de comenzar el partido los jugadores ingleses vistieron camisetas contra el racismo.

Uno de los elementos centrales de la propuesta es la diversidad racial de Londres, "donde se hablan 300 lenguas diferentes", según dijo el alcalde Ken Livingston. (Esto deja en la sombra a las "180 nacionalidades distintas" que viven en Madrid, según el alcalde Alberto Ruiz Gallardón.)

¿Debemos creer que los ingleses fueron a Madrid, con sus camisetas repudiando al racismo, para provocar los excesos de la multitud y torpedear así las posibilidades de la candidatura local?

Es difícil creerlo, entre otras cosas porque los británicos no participan en el fútbol olímpico (para no debilitar su privilegio de representación múltiple en la FIFA) y también porque esto sería llevar a extremos increíbles el prejuicio frente a la Pérfida Albión.

Vigencia del racismo

No, los ingleses no tuvieron la culpa de lo ocurrido. Los españoles tampoco. Los culpables son los racistas.

Ashley Cole, jugador de la selección inglesa
Durante el partido Ashley Cole hizo varias entradas fuertes a jugadores españoles.

Y el racismo existe en todos los países. Nunca es derrotado: sólo cambia de formas, como lo sugiere el hecho de que el "respeto" (relativo) a los negros en Inglaterra esté acompañado por el abuso de turcos, paquistaníes e hindúes (y nos gustaría comprobar qué ocurriría en un partido "caliente" con Argentina, por ejemplo).

En España dicen que el abuso racista en las canchas no se había visto durante muchos años, que el del miércoles fue algo excepcional. Pero justamente el viernes, la UEFA decidió aumentar la multa al Sevilla, por los cánticos racistas en un partido internacional.

Lo mismo, o algo peor, ocurre en Italia y Francia. Dos jugadores negros del Bastia fueron insultados por muchos aficionados ("una ínfima minoría", dicen en Córcega) de su propio equipo.

Todos los jugadores de la primera división francesa descendieron hoy al campo con una leyenda antirracista en la camiseta.

Boro vs. Villarreal

Los aficionados españoles tendrán muy pronto una oportunidad de demostrar que no son racistas, como queremos creer todos los que amamos a España: este jueves, el Villarreal recibirá al Middlesbrough en partido oficial por la Copa UEFA.

Steve McClaren, el entrenador del Boro, que estuvo en el banquillo inglés en el Bernabéu, llevará una camiseta antirracista. Es casi seguro que sus jugadores también lo hagan.

¿Qué harán los aficionados del Villarreal?


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