Muchos temen que una fama demasiado temprana traiga problemas a Rooney.
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La carrera de Wayne Rooney está bien encaminada: todavía 18 años (24/10/85) y ya empiezan las comparaciones con famosos y los intentos de ubicarlo en la historia del fútbol.
"Es más galáctico que Carlos Tévez". Lo dijo un argentino, Jorge Valdano.
"Su impacto en un torneo internacional es comparable al de Pelé en el Mundial de Suecia". Lo dijo un sueco, Sven Goran Eriksson.
"Puede ser el futbolista del siglo 21." Lo dijo un alemán, Christoph Daum.
Estamos esperando que un inglés lo compare con Jesucristo y hable de una época "antes de Wayne" y otra "después de Wayne".
Más atinadas nos parecen otras comparaciones, aunque sean pedestres (término que viene al pelo, tratándose de un futbolista).
Sus pares
Con Paul Gasgoigne, por ejemplo, otro inglés de grandes apetitos. O con el irlandés George Best, cuya sed era (y sigue siendo) tan exigente que secó uno de los talentos más formidables del fútbol mundial (y de paso petrificó su hígado; ahora usa uno de repuesto). O con David Beckham, el inglés más famoso desde Nelson.
Si alguien dudaba del talento de Rooney, se habrá desengañado con el hat-trick (tres goles) que le asestó al Fenerbahce en la noche de su debut como jugador del Manchester United, tras varios meses de reposo por una fractura.
Rooney se lastimó en la Eurocopa, y con él se fueron las esperanzas de Inglaterra en ese torneo.
Con él, Inglaterra puede ser campeón mundial en Alemania 2006; sin él, sólo puede aspirar a cuartos de final.
Así de bueno es Wayne Rooney.
Sus virtudes
Tiene control, regate, pase, fuerza, velocidad, agresividad, remate, ambición, egoísmo, valentía.
Y también vanidad, por supuesto. Y apetitos, que por ahora, según la prensa sensacionalista inglesa, él sacia en compañía de prostitutas baratas.
Dicen por aquí que esta combinación de virtudes (la sexualidad y el amor propio no nos parecen defectos) pueden ser fatales para un joven futbolista, sin el control y orientación de un maestro responsable.
Un psicólogo deportivo, que nos pidió reserva de su nombre, atribuye el descarrío de Maradona a la falta de una poderosa figura paterna en el plano futbolístico durante su adolescencia.
Abandono paterno
Maradona vivió como abandono la decisión de Menotti de no incluirlo en el plantel del equipo que ganó el Mundial de 1978 (para "protegerlo", dijo).
Beckham y Best tuvieron muy distintas relaciones con sus respectivos padres futbolísticos.
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En el desarrollo de la personalidad maradoniana, según esta interpretación, Menotti habría sido el padre cruel que expulsa de la casa al hijo más dotado.
A nosotros se nos ocurre que, a diferencia de la vida real, los "padres" futbolísticos necesitan más a sus "hijos" que éstos a aquellos.
En otras palabras, los entrenadores sólo protegen a sus equipos, que es una forma de protegerse a sí mismos.
Conviene echar un vistazo a las relaciones de Best y Beckham, ambos del Manchester United, con sus respectivos padres futbolísticos, Matt Busby y Alex Ferguson.
Busby fue comprensivo y paciente con Best y éste se le descarrió.
Ferguson fue duro y cruel con Beckham y éste resultó de lo más disciplinado y sobrio (en términos relativos, claro).
Matt Busby
En su autobiografía, Best recuerda que sus escapadas a Londres (que duraban días y de las que se enteraba toda la nación) no provocaban una reacción de indignación en el viejo maestro:
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Best cree ahora que Busby, como padre, no sabía cómo enfrentar la realidad de la fama de su hijo.
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"Le hubiera parecido indigno hacer un contacto directo o apelar a mi responsabilidad a través de la televisión. Me esperaría, como siempre, después me daría una charla y me suspendería por dos semanas."
Best cree ahora que Busby, como padre, no sabía cómo enfrentar la realidad de la fama de su hijo. Era algo nuevo, porque Best era "el quinto Beatle". Nunca antes un futbolista había sido tan famoso.
Y Best agrega algo muy sugestivo: "Yo representaba una generación extraña para él. En este sentido, su figura era de un abuelo antes que de un padre".
Antes que un Best sobrio, el abuelo quería un equipo ganador.
Alex Ferguson
Ferguson, en cambio, fue claramente el padre de Beckham.
Beckham recibió el premio al mejor deportista británico del año 2001.
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Beckham debutó en la primera del Manchester United a los 17 años, pero sin cautivar. Dos años después, su "padre" le dijo que para "facilitar" su desarrollo, lo mandaría un par de temporadas al Preston, un club de la tercera división.
Para un joven del orgullo de Beckham, este "abandono" debió ser tan traumático como el de Maradona al quedarse sin mundial.
El entrenador lo veía muy claro: él, como Busby, sólo quería lo mejor para su equipo.
Ahora, un Ferguson con edad de abuelo tiene a un nuevo pupilo, un futbolista mucho más talentoso que Beckham, un prodigio que a los 20 años puede ser campeón mundial en vez de jugar cedido en un equipo de tercera división.
Las opciones
¿Cómo cuidarlo?
Seguir el ejemplo de Busby y tolerar sus escapadas, es una opción. La del abuelo.
Repetir el tratamiento de "doble llave" que él mismo les dio a Beckham y Ryan Giggs, es otra opción. La del padre.
Ferguson ahora enfrenta el dilema de cómo manejar el talento de Rooney.
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El problema es que Ferguson y Rooney están separados por el mismo abismo que separaba a Best de Busby: el precipicio que abren la edad y la fama.
Cuando Beckham se hizo "demasiado" famoso, Ferguson lo echó de su equipo.
Lo hizo porque todavía tenía un plantel ganador. Ahora, la capacidad de nuevos triunfos pasa por el aporte de Rooney.
Ferguson no se atreverá a echarlo, pero todos alquilaremos balcones para presenciar el espectáculo que se avecina, el choque entre el abuelo y su nieto.
Apostamos doble contra sencillo a que el viejo será tan paciente como Matt Busby.
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