Y no hay que suponer que los otros temas sean insignificantes, porque ésta ha sido una semana muy agitada.
En una lista que no pretende ser exhaustiva, podemos mencionar, como ejemplos:
También está el extraño caso de la profanación de la tumba de la madre de Michael Schumacher, indicando hasta qué punto de brutalidad puede llevar el odio deportivo, y en forma paralela, que un campeón del calibre de Schumacher genera versiones extremas de admiración y repudio.
Y podríamos seguir con la enumeración, pero ya es hora de volver a los dos temas principales.
El genio de Valentino
Valentino Rossi es el deportista del momento, un héroe cuyas hazañas ya parecen insuperables. Muchos expertos lo señalan como el piloto más formidable en la historia del motociclismo, mejor aún que un monstruo como Mike Hailwood.
Hasta el año pasado algunos comentaristas y otros pilotos lo creían un agrandado, un vanidoso que exageraba sus méritos, amparado en el poderío de Honda, fabricante de las mejores motos de su categoría.
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Valentino Rossi es el deportista del momento, un héroe cuyas hazañas ya parecen insuperables. Muchos expertos lo señalan como el piloto más formidable en la historia del motociclismo, mejor aún que un monstruo como Mike Hailwood
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Este año, Rossi está a punto de ganar el título mundial (lo conseguirá si mañana es por lo menos segundo en el Gran Premio de Australia) con la marca Yamaha, que hasta el año pasado estuvo considerando su retiro de la categoría, debido a los repetidos fracasos.
La Yamaha ha mejorado, claro, pero el principal factor de su rendimiento de este año es el genio de Rossi. (Baste señalar que Carlos Checa, su compañero de equipo, está séptimo en el campeonato mundial, con la misma máquina. Recordemos que Rubens Barrichello escolta a Schumacher en F1.)
Rossi es grande porque simboliza el triunfo del individuo frente al poder, a la prepotencia de las fábricas. Y un triunfo instantáneo, fulminante.
Imaginen a Schumacher dando un portazo en Ferrari y firmando para Toyota. Nadie esperaría un desarrollo de la marca japonesa tan rápido como el de Yamaha este año.
La ambición de Glazer
El desembarco de Malcolm Glazer en el Manchester United significaría exactamente lo contrario: el triunfo del dinero, del poder, sobre los últimos restos de la relación afectiva entre un club de fútbol y el pueblo que lo nutre.
El Manchester United cotiza sus acciones en la bolsa y la mayoría de sus propietarios son inversores cuyo pulso apenas se acelera cuando los diablos rojos aparecen sobre el césped de Old Trafford.
Pero con un estetoscopio se puede percibir el rumor del corazón, entre los gruñidos de la digestión. Organizaciones de hinchas, por ejemplo, tienen 18% de las acciones.
Glazer, el propietario de los Bucaneros de Tampa Bay (fútbol americano), acaba de aumentar su paquete de acciones en el Manchester United, llevándolo a 25,46%. Para la semana que viene se espera una nueva embestida del millonario estadounidense para quedarse con uno de los clubes de fútbol más ricos del mundo.
La begonia de Barnum
Glazer no lo sabe, pero él también es una reencarnación de P.T. Barnum.
Las aventuras del corazón no le interesan, sólo le preocupan los avatares del bolsillo. Un día, cuando las autoridades municipales de Tampa Bay se pusieron exigentes, las amenazó con llevarse el club a otro Estado.
O sea arrancarlo de su público y transplantarlo en otra maceta, como si fuera una begonia. Por esto es tan importante lo que ocurra con Glazer.
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