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Sábado, 29 de mayo de 2004 - 18:52 GMT
Las lealtades deportivas
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

El sistema de lealtades deportivas es una de las fuerzas más estables y al mismo tiempo más caprichosas del espíritu humano.

Balón de fútbol
En fútbol, por ejemplo, elegimos nuestros colores desde niños y nos aferramos a ellos para siempre

En fútbol, por ejemplo, elegimos nuestros colores desde niños y nos aferramos a ellos para siempre.

Muchos cambian de cónyuge, religión, partido, ciudad, estilo de vida, moralidad, nacionalidad y forma de peinarse, pero pocos repudian aquella lealtad original.

De niños nos gustarán los dibujos animados, de adolescentes las películas de acción, de jóvenes la revolución, de adultos la consolidación y de viejos la reacción, pero siempre tendremos ciertos colores grabados en alguna membrana, tal vez la pleura o la meninge.

Dicen por allí que los niños adoptan los colores del ámbito familiar. Esto significaría que en realidad no tenemos opción, que la nuestra es una fidelidad transmitida, adquirida.

Tonterías. Es una elección responsable, aunque la hagamos a los cuatro años de edad.

Hasta diríamos que la mayoría de nosotros hemos sido más responsables y maduros con nuestros colores deportivos que en la elección del último presidente de la Nación.

Dado que esa identificación nos seguirá hasta la tumba, quiere decir que es una de nuestras primeras decisiones realmente responsables e independientes.

(Que Piaget se apiade de nosotros.)

El caso de Andrea

Es responsable y conciente, pero misteriosa. Nunca conocemos la verdadera razón.

Nuestra colega Andrea Bettocchi, peruana, es de Alianza Lima. ¿Por qué? "Pues no sé, tal vez para no ser de la U".

Alianza Lima
Nuestra colega Andrea Bettocchi, peruana, es de Alianza Lima. ¿Por qué? "Pues no sé, tal vez para no ser de la U".

Lo dice en broma, pero al mismo tiempo en serio.

En realidad, si fuera cierto que ella es de Alianza para no ser de Universitario, significaría que la elección se debe al odio.

Y nunca es así: esa elección original, cuando somos inocentes, siempre se debe al amor.

O sea que Andrea detesta a la U por ser hincha de Alianza. Y no al revés.

Las lealtades posteriores, las complementarias, sí pueden deberse al odio, pero ya no somos niños.

¿Por qué un hincha de Boca, un bostero, se materializa en el seno de una familia de gallinas, hinchas de River? ¿Por qué la gente pertenece al Atlético de Madrid y no al Real, al Arsenal y no al Totenham, al Inter y no al Milan, al Roma y no al Lazio?

Lo curioso es que esa lealtad original, firme como una roca, también necesita o por lo menos favorece el desarrollo de un sistema de lealtades tributarias, a veces complementarias y otras opuestas.

El caso de Hernando

Tomemos el caso de Hernando Álvarez, nuestro colega colombiano en la BBC.

Álvarez es tan fiel a los colores de Independiente de Santa Fe que aquí, en Londres, es ferviente hincha del Arsenal, porque da la casualidad que el Independiente copió los colores del Arsenal al elegir su camiseta.

Hernando Álvarez
Si me muero en Madrid, que me entierren en Sevilla; y si me muero en Sevilla, que me entierren en Madrid...

Ésta es una lealtad de identificación: para Hernando, Independiente y Arsenal son la misma cosa.

(Yo le digo que tal vez haya una pizca de compensación, ya que Arsenal es mucho más ganador que Independiente, pero él no escucha.)

Hernando también es hincha de Boca Juniors ("porque mi tío recibía la revista El Gráfico y a mí me gustaban las locuras de Hugo Gatti"), del Inter de Milán ("porque me gustaba el uruguayo Rubén Sosa") y del Atlético de Madrid ("porque más allá de la cuestión ética, me encantaban las locuras de hincha del presidente Jesús Gil").

También le gusta el Athletic de Bilbao. ¿Por qué? "Pues porque si me muero en Madrid, que me entierren en Sevilla; y si me muero en Sevilla, que me entierren en Madrid. Para joder, hombre".

El caso de Thomas

Thomas Lyford-Pike, tan uruguayo como el mate, a pesar de su nombre anglo, es hincha y socio de Nacional de Montevideo y de Independiente de Avellaneda.

Thomas Lyford-Pike
Me gusta el verde de su camiseta

La mayoría de los aficionados uruguayos tienen lealtades más o menos misteriosas en el fútbol argentino, muchas veces ligadas a los jugadores uruguayos que se han lucido en determinados equipos del país vecino.

Thomas nos dice que su motivación no fue un jugador uruguayo determinado, sino "la mística del Independiente ganador de Copas Intercontinentales, y también la calidad de Bochini. Además, no quería ser ni de Boca ni de River". (Esta última es una lealtad por oposición.)

En Europa, Thomas también tiene una razón caprichosa para ser del Betis de Sevilla ("me gusta el verde de su camiseta") pero un motivo más que tradicional para ser de Juventus: "Por Paolo Montero, aunque ha sido tanto tiempo que posiblemente la lealtad me quede para siempre".

En Inglaterra, Thomas es del Liverpool: "Nada más que por Michael Owen; si lo venden, dejo de ser del Liverpool ese mismo día". (Lealtad por simpatía personal).

El caso de Matías

Esa identificación personal, por cuestiones de nacionalidad o tipo de juego, es muy común.

Matías Zibell, argentino, es de Boca Juniors en su país, pero en Europa extiende un manto de comprensión patriótica que alcanza a casi cualquier equipo en el que milite un argentino, y eso que son muchos.

Matías Zibell
Cuando Boca no andaba bien, yo quería que ganase Talleres, y hasta Racing, porque me conmovían sus 30 años sin ganar nada

Los que primero menciona son Fiorentina y Roma, los equipos de Gabriel Batistuta, un típico goleador boquense.

Pero en el universo de las lealtades de Matías, que también incluye las simpatías personales (Aimar y Saviola, por ejemplo, que son modestos y bien educados, le caen bien a Matías a pesar de provenir de River), el elemento más poderoso es la defensa del débil.

Matías, tal vez por ser fanático de un equipo poderoso, defiende invariablemente al débil, siempre y cuando no enfrente a Boca, claro: "En Argentina, cuando Boca no andaba bien, yo quería que ganase Talleres, y hasta Racing, porque me conmovían sus 30 años sin ganar nada".

"Ahora que ha ganado un título, ya no me parece tan atractivo".

El caso de Javier

Javier Farje, peruano, hincha de Alianza Lima, también se identifica con el débil, aunque en Europa su único amor es el Sheffield Wednesday, un club pinchado, que languidece en la segunda división (tercera, en realidad) sin esperanzas de volver a primera.

Javier Farje
Yo me hice del Wednesday cuando llegué a vivir a Sheffield y le seré fiel hasta la muerte

"Yo me hice del Wednesday cuando llegué a vivir a Sheffield y le seré fiel hasta la muerte".

"Aquí en Europa defiendo a los débiles pero no hincho por ninguno".

"En Argentina, me gusta Boca Juniors porque fue el equipo del peruano Julio Meléndez, un ídolo de mi infancia".

En realidad, todos estos sistemas son compensatorios.

Farje compensa la debilidad de Sheffield Wednesday con el poderío de Alianza y Boca; Alvarez la flojera del Independiente de Santa Fe con la fuerza del Arsenal; Matías la vulnerabilidad de sus débiles con la acorazada firmeza de su Boca.

¿Y usted?

Cuéntenos de su sistema de lealtades.


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