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Sábado, 30 de octubre de 2004 - 16:17 GMT
Mutu y la niña en el balcón
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

La historia de Adrian Mutu, de su adicción a la cocaína y de cómo su club, el Chelsea, lo despidió sin miramientos, tiene varias vertientes que vale la pena explorar.

Adrián Mutu
El delantero rumano dio positivo por consumo de cocaína.

Primero, un apretado resumen de lo ocurrido.

Al hacerse cargo de la dirección técnica del Chelsea, el entrenador José Mourinho le dijo a Mutu que tenía información de que era adicto a la cocaína. El jugador lo negó, pero su comportamiento posterior (cansancio, repentinos cambios de humor, accesos de sueño) precipitó la decisión de solicitar un control antidopaje, que resultó positivo.

Ante esto, Mutu admitió al principio su responsabilidad, pero luego dijo que la droga no había sido cocaína, sino otra que no identificó, para "mejorar la actividad sexual".

El jugador creyó que así mejoraban las posibilidades de que la sanción no fuera muy severa (puede tocarle entre seis meses y dos años de suspensión) y que el club iniciara una rehabilitación, en vez de echarlo como hizo antes con el portero Mark Bosnich.

"Falta grave"

La maniobra no dio resultado. El director ejecutivo, Peter Kenyon, anunció ayer la cancelación del contrato "por falta grave". Dijo que la política del club era de "tolerancia cero con las drogas", y que la "responsabilidad social" importaba más que el "interés financiero".

El verdadero problema de Mutu no es la cocaína, sino la estupidez. De la droga uno puede salir, de lo otro no

Aludía con esto al hecho de que el Chelsea renunciaba a transferir la ficha de Mutu, negocio que hubiera podido resarcirlo en parte de la cuantiosa inversión de hace poco más de un año, cuando pagó por él 16 millones de esterlinas al Parma.

A primera vista, el episodio habla muy bien de la integridad de los dirigentes, pero ya se sabe que una cosa es la niña en el balcón y otra muy diferente la niña en su alcoba.

Es difícil mantener la seriedad cuando uno escucha a un dirigente del fútbol hablar de "responsabilidad social" ante los socios, los aficionados, el país en general. Hacemos un esfuerzo, casi hercúleo, diríamos, pero las cosquillas son más fuertes que la fe, y la sonrisa se abre paso.

Cocaína y estupidez

Kenyon es la niña en el balcón cuando habla de "responsabilidad social", pero cabe preguntarse qué habría dicho si, en vez de tratarse de Mutu, el infractor hubiera sido alguno de los favoritos del entrenador, o de Roman Abramovich, el propietario.

Adrian Mutu
Hasta no hace mucho el Chelsea estuvo intentando vender la ficha de Mutu.

En ese caso, se habría hablado de "responsabilidad humana", o alguna frase igualmente vacua, para rescatar la carrera de "un pobre hombre que ha cometido un error".

El verdadero problema de Mutu no es la cocaína, sino la estupidez. De la droga uno puede salir, de lo otro no.

En vez de sincerarse con Mourinho y pedirle ayuda, al comprobar que su secreto había dejado de serlo, Mutu eligió el enfrentamiento.

El Chelsea no está perdiendo dinero al cancelar el contrato de Mutu, como quiere hacernos creer Kenyon. Al contrario, está ahorrando dinero.

¿Cuánto vale Mutu?

Imaginemos el desenlace si el Chelsea hubiese preferido la vía de la rehabilitación, que suponemos bastante costosa.

Un dirigente del fútbol moderno no tiene "responsabilidad social", o por lo menos sólo atiende a ella tras evacuar su responsabilidad como administrador del negocio.

¿Cuánto valdría Mutu en el mercado tras, digamos, uno o dos años de suspensión por consumo de cocaína? A lo sumo dos millones de esterlinas, en vez de los 12 millones que Kenyon dice estar "sacrificando" de puro bueno que es.

Al mismo tiempo, el club estaría pagando el salario de Mutu, 60.000 esterlinas por semana, más de tres millones por año.

Y todo en vano, porque la relación del jugador con Mourinho ya estaba rota (Mutu estuvo a punto de agredirlo a puñetazos).

No, no, por favor, no me hagas cosquillas, que me río.

Un dirigente del fútbol moderno no tiene "responsabilidad social", o por lo menos sólo atiende a ella tras evacuar su responsabilidad como administrador del negocio.

Ya lo dijo Alan Curbishley, del Charlton Athletic: "Sería interesante comprobar qué habría pasado de tratarse de otro club (menos rico que el Chelsea) y otro jugador bien cotizado en el mercado".

Mutu en el mercado

No se conocen los detalles, pero hasta hace relativamente poco tiempo el Chelsea estuvo tratando de vender la ficha de Mutu. Se dice que las negociaciones llegaron a estar bien avanzadas con Juventus.

¿Por qué se habrán roto las negociaciones?

Si nos tomamos en serio eso de la "responsabilidad social" de los dirigentes, deberemos creer que Peter Kenyon dijo a Luciano Moggi, su homólogo en el club de Turín: "Oye, Luciano querido, queremos venderte a Mutu, pero debo advertirte que tiene un problema de droga. Poca cosa, un par de líneas por noche. ¿Cuánto me pagarías?"

En Turín no son ingenuos, pero tampoco estúpidos. A fin de cuentas, la fiscalía acusa al club de haber desarrollado hace algún tiempo un programa clandestino de dopaje.

En el ámbito del fútbol, la gente como Moggi tiene las orejas bien sintonizadas. A fin de cuentas es su negocio. Si Mourinho lo supo, también pudo saberlo el director de Juventus.

Otro tipo de hipocresía

La hipocresía resulta evidente también en el tratamiento de escándalo que se da a la adicción a una droga "recreativa", en contraste con los paños fríos que se aplican a los casos comprobados de consumo de drogas concebidas específicamente para trampear.

Los reglamentos no hacen diferencia entre drogas recreativas y las que estimulan el rendimiento deportivo, pero la justicia natural clama por una distinción.

Un imbécil no es lo mismo que un tramposo.

Tal como están las cosas, es evidente que la severidad con un cocainómano se debe al prolongado y costoso tratamiento que exige su rehabilitación, mientras que la relativa tolerancia de las otras drogas se debe a que los jugadores están que se salen de la vaina.

Y, de creer a los fiscales de Turín, en no pocos casos los responsables son los clubes.


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