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Domingo, 18 de abril de 2004 - 14:26 GMT
El maratón y un tal Filipides
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

El maratón, la prueba deportiva de los obsesivos y de los generosos, capaces de un esfuerzo sobrehumano, provoca horror y admiración al mismo tiempo.

Evans Rutto, corredor de Kenia.
Rutto ganó la prueba masculina, en 2 horas 6 minutos 18 segundos.

La cita de Londres reunió este domingo a 32.528 personas de 45 países, muchas de ellas chifladas, casi todas admirables.

El keniano Evans Rutto ganó la prueba masculina, en 2 horas 6 minutos 18 segundos.

Su compatriota Margaret Okayo ganó en la categoría femenina, con 2 horas 22 minutos 36 segundos. Ambos tiempos son excelentes, si tomamos en cuenta el mal tiempo.

Nuestro colega Matías Zibell, de BBC Mundo, hizo el recorrido en 4 horas y 40 minutos.

Los maratones de este tipo son las únicas competiciones deportivas con una activa participación popular, en una época de Coliseo, que privilegia los espectáculos de tribuna y living room, con millones de personas siguiendo pasivamente las aventuras de un minúsculo grupo de profesionales.

Causas nobles

También es la única manifestación deportiva cuyos participantes (la mayoría de ellos, al menos) dan más de lo que reciben.

Maratón de Londres
Es la única manifestación deportiva cuyos participantes (la mayoría de ellos, al menos) dan más de lo que reciben

El año pasado recaudaron nada menos que 58 millones de dólares para obras de beneficencia.

Muchos corren por una causa noble.

Hay quienes lo hacen en equipo, como los once hermanos y hermanas Flaherty, de Bradford, en apoyo de la lucha contra la leucemia; o en solitario, como nuestro Matías, que corre en beneficio de los niños necesitados.

El corredor más viejo, este año, fue Fauja Singh, de 93 años. El más joven, Guthrie Brunton, cumplió 18 años durante la carrera.

Leyenda y realidad

La leyenda de Filipides, el soldado griego que corrió 42 kilómetros para comunicar a los atenienses la victoria sobre el poderoso ejército persa, se me confundía de niño con la imagen de los chasquis incas y el grito de rebeldía de Hormiga Negra, un gaucho perseguido.

Saúl Mendoza, de México, ganador de los competidores masculinos en sillas de ruedas.
El mexicano Saúl Mendoza llegó a la meta en su silla de ruedas en 1 hora, 36 minutos y 56 segundos.

Todo esto yo lo escuchaba por la radio, mi primera maestra.

"Alegraos, atenienses, hemos vencido", decía el griego, mientras que el gaucho era más florido: "Hormiga Negra me llaman/ vengo de San Nicolás/ y si alguien quiere saber si la hormiga es mala y pica/ salgan guapos a pelear y veremos quién se achica".

Yo tendría seis años entonces, de modo que todo esfuerzo de larga distancia, ya sea para comunicar una victoria militar, entregar instrucciones en quipos o escapar de la justicia eran para mí más o menos lo mismo: como un maratón, en fin.

Lo más interesante del maratón, como prueba deportiva, es su total artificialidad. No tiene absolutamente ningún contacto con los Juegos Olímpicos antiguos, cuya carrera más extensa no pasaba de cinco kilómetros.

No fue Filipides

Tampoco fue Filipides el que corrió los 42 kilómetros entre Maratón y Atenas.

En realidad, Filipides había sido enviado días antes a Esparta, para solicitar refuerzos: en poco menos de dos días corrió 240 kilómetros, de modo que no hubiera tenido fuerzas para acudir a Maratón, combatir en la batalla y luego correr a Atenas con la buena nueva.

Luc-Olivier Merson, Le soldat de Marathon, 1869.
Siglos después, los más imaginativos comenzaron a relacionar ambas proezas

Ningún testimonio de la época menciona a Filipides como el corredor de Maratón.

Siglos después, los más imaginativos comenzaron a relacionar ambas proezas y tejieron una trama recogida y ampliada mucho más tarde por los poetas románticos.

El inglés Robert Browning ofreció en el siglo XIX la versión moderna de Filipides corriendo y muriendo al mismo tiempo, que es en cierta forma una ceremonia, un sacrificio ritual en aras del deber y del deporte.

Y justamente eso es el maratón, porque los participantes se mueren un poco durante la carrera.

Nuestro colega Will Grant, que participó en dos maratones de Londres, nos decía el viernes que, agotadas sus reservas de energía en los dos primeros tercios, los participantes corren el último trecho consumiendo sus propios tejidos orgánicos.

Atenas y Boston

La versión romántica de Browning se hizo muy popular, particularmente en Francia, donde fue recogida por el historiador Michel Bréal, primero, y luego por el barón Pierre de Coubertain, a quien debemos la campaña que culminó con el renacimiento de los Juegos Olímpicos.

Louis Spyridon, ganador del maratón en las Olimpiadas de Atenas en 1896. Foto: Archivos COI.
Louis Spyridon, ganador del maratón en las Olimpiadas de Atenas en 1896.

Los primeros juegos modernos, en Atenas, 1896, incluyeron un maratón.

El contenido dramático de la leyenda y la desbocada ambición de correr 42 kilómetros capturaron la imaginación popular: los corredores de Estados Unidos llevaron la idea a Boston, donde al año siguiente se corrió el primer maratón de esa ciudad.

Mañana, 19 de abril, se correrá en Boston la 108ª edición del maratón más famoso de todos. La prueba de Londres sólo comenzó en 1981.

En Boston, los 20.000 competidores deben clasificarse para participar, mientras que en Londres la selección se hace por sorteo.

Publicidad

Lo que enlaza a todos estos maratones de ciudades es el comienzo de la temporada de publicidad de las fábricas de productos deportivos, en particular de calzado.

Steve Reeve hace de Filipides en la película El gigante de Maratón, de 1959.
¿Qué calzado habrá utilizado Filipides? ¿Con qué ungüentos habrá curado sus llagas? ¿Quién lo masajeaba?

En esta ocasión el presupuesto es particularmente elevado, ya que es año olímpico.

¿Qué calzado habrá utilizado Filipides? ¿Con qué ungüentos habrá curado sus llagas? ¿Quién lo masajeaba? ¿Cuál era su dieta antes de sus corridas? ¿Bebía agua o bebidas energizantes? ¿Se abstenía de sexo antes del esfuerzo?

Todo esto habrá sido muy comentado hace 2.500 años, cuando Filipides acaso fuera tan famoso como David Beckham lo es ahora. Cada época tiene lo que merece.


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