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Sábado, 8 de mayo de 2004 - 18:24 GMT
A rey muerto, rey puesto
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Hay pocas cosas, en fútbol, más tristes que la decadencia de un gran jugador, como Rivaldo. Hay pocas cosas, en fútbol, más gratificantes que la consagración de un gran jugador, como Ronaldinho.

Rivaldo y Ronaldinho en el mundial de Corea-Japón 2002 (gentileza FIFA)
La temporada que siguió al mundial de 2002 fue nefasta para ambos.

La caída de Rivaldo, el mejor del mundo hace tres o cuatro años, es paralela al ascenso de Ronaldinho, el mejor del mundo en estos momentos.

Vimos los últimos chispazos del genio de Rivaldo en el Barcelona de la temporada 2001/2002.

En el mundial de ese año disparó sus últimos cartuchos, arropado por sus compañeros.

No desentonó porque el nivel de exigencia de los rivales fue modesto: apenas Turquía (¡Turquía!) hizo fuerza, porque la Alemania que llegó a la final era una risa.

Por entonces, Ronaldinho era uno de esos jugadores enamorados de su propia técnica, Narcisos que no aportan mucho al juego de conjunto.

Los italianos y los ingleses los califican de 'focas amaestradas', capaces de malabarismos con una pelota y poco más.

En Milán y París

La temporada 2002/2003 fue nefasta para ambos jugadores.

Rivaldo descubrió en el AC Milan que ya no era capaz del sacrificio que exige el juego italiano, mientras que Ronaldinho, otro prodigio de individualismo, se enfrentó en el Paris Saint Germain con el entrenador Luis Fernández.

Ronaldinho con su camiseta del Barsa
El Barsa presenció el "destape" de Ronaldinho.

Dicen en Francia que Fernández, ahora en el Espanyol, es el típico técnico de equipo chico, un experto en contragolpe, un cínico que desconfía del talento y sólo respeta la entrega y el sacrificio.

Si alguien le muestra un pájaro, lo asocia con la jaula o con la olla.

Ancelotti, el técnico del Milan, envió el mensaje de que Rivaldo estaba acabado, mientras que Fernández pregonaba a voz en cuello que Ronaldinho era liviano, irresponsable.

Allí se cruzaron las carreras de los dos brasileños: ahora, mientras Ronaldinho deslumbra en el Barsa, Rivaldo vacila entre aceptar la oferta del Bolton Wanderers (¡el Bolton!) o la del Celtic de Glasgow, tras un nuevo fracaso en el Cruzeiro.

El Barsa es terreno fértil para el genio brasileño. Romario, Ronaldo, Rivaldo. Y ahora otro, también con R.

El repudio de Ferguson

Alex Ferguson quería a Ronaldinho, pero no mucho, porque cuando el Barcelona salió a competir en el mercado, el Manchester United se retiró: mucho dinero, dijeron; y se conformaron con un par de mediocres más baratos.

Rivaldo, cuando jugaba para el AC Milan
Rivaldo enfrenta el ocaso de su carrera futbolística.

(¿Han oído ustedes hablar de Kleberson? Pues es campeón del mundo y juega en el Manchester United, aunque no se nota mucho. Kleberson es brasileño, pero no del mismo Brasil de Ronaldinho y Rivaldo.)

En Barcelona no sabían qué estaban comprando. Un buen jugador, sí, pero ellos habían querido a David Beckham.

Ronaldinho fue como un consuelo.

¿Nos prometen a Beckham y nos traen a Ronaldinho? Esto era una queja, aunque les parezca mentira.

Y ahora resulta que Ronaldinho ha madurado en un jugador fabuloso, que utiliza todo su arsenal técnico al servicio del juego colectivo, que le pone una sonrisa al fútbol cada vez que toca la pelota, que hace jugar a los demás, que ha devuelto la confianza a una afición en la que se estaba arraigando una cultura del fracaso, del 'que hicimos nosotros para merecer esto'.

Genio y figura

El otro día, el Barsa recibió al Espanyol, su tradicional rival de Barcelona.

La presencia de Fernández en el banquillo de los periquitos inspiró a Ronaldinho, que ofreció un recital en todos los instrumentos: visión, control, pase, remate, juego al ras, aéreo, rápido, lento, todo con alegría, con una chispa que encendió a sus compañeros y entusiasmó a todos los que tuvieron la suerte de verlo.

Rivaldo era un gran jugador triste. Lo respetaban y admiraban, pero su afición no lo amó nunca.

Vivió su grandeza en soledad, como ahora vive su decadencia.

Ronaldinho durante la filmación de un aviso publicitario
Ronaldinho ya se ha ganado un lugar junto a los "grandes" del Barsa.

Ronaldinho es un gran jugador alegre y todos los culés ya lo aman y quieren ponerlo en ese lugarcito donde sólo tienen cabida los grandes símbolos de dos épocas gloriosas: Kubala y Cruyff.

Fin del juego

Los amplios espacios del Camp Nou son ideales para un jugador como Ronaldinho, como lo fueron para Rivaldo en su apogeo.

En Inglaterra, los espacios se reducen, la velocidad se acrecienta y el medio campo se convierte en un terreno minado.

El fútbol de la Premier League no es el más adecuado para un brasileño, y menos para un brasileño cansado, que nunca hablará la lengua y de quien todos estarán esperando genialidades que ya no están en su repertorio.

En Glasgow la exigencia será menor, pero el fútbol escocés no está en el escaparate internacional: para Rivaldo sería casi como desaparecer, como hacer banquillo en el Milan.

El viejo campeón querría desquitarse de Ancelotti, como Ronaldinho se ha desquitado de Fernández, pero ya no le quedan fuerzas.

A rey muerto, rey puesto.


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