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Sábado, 13 de noviembre de 2004 - 19:08 GMT
Diego Luna, Beckham y Zidane
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Diego Luna interpretará en el cine a Santiago, un joven de Los Angeles que se abre paso en el fútbol internacional, codeándose con David Beckham, Raúl y Zinedine Zidane, hasta la apoteosis en el mundial de Alemania, en una trilogía titulada Gol.

Actor mexicano Diego Luna
Aunque Luna juega al fútbol, las escenas de acción serán dobladas por el portugués Hugo Viana.

Ojalá les vaya bien, a Luna y todos los involucrados en el proyecto, pero conviene saber que no será nada fácil.

"Buena idea, pero fútbol y cine no se mezclan", suelen decir en las reuniones de producción, para calmar al jovencito de siempre, que acaba de presentar su primera propuesta: una película, con la bendición de Pelé, para aprovechar el interés internacional por el fútbol y de paso introducirlo finalmente en el mercado de Estados Unidos.

La idea es vieja, pero los resultados han sido muy pobres hasta ahora.

Es una cuestión de formato, dicen los expertos. El deporte que mejor le cae al cine es el boxeo, por tratarse de una batalla entre dos individuos, sin distracciones, violenta y breve.

La mayoría de las buenas películas con temas deportivos han estado ambientadas en el mundo del boxeo, porque alrededor del combate se puede tejer libremente una historia, casi siempre de mafias imponiendo su brutalidad sobre el individuo.

La idea es vieja, pero los resultados han sido muy pobres hasta ahora

Es una especie de Western, con los malvados en el bar, la mujer sufrida y el duelo final entre el héroe y el pistolero.

El tratamiento clásico de las películas de boxeo es de un drama amargo, con un protagonista que termina en la lona, el hospicio o debajo de la mesa de un bar. La trayectoria de incontables boxeadores avala y justifica este enfoque.

La serie de Rocky desafió esta tendencia, pero aquí ya no se trataba del destino de un boxeador de carne y hueso, sino de Sylvester Stallone, un actor de carne y plástico.

El béisbol

El béisbol es el segundo deporte en la escala de éxitos, tanto de taquilla como en el plano artístico.

Robert De Niro en la película El Toro Salvaje
El deporte que mejor le cae al cine es el boxeo, por tratarse de una batalla entre dos individuos, sin distracciones, violenta y breve

Los expertos atribuyen esto a que los elementos del béisbol se pueden desmontar como las piezas de un mecanismo. En el centro del aparato está la relación lanzador-bateador, pitcher-batter, que nuevamente es como el duelo a tiros en un Western.

En un tercer plano está el fútbol americano, caracterizado por los numerosos choques entre individuos, la poderosa personalidad del mariscal o quarterback, y la inevitable relación entre éste y el recibidor, que definirá el partido al finalizar la película.

Todos estos deportes se caracterizan por un combate, un enfrentamiento central, fotogénico, que proyecta un mensaje dramático simple y poderoso.

Esto explica también el éxito de una película como Gladiador: a fin de cuentas, el destino de Russell Crowe en esa historia no es muy diferente al de los boxeadores del cine negro norteamericano.

Tenis, fútbol y Carrozas de Fuego

El tenis, cuyo formato es el de un típico duelo, no ha dado buenas películas, tal vez por una carencia de tensión dramática en el ambiente que nutre a este deporte. ¿Se imaginan a Russell Crowe o Robert de Niro vestidos de blanco y con una raqueta en la mano?

En cuanto al fútbol, el deporte más popular del planeta, el panorama es desolador. Las buenas películas deberían contarse por docenas, pero la más conocida, Escape to Victory (1981, con Michael Caine, Pelé y Osvaldo Ardiles), fue recibida con frialdad o indiferencia en todos los mercados donde fue estrenada.

Afiche en inglés de la película Escape a la Victoria
"Escape a la Victoria" pasó sin penas ni gloria por las pantallas de todo el mundo.

Sean Macauley, un crítico de cine del Times de Londres, opina que el fútbol sólo ha dado una gran película, Das Wunder von Bern (El milagro de Berna, estrenada el año pasado), el relato del triunfo de Alemania en el mundial de 1954.

Pocos se han enterado fuera de Alemania, sin embargo, y su brillantez se debe en gran parte a un tratamiento muy similar al de Carrozas de Fuego (1981), la película sobre la delegación británica de atletismo a los juegos olímpicos de París en 1924.

Tanto la película alemana como la británica siguen las historias paralelas de varios individuos, que confluyen en la proeza final. En ambos casos se trata de empresas nacionales, heroicas, en un tiempo ya lejano, lo cual les da un aura de epopeya que un relato contemporáneo no tendría.

Los guionistas y directores saben que para triunfar con una película sobre fútbol deberán contar con una historia a prueba de fuego y grandes intérpretes, porque el aporte del fútbol no resulta tan determinante como muchos suponen a primera vista.

Cuestión de espacio

Una de las razones es el carácter colectivo y la unidad de acción del fútbol. Los televidentes que sólo ven los goles en los noticieros siempre protestan porque "se han dejado la mejor parte en la lata".

David Beckham y Zinedine Zidane
Beckham y Zidane también participarán en la película.

Los directores de televisión, acosados por el tiempo, creen (o pretenden creer) que un gol es la pelota cruzando la línea de meta. Cualquier aficionado al fútbol sabe que es mucho más, que es algo que comienza 30, 60, o 120 segundos antes.

Esto es así porque para saborear el juego no basta con ver al futbolista y a la pelota. También se necesita un espacio, en los dos sentidos de la palabra: espacio como distancia entre dos puntos y espacio como transcurso del tiempo entre dos hechos.

No es fácil, no.

Por suerte, los productores han elegido a un actor que entiende de fútbol. Si Luna hasta sabe jugar, aunque en las escenas de acción será doblado por el portugués Hugo Viana.

Ahora bien. Cabe preguntarse qué actor doblará fuera de la cancha a David Beckham.

Jude Law sería la elección obvia. Pero seamos audaces. ¿Por qué no Will Smith?


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