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Sábado, 15 de mayo de 2004 - 21:48 GMT
Sudáfrica en el corazón
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Nelson Mandela, ex presidente de Sudáfrica
Mandela fue uno de los más fervientes impulsores de la candidatura de su país.

De modo que Sudáfrica organizará el mundial de fútbol de 2010. Esto significa que Sudamérica, casi seguramente Brasil, acogerá el de 2014; y que Europa, probablemente Inglaterra, será la sede en 2018.

El comité ejecutivo de la FIFA, en votación secreta de sus 24 miembros, prefirió a Sudáfrica antes que Marruecos y Egipto.

Túnez retiró su propuesta ayer y el comité descartó hoy la de Libia.

Ambas estaban vinculadas, algo que la FIFA rechaza de plano.

Esto debería desalentar a los dirigentes chilenos que quieren presentar una propuesta conjunta con Argentina para el 2014.

Sudáfrica se merece el mundial, aunque más no sea por la vergonzosa manera en que perdió la sede de 2006.

La recordamos brevemente, porque es una perla de las intrigas que enturbian virtualmente todas las decisiones deportivas en el más alto nivel (y los bajos también).

El despojo anterior

Durante la reunión del comité ejecutivo, hace cuatro años, las candidaturas más animadas fueron inicialmente de Sudáfrica, Alemania e Inglaterra, en ese orden.

En la segunda votación, con el desmoronamiento de la propuesta inglesa se fortaleció la alemana.

Llegó un momento en que la votación, inminente, hubiera sido 12 votos para Sudáfrica y 12 votos para Alemania.

Y dado que el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, era un ardiente partidario de la candidatura sudafricana, su voto le habría dado el mundial.

Joseph Blatter, presidente de la FIFA
Blatter reveló a los postulantes la decisión final del Comité Ejecutivo de la FIFA.

Fue entonces cuando el neozelandés Charlie Dempsey, representante de Oceanía, cuya confederación le había ordenado cambiar su voto de Inglaterra a Sudáfrica, se abstuvo, alegando "presiones intolerables".

El resultado, claro, fue Alemania 12 - Sudáfrica 11.

Blatter no pudo votar y Sudáfrica se quedó sin su mundial.

La indignación ante este fraude transparente debe ser contenida, sin embargo, porque la decisión de la FIFA de aplicar un estricto sistema de rotación de confederaciones no es precisamente un modelo de claridad democrática.

Si Alemania, con una propuesta de lo más sólida, sólo pudo superar a Sudáfrica gracias a la deserción de un delegado, pocas esperanzas podían tener esta vez los países norafricanos.

Experiencia sudafricana

Sudáfrica tiene una sólida infraestructura en todos los niveles y una vasta experiencia en la organización de grandes torneos, entre ellos los campeonatos mundiales de rugby y de críquet.

Tres de sus estadios ya cumplen las normas de la FIFA y otros cinco pueden alcanzarlas con trabajos relativamente poco costosos.

Otros cinco deberán ser construidos.

La candidatura sudafricana, la mejor de todas según el informe técnico de la comisión especial de la FIFA, superó a la marroquí por cuatro votos en la primera votación.

Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica
El presidente sudafricano, Thabo Mbeki, presentó personalmente la candidatura de su país ante la FIFA.

La infructuosa propuesta del país árabe, la cuarta sucesiva, fue defendida por Michel Platini, un hombre muy influyente en la FIFA.

Este patrocinio refleja el astuto equilibrio entre el actual presidente, Blatter, y el próximo, Platini (a quien en los pasillos de la FIFA llaman "el delfín", o sea el heredero).

Por supuesto que no hay nada de democrático en este sistema de rotación por continentes o confederaciones.

Si lo fuera, ¿por qué Sudamérica en 2014? ¿Por qué no Oceanía? ¿Y por qué volver a Europa en 2018?

Esto último no está decidido aún, pero el sistema es tan precario que se presta a este tipo de suposiciones.

Otro gallo cantaría si el próximo presidente de la FIFA fuera elegido gracias a los votos asiáticos, por ejemplo.

A fin de cuentas, esto de las rotaciones se maneja como le conviene al jefe.

Blatter está pagando su deuda con los africanos y sudamericanos que respaldaron su candidatura, mientras que Platini o el que sea prepara la coalición que pueda darle el poder cuando le llegue la hora.

Rotaciones futuras

La hostilidad de la FIFA en relación con las propuestas binacionales también resulta caprichosa y arbitraria, teniendo en cuenta el antecedente de Japón-Corea.

Jóvenes sudafricanos celebran la desiganación en el parque Mofolo, en Soweto.
Miles de sudafricanos salieron a las calles a celebrar la designación.

En el caso de Sudamérica, la candidatura de Brasil parece en estos momentos demasiado fuerte para cualquier otro país en forma individual, teniendo en cuenta los problemas de seguridad en Colombia y los económicos en Argentina.

En Europa, los ingleses creen que su candidatura será dominante en 2018: a fin de cuentas, dicen, para entonces ya estará habilitado el nuevo estadio de Wembley, y otros países del continente ya han tenido sus propios mundiales después de 1966: Alemania (dos veces), Italia, España y Francia.

A esto cabría agregar la posibilidad de que Madrid o París organicen los Juegos Olímpicos de 2012, se entusiasman los ingleses, olvidando que Londres también es candidata olímpica.

Pero basta de cinismo. No hagan caso. Brindemos hoy por Sudáfrica.


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